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Paren de juzgar, ¡cobardes!

Dejaron Colombia por la falta de oportunidades y hoy critican a quien lucha por mejorar sus condiciones en el país.

Por Santiago Ocampo Naranjo - - 46498 1
Paren de juzgar, ¡cobardes!

Columnista: Santiago Ocampo Naranjo

  Paren de juzgar, pusilánimes, porque al irse y formar vida en otro lado dejando atrás al país que abandonaron por no darles lo necesario y digno y el cual tampoco fueron capaces de mejorar, ustedes perdieron el derecho a criticar y a opinar sobre lo que otros, con gallardía, desean hacer para tener, en su patria, la vida digna que muchos, afuera, gozan. La idea de irme del país siempre ha sido un pensamiento latente para mí, debo confesar que dentro de mis anhelos está el irme de mi patria, pues, al igual que los otros millones de casos de migración de colombianos en el mundo, no considero que mi nación me de las suficientes oportunidades para tener una vida plena y digna. La corrupción, la trampa, el limitado acceso a la educación y al mundo laboral; la condiciones poco dignas de trabajo bajo las cuales muchas empresas contratan, el miserable salario mínimo y la dificultad tan grande para mejorar la calidad de vida son muchos de los temas que, día a día, me ponen a pensar en mi salida al exterior. Pese a las varias justificaciones que tengo para emigrar de Colombia, hay un miedo latente y no distante a una enfermedad que, casi como una gonorrea —la ya conocida infección sexual—, podría contagiar mi cerebro, mis ideales y hasta mis sentidos: la enfermedad del innombrable y la misma que, a fin de cuentas, permite el justificar masacres y argumentar, bajo cualquier premisa, la guerra. No tengo certeza de lo que suceda al cruzar el puente aéreo o la sala de espera de vuelos internaciones de los aeropuertos colombianos, tampoco conozco si es que antes de abordar, el senador Carlos Fernando Mejía da una cátedra de rabia mientras una grabación de Paloma Valencia repite una y otra vez que no está mal dar subsidios a los ricos. Tampoco sé si Rubén Darío Acevedo lee sus tesis sobre “¿Cómo negar el conflicto armado en Colombia?” Lo que sí parece certero es que Iván Duque despide a los colombianos con una serenata —guitarra en mano y balón en pie— mientras recita su cátedra aprobada por el Centro Democrático “Argumentos imbéciles para problemas serios”. Es todo un maestro el presidente en su asignatura. Además, hay seria evidencia de que horas antes de salir, el grande, el único, el hombre que con su sola presencia le aporta muchos doctorados a quienes lo rodean, da precisamente un doctorado en “Castrochavismo” y en “Cómo ganar una discusión echándole la culpa a Santos”. Parece que al culibajito su estatura moral nunca le alcanzó para más.
No sé que suceda luego de atravesar esas puertas pero me aterra ver el fenómeno de ultraderecha que se ha tomado a muchos colombianos al salir del territorio.
Para estas personas, que de hecho, dejaron Colombia por la falta de oportunidades, por la violencia, por la difícil situación social y económica causada por los gobiernos de derecha que han gobernado nuestro territorio, Trump se les volvió un Dios, la guerra una respuesta a todo, la invasión de Estados soberanos el pan de cada día y, según ellos, todo aquel que se haya quedado en el país y luche por condiciones de vida mejor es un mamerto, un insolente, un vándalo, un delincuente, un buen muerto y un izquierdoso patrocinado por el régimen de Venezuela y Cuba. A esas personas les hago la invitación, les extiendo la mano para que regresen a su patria y vivan en carne propia, lo que viven en Bojayá, en el Catatumbo, en el sur del Valle, en el Cauca. Los reto a que vivan con un salario mínimo en una ciudad como Bogotá, Cali o Medellín; los reto a que traigan a sus hijos para la tierra que un día los vio nacer y que cuando les digan que quieren ir a una universidad tengan que pelear un cupo o endeudarse 20 años con el Icetex. A esos colombianos que viven afuera y que juzgan desde sus casas con todas la comodidades, a los mismos que gracias a la migración tienen ahora una vida más digna, a esos que ya tienen el fondo de estudios universitarios de sus hijos asegurado; los reto a que dejen todo y se vengan para Colombia a tratar de conseguir un trabajo, una vivienda digna, un buen medio de transporte. Ojo, pero no en las ciudades sino en los pueblos azotados por la violencia, por la guerra que ustedes mismos promueven desde sus sillones en Europa, Asia y Estados Unidos. Los invito y los reto a que, tal como pretenden aquí, usted encuentre un arriendo de $260.000 y se vista con $10.000. O, más bien, para que no abandone las comodidades del primer mundo, los invito y reto a vivir con 9 USD al día. Paren de juzgar, cobardes, pues aquí hay muchos luchando por el país que ustedes no fueron capaces de construir, hay muchos muertos por la violencia que ustedes, desde el exterior, defienden y extienden. Hay muchas madres que perdieron a sus hijos, los mismo que un día salieron con la ilusión de una vida digna y grata, la misma vida que ustedes hoy le pueden dar a sus descendientes. Paren de juzgar, pusilánimes, porque al irse y formar vida en otro lado dejando atrás al país que abandonaron por no darles lo necesario y digno y el cual tampoco fueron capaces de mejorar, ustedes perdieron el derecho a criticar y a opinar sobre lo que otros, con gallardía, desean hacer para tener, en su patria, la vida digna que muchos, afuera, gozan. Seguiré armando mi maleta, me vacunaré para que la enfermedad no se me contagie y me iré con la convicción de que si no luché por un país mejor estando en él, no tengo derecho a juzgar o condenar a quien, valientemente, se ha quedado para mejorarlo.   Fotografía cortesía de Viventa.


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  1. más claro no canta un gallo,para aquellos que desde la comodidad del diván en su sala,creen que los que aquí estamos protestando por tanta desigualdad,somos desagradecidos,muestras los que si lo son ,están allá lejos opinando sin conocimiento.