Puede sonar estúpido, pero el genocidio no es la solución

El sistema no es más que gente rica que produce algo, y nos dicen que tenemos que consumir ese algo. O si no, o no seremos felices. O no seremos exitosos. O, directamente, no seremos algo.

Opina - Economía

2019-09-11

Puede sonar estúpido, pero el genocidio no es la solución

Eduardo Galeano, en su introducción al libro Las Venas Abiertas de América Latina habla de esa lucha incesante de los países ricos para que no nazcan más pobres en el mundo. Y ese argumento, que es más bien una falacia consta de la siguiente estructura:

La única forma de acabar con la pobreza y desigualdad en el mundo es evitando redistribuir la riqueza (distribuida por un aparente sistema “racional”) entre más gente. Por tanto, la solución es evitar que nazcan más personas.

Galeano decía que “al sistema le sobran personas”. Ya no hay empleo para ciertos trabajadores. Ya no hay préstamos o inversiones para cierto programas sociales. Ya no hay espacio para quienes nacieron pobres. Y esta discusión se puso muy de moda por una película (para sorpresa de nadie) gringa: Los Vengadores. Donde un tipo con claras muestras de megalomanía e ínfulas de mesías decía que tocaba matar a la mitad de los seres vivos para que la otra mitad pudiera vivir mejor. Tipo cierto expresidente colombiano: hay que matar a los guerrillos para que la gente de bien pueda vivir como se merece.

Es como dice Zizek, un filósofo de Europa Oriental: a la gente le resulta más fácil de aceptar la destrucción del mundo antes que la destrucción del capitalismo. Vea, con lo que vive un gringo promedio, es con lo que vive una familia pobre del campo colombiano. Vea, Argentina produce comida de sobra para acabar con el hambre en su propio país, y tienen entre uno y tres millones de personas sufriendo hambre. Como que el argumento de que no hay con qué alimentar a los pobres es mentira. Sí hay. Solo que al sistema de mercado le parece injusto, algo completamente infundamentado alimentar a un pobre.

Al sistema le parece una atrocidad evitar que talen árboles, porque frenan el desarrollo. Frenan la generación de riqueza. Al sistema le parece impensable cambiar las praderas para vacas en corrales chicos para pollos y dejar espacio para el bosque.

A ciertos sectores del sistema les parece impensable que algo como el Cambio Climático exista: claro, que se derritan los polos, que hayan veranos más calurosos o migraciones de animales por la destrucción de su hábitat natural es un simple costo-beneficio. Y el sistema no es más que gente rica que produce algo, y nos dicen que tenemos que consumir ese algo. O si no, o no seremos felices. O no seremos exitosos. O, directamente, no seremos algo. Esto es una maravilla. Esto lo dicen economistas como José Luis Sampedro.

Un fin de semana tuve la oportunidad de hacer un voluntariado. Fui a jugar bingo y acompañar a una de las comunas olvidadas de mi ciudad, Pereira. Mi ciudad solo tiene una universidad pública, la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP). Una universidad pensada para el desarrollo de profesionales que construyan una ciudad sostenible. Como universidad pública, tiene estipuladas ciertas ventajas para los sectores más vulnerables de la ciudad.

De gran horror y sorpresa fue ver que la mayoría de familias a las que acompañé en el voluntariado ni siquiera sabían qué era la UTP. Y los que sabían qué era, no sabían cómo podían estudiar allá. Pero habían carteles de políticos en cada casa. Carteles de Mauricio Salazar, candidato a la alcaldía; del candidato al concejo Lopera, del Partido Liberal, y muchos más, que por amor a la decencia no vi, ¿a quién el gusta ver un mentiroso? Todos esos carteles decían “estamos con usted”.

No hay que ser muy letrado en materia económica para saber que un profesional gana más que alguien que solo terminó el colegio. Si están con ellos, ¿por qué no les explican cómo se pueden educar? Les explican solo cómo votar por ellos.

Si es una universidad pública es porque es una propiedad colectiva, de todos. En otro voluntariado que fui planté, junto con un gran grupo de personas, 32 árboles en espacio público de mi ciudad. Plantar un árbol para alguien inexperto, como yo, es algo complicado. Y mientras cavábamos, encontramos botellas de plástico enterradas. Hasta en el subsuelo hay plástico. Y eso no es algo natural. Algo a lo que nos debamos someter por ley natural. Walter Benjamin, humanista judío, decía que el capitalismo y la idea de progreso han hecho que se corrompan ideas. Por ejemplo, la naturaleza: no es algo que debamos armonizar con nuestro estilo de vida, ahora es un lugar de explotación, de sacar beneficio. El trabajo: no es una acción que doma la vida salvaje y la hace más afable para el hombre, es una obligación a veces tediosa que atormenta la vida de otro, en vez de sentirse realizado. 

Como que el sistema que distribuye la riqueza, aparentemente racional, tiene contradicciones sumamente irracionales. Y pues mi objetivo no es dar una solución a estos problemas. Solo es para decir que ni el genocidio ni evitar que la gente nazca ataca el problema de fondo: nuestro sistema económico e idiosincracia. Huxley, en su novela Un Mundo Feliz, un personaje se hace la pregunta de por qué no cambiar el sistema de organización social y económico. La respuesta es que la sociedad se resentiría si se hacen esos cambios. A lo que el personaje responde: “pues que se resienta”.

Ese resentir de la sociedad, es como decir que se resentiría la producción incesante a la que estamos acostumbrados a ver. Y estamos acostumbrados a ver estas cosas, porque nuestro modelo de producción es lineal, no circular. No reutilizamos lo que hicimos con anterioridad. El iPhone 8 no se puede actualizar a un iPhone X. No sería igual de rentable, y no se produciría tanto. Pero el cambio del impacto de nuestro consumo al planeta también, podríamos decir, se resentiría: no tendríamos que evitar que la gente nazca o matarlos, como hacen algunos de nuestros dirigentes desde su cargo de poder.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carlos Mauricio Arévalo Amaya
Este soy yo. Me llamo Carlos Mauricio Arévalo Amaya, soy de Ibagué, Tolima. Pero criado en Pereira. Estudiante de Filosofía. Intento escribir artículos e historias que reflejen la realidad del país. Tengo una clara inclinación política que tiende a la izquierda. Pero trato de ser imparcial. Aunque como diría Schopenhauer: “el mundo es mi representación”, así que parte de mis ideas están en mis escrito inevitablemente.