Por amor al teatro

Después de un año de no asistir a una sala de teatro recuerdo muy bien lo que se siente aquel momento irrepetible; el que solo está ocurriendo allí, en el presente y en aquel lugar particular, donde el subconsciente y la fantasía hacen una treta para dejarse llevar en la otredad, en los objetos, personas, texturas, olores, colores, demandas, sueños, frustraciones y demás.

Narra - Cultura

2021-04-01

Por amor al teatro

Columnista:

Paola García

 

La magia del teatro ha resultado siempre provocadora, transformadora, revolucionaria y anticonvencional, las travesías para construirle han sido una interrelación entre la historia, la política, el arte y la disidencia, sus mutaciones reflejan a la sociedad en la que están inmersas, en donde todos los sectores han logrado hacer escuchar sus voces aún en las situaciones más complejas, ante realidades cambiantes como aquella que  jugó en su contra cuando de repente fue obligatorio dejar el telón estático.

Después de un año de no asistir a una sala de teatro recuerdo muy bien lo que se siente aquel momento irrepetible; el que solo está ocurriendo allí, en el presente y en aquel lugar particular, donde el subconsciente y la fantasía hacen una treta para dejarse llevar en la otredad, en los objetos, personas, texturas, olores, colores, demandas, sueños, frustraciones y demás, retrocedo en mis recuerdos, allí reviso sonrisas y miradas desconocidas que lograron impactos: risas, llantos, sorpresas, disputas, rezagos, además, rememoro los recorridos a las salas, las diferencias entre unas y otras, todo esto es una hibridación de sentimientos confusos que tuve que abandonar para estar a «salvo».

A principios de este siglo el destacado creador escénico Alberto Kurapel, en una de sus magníficas conferencias afirmó sobre el teatro del futuro que poco a poco este llegaría a ser un lenguaje en el que todos los medios de comunicación serían el cosmos, donde el actor, transgrediendo las leyes de los medios establecería un tiempo que lo impulsará a ir más allá de sí, para degollar y tragarse los circuitos de estos medios, aseguró también, que en este teatro se mezclarían idiomas, culturas y tradiciones marginadas, en el que la manifestación de represiones engendradas por lo cotidiano se adaptarían a una dimensión hasta el momento desconocida, de seguro Kurapel no alcanzó a imaginar que esta adecuación sería obligatoria y repentina a causa de una pandemia mundial.

Para uno de los sectores más afectados por la pandemia, las consecuencias resultaron devastadoras, en especial para los pequeños colectivos de diferentes territorios, sin muchos recursos, sin buenas conexiones a Internet, quienes tristemente cerraron sus puertas, ante la falta de auxilio gubernamental por tan importante función social. Aunque también reconozco la valentía de aquellos que lograron dar el salto necesario hacia las plataformas digitales; ese mismo que Kurapel preveía como transitorio, pero que les llegó de golpe, a ellos les concedo mi más profunda admiración, lograron demostrar una vez más la importancia cultural del teatro en nuestras vidas, donde confinados en casa y con todas las posibilidades entre series, películas, documentales y demás extrañamos su existencia, y decidimos adaptarnos con ellos.

Sin embargo, anhelo volver y estar allí con todas estas personas que hacen un performance real con su mascarilla y con cada protocolo que parece regirse por un guion, pero estar aunque sea distanciada y repartida entre algunas sillas libres. Porque aún hay mucho por contar, hay mucho por lo que luchar y quiero ser testigo de todo ello y estar inmersa en toda esta mágica penumbra que demanda mejores condiciones para existir y para no dejar de ser.

 

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Paola García
Comunicadora Social. Periodista en formación, con diplomado en Memoria histórica: Narrativas de la memoria, columnista de El Tamal News, actualmente adelanta investigaciones en torno al periodismo performático y mutante.