¿Quién está cuidando el queso?

¿Por qué el fiscal Martínez se burla de que no puede cambiar la constitución de Brasil para traer a los responsables, pero no dijo por qué no los cogió a tiempo?

Opina - Política

2018-11-28

¿Quién está cuidando el queso?

En Colombia pudo destaparse el escándalo de Odebrecht desde hace casi cinco años, pero no contábamos con la astucia de Martínez Neira. Alrededor del continente, este embrollo ha tumbado gobiernos y altos funcionarios, pero aquí ha pasado relativamente poco, aunque según el fiscal, somos el único país de América Latina que tiene imputados, ya que el resto de países firmaron un pacto para que no sucediera eso. ¿Y de qué nos sirve si la mayoría de políticos y empresarios aliados están libres?

Hay que empezar diciendo que Jorge Pizano era un controlador, un auditor con acceso a la información privada del negocio de La Ruta del Sol, megaproyecto adjudicado a Odebrecht, donde Pizano encontró diversas irregularidades. Y aunque hoy Martínez Neira le diga ‘amigo’, esa gran amistad lo grabó por desconfianza.

Y dijo tantas verdades que ya no está vivo, casualmente. Pero la propia Superintendencia de Industria y Comercio acusó formalmente a varios funcionarios del Grupo Aval y de Corficolombiana de ser coautores de los sobornos denunciados por Pizano, avalando su versión de que ocultaban delitos, y de que el Grupo Aval no es una víctima de esto, como se declaró.

Según manifiesta el senador Robledo, la idea era que los brasileños ponían la plata y el Grupo Aval, donde era en ese entonces asesor Martínez Neira, se encargaba de los sobornos.

Cuando se supo que el escándalo de Odebrecht venía pierna arriba, Martínez Neira termina encabezando la terna de Santos y se encuentra con la Fiscalía, donde ha hecho hasta lo imposible para tapar, pero es tanto el lodazal que se sale por las comisuras. Tanto que primero se habló tajantemente de que aquí los sobornos no eran sino once millones de dólares, y ya vamos en más de cincuenta. 

Y aunque desde el principio se le pidió al elegido fiscal que se apartara de la investigación y nombrara un fiscal ad hoc, no es hasta ahora, cuando ya las pruebas son abrumadoras, que acude a dicho mecanismo.

Martínez Neira, según denuncian las periodistas María Jimena Duzán y Cecilia Orozco, fue gran recaudador para la campaña de Santos 2014. Y ahí habría puesto platica Martorelli, el de Odebrecht —y jugó a ganar-ganar porque también le dio a Zuluaga—; pero su amistad viene de antes, ya que en la campaña de Santos presidente de 2010, cuando Uribe lo respaldaba, entró plata a su campaña también de la multinacional, según denuncia el senador Jorge Robledo, quien acusa a Odebrecht y al Grupo Aval de haber montado “este tinglado para sobornar y para corromper a Colombia”.

Cuando todo empezó a salir, dice Robledo, Martínez empezó a cubrir en la Fiscalía, mientras su hijo era abogado del Grupo Aval, el que se supone que debía vigilar; además, fue contratista de La Ruta del Sol y encima negó haber tenido tres contratos. Cosa que se demostró, porque nada queda oculto. Otra cosa es que pase algo.

Pero el fiscal está tranquilo porque tiene ese fuero que ha protegido tantas atrocidades. Y lo protegerá aún después de dejar el cargo porque seguramente en la Comisión de acusaciones de la Cámara primero declaran culpable a los defensores de la versión de Pizano que a los ​mandamases.

Hoy es la Fiscalía, la misma a la que Pizano le temía, la que tiene los computadores y material del auditor, pero el fiscal, que enumeró más de 17 mentiras, dice que los devuelve y que fue la familia la que entregó todo.

Pero que nos explique acá por qué saca información para mover la prensa a su favor; pero a la vez legaliza las pruebas incautadas después del tiempo permitido, ¿por ignorancia o más probablemente por buscar dolosamente dejar sin validez las pruebas y eliminar así cualquier rastro de su extraña muerte?

¿Por qué se burla de que no puede cambiar la Constitución de Brasil para traer a los responsables, pero no dijo por qué no los cogió a tiempo?

Cuando el fiscal Martínez dijo que Robledo de nuevo ataca a los ciudadanos de bien, ¿se refiere a cuál montaje? Porque con Robledo se puede estar en desacuerdo, pero hay que tener la cara muy dura y la vergüenza muy vendida para llamarlo ‘malandrín’ y desmentir las graves denuncias que lo han mantenido en su cargo de control. 

Es increíble que Martínez Neira se declare víctima de los citantes, cuando su participación en el Congreso, cuyo tiempo ni siquiera pudo sumarlo el presidente bachiller, deja más dudas que claridades. Pocas pruebas, demasiados adjetivos irrespetuosos.

Y dice: ​“Dios existe y ayer me hizo llegar unos audios de este año, dónde me dice que él (Pizano) no sabía de delitos. Y por tanto cómo podría yo saberlo”. Y acusa a los inquisidores en su propósito delictivo de quitarle la honra al fiscal, de no revelar el audio, que sonaba extrañamente distorsionado, del tribunal de arbitramento donde se supone que Pizano dice que no sabía de nada.

Y entre el borde de la risa y el tono de politiquero, le echa la culpa a los medios y sus noticieros de ayudar a la falacia. Lástima que Dios le haya enviado los audios tan malitos. 

En el complot del tape-tape, como lo llamó Pizano, terminó siendo el muerto el culpable, según el fiscal. Sí, el que ya no puede defenderse de las cortinas de humo. Pero que alguien nos explique por qué las grabaciones que puso el fiscal en el Congreso sonaban distorsionadas, y las de Pizano claras como el agua. Eso sí, para él los audios adulterados son otros, y se burla de las acusaciones en su contra con un tono sacramental.

¿En serio esperan que creamos que con unos audios de pésima calidad el fiscal se quita el manto de duda que dice él, se tejió vilmente? A la defensa del fiscal general Néstor Humberto Martínez y su tono de ataque solo hay que decir lo que decía mi maestro de periodismo económico: “la certeza, la verdad, es cierto tono de voz”.

Para Robledo, los colombianos queremos llegar al fondo del escándalo de Odebrecht, pero el fiscal Martínez no, porque allí se encuentra a sí mismo con sus amigos. De pronto se tropieza con la verdad y se les cae la telenovela. Pues si es tan inocente, no debería temerle a una comisión internacional.

Tristemente, siempre parece que el segundo nombre de Colombia es corrupción, y su apellido impunidad.

( 3 ) Comentarios

  1. ReplyANDREA MORALES ROMERO

    Un buen articulo para leer !!!

  2. dios permita que este escándalo de corrupción no quede impune como muchos

  3. El qué más salivas tiene más ojaldras traga

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Ian Schnaida
Periodista de la UdeA / Fundador y Director de La Oreja Roja / Estratega de Redes Sociales y Asesor de Posicionamiento Digital.