¡Que caigan!

¿Cómo logramos, sin disparar en los testículos, matar, ni nada por el estilo, que no haya más nietas violadas ni abuelitas indignadas?

Opina - Cultura

2018-01-27

¡Que caigan!

 

Tengo una nueva hija (una planta suculenta), a quien puse Ava en honor a una abuelita de 81 años que disparó en los testículos a los dos violadores de su nieta. “Por dios que no volverán a violar a nadie más”, concluyó la abuelita después de su hazaña.

¿Cómo logramos, sin disparar en los testículos, ni matar, ni nada por el estilo, que no haya más nietas violadas ni abuelitas indignadas?

Se estarán preguntando o, siendo realistas, la mayoría estarán ignorando, el por qué yo y otras mujeres, muchas afortunadamente, venimos ‘mamonas’, ‘cansonas’ con ‘ese tema del género’; algunas de hecho denunciando cada día más las agresiones psicológicas, simbólicas, económicas o físicas, de las que hemos sido víctimas. Pues déjenme molestarlos más:

Según cifras para Colombia de la Fundación Sisma Mujer:

  • En 2017, 758 mujeres fueron asesinadas y 16.000 sufrieron violencia sexual.
  • La lista de casos la encabeza el Valle con 139 homicidios, Antioquia 130, Bogotá 94 y Atlántico 38 casos.
  • Los autores de la muerte son desconocidos en 174 casos, las parejas 104, familiares 29 y conocidos 19.
  • Cada 12 minutos una mujer es violentada.
  • Lina Carabalí, egresada de la Universidad Nacional, es el último caso de feminicidio en Colombia del que tengo conocimiento a la hora de escribir este artículo. Fue asesinada el pasado viernes 19 de enero de 2018, por quien era su pareja.

Cifras aterradoras, ¿no?

Como en el caso de Lina, y de las demás mujeres que encarnan dichas cifras, el problema pasa por considerar que las mujeres, su cuerpo y su vida, son suyas, pudiendo hacer con ellas  lo que quieran, desde acercarse burdamente en la calle, hasta poseer su cuerpo y matarlas. Qué duro que sea la pareja, personas en quienes se deposita confianza, pero qué impresionante que cualquiera, por el hecho de ser hombre, sienta que tiene derecho a acceder carnalmente a una persona, por el hecho de ser mujer.

Pero en medio de todo esto, hay algo que me tiene contenta, emocionada.

Vienen pasando cosas muy interesantes a nivel mundial frente al tema de la violencia contra la mujer, y de hecho, contra las violencias en general. Algunos dirán que son simples sucesos simbólicos, que carecen de mayor importancia. Otras, pintadas de radicales, dirán que no se inicia una revolución desde Hollywood, por ejemplo, donde la campaña Me Too ha denunciado decenas de abusos por parte de directores y actores reconocidos, hacia mujeres, actrices y directoras, que han puesto en la escena mundial, en boca de muchos países, el asunto de la violencia contra la mujer. Han hecho de sus agresiones no sólo un asunto que toca a su industria, en la cual muchas veces les pagan menos, o sus papeles dependen de qué tan condescendientes son con sus jefes; sino un asunto de relevancia mundial, por lo universal del maltrato, y por el rol que se le ha dado a la mujer en el cine, que no es otro que el que se le ha dado en la sociedad: un papel secundario, de complemento, de conveniencia, de mercancía, carente de significancia. Y han inspirado a cientos de mujeres a denunciar como ellas, a nombrar a sus agresores, o a contar sus experiencias.

Ellas con su campaña, y muchas otras desde diferentes campos, han motivado también a que mujeres en Colombia denuncien. Actrices, periodistas, y mujeres en general, han denunciado abusos, poniendo en la opinión púbica un asunto oculto en las tinieblas por muchos motivos. Salió Claudia Morales a defender su derecho a callar frente a la violación de la que fue víctima por parte de uno de sus ex jefes. Valiente como las otras que los nombran, Claudia nos puso a dudar de personajes de la vida pública colombiana, ¡qué dicha! Porque además nos ejemplifica el tipo de personajes (machitos), que dirigen al país o inciden en la opinión pública.

Por su parte, Arelys Henao, cantante colombiana de música popular con 20 años de trayectoria, (¿o es que sólo habían escuchado a Jhonny Rivera?), sacó su nueva canción, adivinen sobre qué tema: sí, sí… ¡Violencia contra la mujer! La canción, ya de por sí un oasis dentro del tradicional machismo de este género musical, invita a las mujeres a denunciar y no callar frente a abusos en el hogar, y envía mensajes de fortaleza a quienes por sus hijos o por lo económico creen no ser capaces de continuar sin un hombre al lado.

Y esto no para, y déjenme decirles que no parará, no sólo por la fortaleza, la motivación y la resistencia innata, adquirida y construida de las mujeres, sino porque los violadores, acosadores, agresores de todo tipo, tampoco paran.

Jugadores de fútbol, actores, periodistas, directores, comandantes guerrilleros y militantes de la izquierda en general, representantes a la cámara, y demás, han caído en esta oleada de denuncias. También por ello hemos sido criticadas; no basta con que nos agredan, también tenemos que denunciar donde y como la opinión pública dicte. ¿Y saben qué? No señores, la violencia contra nosotras es histórica, y se manifiesta en factores políticos, económicos y muy culturales. Y dentro de este último, que es donde se cultivan las prácticas que legitiman todo tipo de violencias, es donde las mujeres estamos hoy actuando más, desde abajo, desde las vivencias cotidianas, adentrándonos con nuestras denuncias, posturas y propuestas, en ese sistema de valores violento y cerrado.

Compañeritos de izquierda: pónganse las pilas a estudiar e incluir dentro de sus propuestas y programas políticos estos temas, de una forma respetuosa y seria, no lo aplacen más diciendo que primero es la lucha de clases. Empiecen a comprender las apuestas de sus compañeras, de las muchas organizaciones de mujeres, de derechos humanos y de disidencias sexuales, a ver si avanzamos juntos de una vez. Llevemos a la práctica esos programas, y pensémonos cosas que aporten a la solución de este problema, pequeñas revoluciones cotidianas que sin duda nos llevarán a mejores realidades para las mujeres, lo que no es otra cosa que mejores realidades para todos.

Seguiremos velando por nuevos acuerdos sociales que permitan reestructurar los roles de género que han puesto por años en situación desventajosa a las mujeres, y también a las disidencias sexuales y de género. Nuevos roles en lo micro y en lo macro, que permitan trabajar hombro a hombro con los hombres, hacia nuevas políticas públicas y acciones estatales reales de garantía de nuestros derechos, generando así los cambios necesarios para vidas dignas y justas.

Seguiremos poniendo violadores al descubierto. Y ustedes, sí, ustedes: los cómplices, los punto medio, los «imparciales», también están quedando al descubierto. Y menos mal, porque son igual de peligrosos. Gracias a su silencio, su complicidad y su condescendencia, es que todo esto sigue sucediendo. 

¡Que se caiga lo que esté flojo! (Esta frase siempre me ha encantado para todo). Y si usted, o alguien conocido, o alguien que admire, o un hombre con renombre, van a caer por agresores, ¡pues que caigan! ¡Qué rico! Definitivamente el machismo está muy flojo, y como el odio, es sólo para flojitos.

 

Adenda 1: Qué pena volver a lo básico, es que lo básico aún no está resuelto.

Adenda 2: Sin paz para las mujeres, muy difícil hablar de paz para el país.

( 1 ) Comentario

  1. Informativo, reflexivo y propositivo, un texto necesario! Felicitaciones por el texto, espero que salgan muchos más.

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Milena Trujillo Loaiza
Politóloga, defensora de derechos humanos y amante de las causas difíciles. Apasionada por la Salsa Clásica. He leído tanto de política como visto encantadoras banalidades tipo Sex and The City.