Periodismo pandémico

Se ha generado miedo y angustia en unas audiencias poco proclives y entrenadas para entender y dimensionar la lógica noticiosa que aún guía a los periodistas colombianos.

Opina - Medios

2020-04-02

Periodismo pandémico

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Resulta inevitable examinar a los medios de comunicación y al ejercicio periodístico-noticioso que vienen haciendo desde antes y, después, de la declaratoria de pandemia por parte de la OMS. Como actores políticos, engrillados a conglomerados económicos, las empresas mediáticas en Colombia incurrieron en varios errores, muchos de estos asociados a sus rutinas de producción y reproducción de información.

El primer error en el que cayeron los periodistas de los noticieros de televisión, especialmente, es el haberse plegado, sin mayor reflexión, a las fuentes oficiales, internacionales y nacionales, que entregaban los primeros reportes de contagiados y de muertos por la COVID-19. Dentro de ese craso error aparece un elemento clave: el no haber indagado sobre las preexistencias médicas de las primeras víctimas fatales en el mundo. Las condiciones de hipertensión, obesidad, problemas respiratorios por enfermedades preexistentes; pacientes inmunodeprimidos o con niveles bajos en sus defensas y otros indicadores, debieron exponerse para ubicar a los fallecidos en el contexto médico de cada una de sus historias clínicas. Ese hecho hubiese no solo mitigado el miedo generalizado que se provocó, sino que podría haber aportado a quienes con esas condiciones de morbilidad, hubiesen podido adoptar medidas de cuidado, como no salir y frecuentar lugares públicos y en general exponerse.

Ese primer error está conectado de manera directa con las rutinas de producción noticiosa. Las mismas que los periodistas son incapaces de revisar y cuestionar, porque al hacerlo, estarían cuestionándose a ellos mismos; y eso no está en los planes de los colegas. Por esa circunstancia, terminaron por “cubrir” los hechos de la COVID-19 desde o con la misma lógica con la que cubrieron las dinámicas y los hechos del conflicto armado interno: contar muertos. Y al centrarse casi exclusivamente en informar sobre el número creciente de contagiados y de fallecidos por la enfermedad (como detonantes, sus propias preexistencias), dejaron de cuestionar asuntos claves: la situación estructural del sistema público de salud en Colombia, las condicione laborales y de bioseguridad en la que trabaja el personal médico (enfermeras, personal administrativo y médicos). Y, por esa vía, ambientar la discusión sobre la necesidad de modificar o derogar la Ley 100 de 1993.

Lo anterior se ancla con el segundo error: haber privilegiado lo espectacular, lo que genera ganancias y rating, sobre lo periodístico. Al yuxtaponer el morbo y el miedo a morir, se evitaron ellos mismos hacer o construir valoraciones noticiosas soportadas en ejercicios de reportería y no exclusivamente en replicar informes de fuentes oficiales. Se aplaude que los noticieros se rodearon de expertos (médicos, epidemiólogos, entre otros especialistas), pero dejaron por fuera a otros profesionales, incluso políticos, que desde una postura crítica aportaran sugerencias y caminos institucionales, administrativos y de consecución, por ejemplo de respiradores, entre otros asuntos.

Una vez construidos los escenarios de miedo y terror, buscaron en las historias “positivas”, el camino para tratar de mitigar los errores cometidos con los que pudieron afectar psicológicamente a las audiencias a las que se les entregaba, sin mayor explicación, el creciente número de fallecidos. Y, por estos días, vemos notas de pacientes que “vencieron a la COVID-19”, apelando nuevamente a ese lenguaje heroizante usado para cubrir las acciones de los militares colombianos, en el marco del conflicto armado interno. Ni los médicos, ni las enfermeras y, mucho menos los pacientes, son Héroes. Pensar que con ese lenguaje las audiencias podrían llevar mejor la sobrecarga emocional que los periodistas les impusieron, es el tercer error en el que cae el periodismo tradicional.

La discusión no es si el hecho de que un paciente o varios se hayan recuperado sea noticia. No. Lo noticioso, para este caso y, dados los errores previos cometidos, está y estaría en función de encontrar hechos noticiables relevantes que permitan, en una doble vía, mostrar las grietas y la debilidad del sistema de salud y, por el otro, cuestionar con determinación las tardías medidas adoptadas por el presidente, en lo que corresponde por ejemplo al cierre del espacio aéreo y la posterior oposición del mismo Gobierno a las iniciativas de confinamiento tomadas por entes territoriales (alcaldías y gobernaciones), las mismas que el jefe de Estado tumbó porque asumió que su autoridad en el manejo del orden público la estarían socavando los mandatarios locales y regionales.

Hacerle el juego al débil sistema de salud público y a las decisiones tomadas por el presidente de la República, a través de Decretos con fuerza de ley, ya no es un error de la prensa colombiana. Es, simplemente, una circunstancia operativa, la misma que les impide hacer un mejor ejercicio del periodismo.

Al final, terminaron por hacer un periodismo pandémico con el que generaron miedo y angustia en unas audiencias poco proclives y entrenadas para entender y dimensionar la lógica noticiosa que aún guía a los periodistas colombianos. Sea este el momento para insistir en la urgente necesidad de que el Congreso de la República redacte una ley que dé vida a la Cátedra Crítica de Medios, que posibilite que en colegios y universidades los estudiantes aprendan técnicas y acojan criterios para entender lo que ocultan los medios masivos, el porqué de sus errores y, en general, comprender la perversa lógica que está detrás de los criterios de noticiabilidad.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.