¿Qué pasaría si el coronavirus llega a Colombia?

La pandemia ha dejado hasta el momento alrededor de 2700 muertos y al menos 80 000 contagios en todo el mundo.

Opina - Política

2020-02-26

¿Qué pasaría si el coronavirus llega a Colombia?

Columnista: 

Nelson Villareal 

 

El llamado a la calma hecho por el ministro de Salud encargado Iván Darío González, en cuanto a una posible llegada del coronavirus al país, no convenció a los colombianos y, por el contrario, hoy estamos en una especie de tensa calma y desprotegidos ante lo que pueda ocurrir.

Pero, ese miedo que empieza a surgir, tiene sus raíces precisamente en las declaraciones dadas por González en la rueda de prensa donde anunció que el riesgo de la llegada del coronavirus al país se elevaba de bajo a moderado, lo cual puso a pensar a millones de colombianos respecto a qué tan preparados estamos para afrontar esta potencial pandemia.

Recordemos que el coronavirus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV). Esta última reacción sumada a un sistema inmunológico debilitado es la que puede causar la muerte, como de hecho ha ocurrido con miles de casos en China.

Lo novedoso de este nuevo foco de contagios surgidos en China es que, a diferencia de los casos anteriores, la cepa portadora del virus no había sido encontrada en seres humanos y, se sabe también, que estos virus están presentes en algunos animales, pero que la transmisión animal-humano inició no solo con la sopa de murciélago, como nos dijeron a todos, sino que el portador más común de esta pandemia es la “civeta asiática”, un mamífero carnívoro parecido a un mapache, que habita el sudeste asiático, más específicamente en Indonesia, la India y el sur de China.

«Este mamífero es sometido a tratos crueles para fabricar el café más caro del mundo conocido como “Kopi luwak” y cuyo procesamiento consiste en atrapar y mantener en cautiverio a la civeta, alimentarla con granos de café que luego de la digestión del animal son extraídos y tostados. Este café es llevado al comercio por un valor aproximado de 500 dólares la libra. La explotación se da porque hacen que el animalito coma en un mes los granos de café que comería en todo un año, hacinados en jaulas, privados de la compañía del resto de su especie, llegando a desarrollar deficiencias nutricionales y perder su pelaje, lo que los lleva a sufrir enfermedades y finalmente a su muerte».

La cruel ironía de la vida es que antes de su muerte, la civeta asiática, desarrolla el coronavirus por causa de esta sobreexplotación, dejándolo en los granos de café y contagiando a otros animales, el murciélago por ejemplo, termina contagiado al consumir las frutas cuyo gusto comparte con la civeta y, de la misma forma, a las personas que consumen la dichosa sopa de murciélago o a los adinerados que pueden pagar hasta 100 dólares por una taza de café de civeta. ¡Parece que la naturaleza encontró la forma de cobrar venganza ante los caprichos impensables del ser humano!

Lo anterior, debe llevarnos a pensar que, posiblemente, muchos jeques árabes han padecido el coronavirus sin que se haya hecho pública su situación médica y, por ello, ciudades como Dubái será una de las últimas en reportar contagios, sobre todo teniendo en cuenta que, los dromedarios del continente asiático son, junto a la civeta, una de las fuentes transmisoras del virus animal-humano, pues aun cuando no haya habido mayor difusión, el primer caso de coronavirus detectado en Arabia Saudita data del año 2012; ya en China desde 2003 se tenían casos de contagios.

Pero bueno, volvamos a nuestro país, donde la condición de no ser chinos o millonarios no nos excluye de contagiarnos con Covid-19. De hecho, luego de las declaraciones del ministro de Salud queda uno realmente preocupado, debido a que dijo que en el Aeropuerto Internacional El Dorado aumentarían los controles de migración, pero para el momento en que se escribe esta columna, no hay evidencia de que eso sea sí; por ejemplo, no hay una sola cámara térmica o sistema de medición de temperatura, que es lo más básico en estos casos, no existe un protocolo para aislar aunque sea temporalmente a los pasajeros provenientes de los países que ya han reportado contagios. Acciones básicas como la aplicación de un cuestionario medianamente coherente en el que no solo se pregunte ¿De qué país viene? Ya que, si el viajero estuvo en Yiwu, pero hizo escala en Estados Unidos, entonces dirá que viene de Estados Unidos. ¿Una estúpida apreciación? Pues fue exactamente lo que pasó con la familia de Jessica y Andrés Bautista, colombianos que al retornar de China no encontraron los controles que esperaban, ya que, al parecer, los encargados de estos “estaban almorzando” y no hubo quien les hiciera ni una revisión médica.

La medida que más repite el ministro es “debemos lavarnos las manos con frecuencia” y que si no hay filtros suficientes en el aeropuerto es porque “estos procesos toman tiempo”. ¡A veces creo que los colombianos estamos vivos de milagro!

Por si fuera poco, tenemos el caso de los 13 compatriotas junto a 3 de sus familiares extranjeros que están siendo evacuados de Wuhan y, cuyo despliegue noticioso, más parece una expedición a Marte que una misión humanitaria, alardeando de cómo el Gobierno hace lo que tiene que hacer, como si los protocolos para estas acciones no se hubieran escrito. Lo delicado de esto es que, la misión de evacuación solo se logra llevar a cabo por la presión de los medios, redes sociales y los propios colombianos en China, quienes imploraban que no solo les enviaran 4 tapabocas y los llamara un representante del Gobierno eventualmente a preguntarles cómo se sentían, que era necesario un acto de patriotismo que los sacara de tal situación. Al escuchar esta súplica, uno solo puede pensar que debe ser demasiado triste ser un colombiano en China por estos días.

Ah, pero ahora cuando se está llevando a cabo la misión, ahí sí está todo el Gobierno en medios y redes sociales, con transmisiones en vivo las 24 horas, cada ministro, cada entidad y dependencia sacando pecho por “un logro más del presidente Iván Duque”. ¡Indolentes! ¡Indolentes y cínicos!

Lo cierto es que, al regresar esos compatriotas, van a quedar más expuestos en Colombia que si se hubiesen quedado en China, ya que acá los controles fallan, la salud es precaria y la prevención no existe y, si usted se contagia, lo primero que dirá el Gobierno es que es su culpa, por no lavarse las manos mas seguido. Razón tiene el joven Néstor Julián Vélez al preferir quedarse en China, donde dice que “todo está controlado” porque ellos ya saben cómo se debe actuar, que regresar al país, donde a todas luces lo que se ve es una improvisación total. Es que a eso precisamente nos tiene ya acostumbrados el Gobierno actual, a su parsimonia, a esa lentitud para tomar decisiones, a hacernos sentir desprotegidos y a jugar con la vida de los colombianos de todas las formas posibles.

El Gobierno, en cabeza del Ministerio de Salud, debe tomar medidas de prevención inmediatas, porque es inminente la llegada del coronavirus al país, debe evitar tantas salidas en falso pretendiendo bajarle el tono a esta situación que puede salirse de control tan pronto sea diagnosticado el primer caso positivo. No se trata de una simple gripa, esas infecciones suelen cursar con fiebre y síntomas respiratorios (tos y dificultad para respirar). En los casos más graves, pueden causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renal e, incluso, la muerte.

No tomemos el coronavirus a la ligera, sobre todo cuando su letalidad que, alcanza el 4 % de los infectados, ya traspasó las fronteras, llegando a Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Irán, Rusia y otros 31 países, dejando alrededor de 2700 muertos y al menos 80 000 contagios en todo el mundo.

Pero bueno, acá por lo visto y, en medio de un Gobierno incompetente, solo nos queda encomendarnos al Sagrado Corazón de Jesús.

 

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Nelson Villarreal
Administrador Financiero. Lector Apasionado. Escritor Aficionado. Trabajador Social por convicción y soñador por vocación.