Nos podrán arrebatar todo, menos la capacidad de pensar, amar, soñar y rebelarnos

El futuro del país no está en manos de un mesías o de su elegido, está en manos de todos, las dificultades que hoy padecemos hacen nuestra democracia más valiosa.

Opina - Sociedad

2018-06-04

Nos podrán arrebatar todo, menos la capacidad de pensar, amar, soñar y rebelarnos

Como las que deciden son las ciudadanías por mayoría simple y no el pronóstico de las encuestas, ni el sustentado por los opinadores, tampoco el complacido de los gremios, ni mucho menos el indicado por líderes convertidos en mesías, los colombianos decidiremos en segunda vuelta la elección del presidente de Colombia para el periodo 2018-2022 el próximo 17 de junio del presente año.

Ya tuvimos una primera oportunidad el pasado 27 de mayo, intentamos cambiar el rumbo de nuestra historia, empezar a abrir caminos hacia un mejor país soñado y pensado en beneficio de todos los colombianos y no en clave de minoría opulenta, materializar cambios a través de políticas públicas centradas en el ser humano, no el interés particular de un puñado de privilegiadas familias que a través de muchos años de corrupción se han apoderado de lo público, empobreciendo generación tras generación plétoras de compatriotas que merecen una segunda oportunidad, sobre estas tierras sí queremos vivir como nación civilizada, libre, justa y en paz.

Dar este salto histórico no es fácil, romper un modelo social y político que data de casi dos centurias de vida republicana cargado de bipartidismo, sectarismo, dogmatismo, intolerancias y exclusiones, es una labor que exige mucha dedicación, perseverancia, formación desde la escuela, sembrar conciencia social, valorar acumulados históricos de conquistas sociales, contar con líderes y ciudadanías dispuestas a dar este salto, unión de las fuerzas vivas de la sociedad (Álvaro Gómez Hurtado lo llamó acuerdo sobre lo fundamental), y ruptura con fanatismos (verbigracia castrochavismo), estos últimos, caballitos de batalla para infundir miedo, temor y angustias al ciudadano de a pie que empieza a tomar autoconciencia, gracias a la cual toma conciencia de sí mismo y de su realidad inmediata, explica mejor su mundo y busca transformarlo, construyendo así un país mejor.

A mi modo de ver, la enseñanza más significativa que dejó esta primera batalla o vuelta presidencial es la toma de conciencia, de cambio, de resistencia, de exigir “no más de lo mismo” o “basta ya”, porque toda sociedad puede ejercer en cualquier instante acciones represoras como también acciones creadoras, dada la naturaleza humana mutable, por ello Heráclito enseñó que en la vida todo fluye, todo cambia y nada permanece. Lo que nos han vendido como lo único, lo permanente, lo eterno, la desesperanza, no existen como voluntad divina ni humana.

El cambio es una constante social, sin embargo, estos cambios cualitativos despiertan algunas veces miedos, son los miedos emancipatorios, es el miedo a la libertad (Erich Fromm, 1941), esto es consustancial con la naturaleza humana, tener algo de miedo frente a lo que normalmente nunca hemos tenido, procastinado vilmente por estar previsto dentro del marco constitucional (educación, salud, futuro, paz, vivienda, seguridad social, empleo digno, saneamiento básico, alimentación, economía productiva, dignidad, cultura, recreación, deporte, respeto a todas las formas de vida y la naturaleza, etc.). Es la angustia de no creer que se pueden convertir los sueños en realidades, los derechos en hechos, el deber ser en el ser, el Estado al servicio de la sociedad y no lo contrario.

Para Fromm, la instauración de los regímenes totalitarios después de la segunda década del siglo XX se debió fundamentalmente a una generación pusilánime, timorata, con profundo temor y miedo a la libertad, contrario al valor demostrado por las generaciones que le antecedieron, mismas que dieron todo, hasta su vida por defenderla.

En este mismo orden de ideas, en cierta ocasión uno de nuestros pensadores más profundos, Estanislao Zuleta, sentenció que dos cosas de las que nunca podrán disponer los regímenes autoritarios y represivos son la capacidad para pensar y la capacidad de amar, yo le agregaría dos más, la capacidad de soñar y la capacidad de rebelarnos.

Estas capacidades, pensar, amar, soñar y rebelarnos, solo pueden darse plenamente en sociedades libres, democráticas, y esto, volviendo a nuestro Zuleta genial, implica la aceptación de cierto grado de angustia, porque si usted es libre tiene que tomar postura sobre aquellos aspectos trascendentales detonantes de los problemas que agobian a la sociedad y que son sus mismos problemas, exigiendo decidir, tomar partido, ciudadanía activa, participativa, deliberante, al final de cuentas una democracia fortalecida, vigorosa, mucho más madura.

De ahí el ascenso del incorformismo social repartido entre dos tendencias políticas alternativas (Colombia Humana y Coalición Colombia), es la respuesta de las nuevas ciudadanías a un modelo oligárquico, excluyente, clasista, expropiador de sueños, garantías, oportunidades colectivas. Como reacción las fuerzas subalternan conforman bloque de poder con nuevas querencias, necesidades y expectativas sociales. Hoy más que preocuparnos la polarización, debe inquietarnos mucho las causas de la radicalización del régimen, su desgaste, su insostenibilidad, su impopularidad, porque las castas políticas se han convertido en victimarios de las desdichas de los colombianos, artífices de la inviabilidad de un modelo político, económico y social que de seguir así arriesga nuestro proyecto de nación.

Los colombianos no podemos dejar de perseguir el sueño de una Colombia mejor, justa y en paz, donde quepamos todos, donde se respeten las diferencias, el disenso, el pluralismo y donde el interés general prime sobre el particular.

El futuro del país no está en manos de un mesías o de su elegido, está en manos de todos, las dificultades que hoy padecemos hacen nuestra democracia más valiosa, “el peor de todos los sistemas diseñados por el hombre, con excepción de todos los demás” pensaba Churchill.

Sí alguien representa hoy el cambio y cuenta con las propuestas alternativas mejor concebidas y estructuradas para hacer de Colombia un mejor país, esa persona es Gustavo Petro, sin maquinarias ni mermelada, con propio partido político en pañales, vocero de los marginados, convertido en conciencia crítica de la nación, y por esto perseguido y acorralado por el establecimiento, su maquinaria es la voluntad popular, la conciencia representada en los votos de opinión y en las nuevas ciudadanías, con Petro reverdece la esperanza para Colombia, para que los días que están por llegar sean mejores que los nuestros, los que nos ha tocado vivir a las últimas generaciones.

Este 27 de mayo la rebeldía colectiva se fraccionó entre varias fuerzas y movimientos, Colombia Humana de Petro, Coalición Colombia de Fajardo, Navarro, Robledo y Mockus entre otros, y el voto de extirpe profundamente liberal en cabeza de Humberto de la Calle, este último en menor proporción. Se esperaba la unión de estas tres fuerzas ante la proyectada segunda vuelta, hoy esa posibilidad está descartada por la equivocada postura de apoyar el voto en blanco.

Digo que equivocada porque ¿Cambiamos o siquiera atajamos con el voto en blanco a los sepultureros del pueblo? ¿cómo no seguir el ejemplo de unidad de clase y conciencia de la derecha alineada en bloque alrededor del candidato del establecimiento que es el mismísimo Uribe? ¿no es el voto en blanco la manera más elegante de premiar y perpetuar las horribles noches e impedir la libertad sublime? ¿no produce estupor la caterva de vencejos oligarcas atrincherados ante el peligro del ascenso popular? ¿no es voto en blanco la opción más sofisticada de eternizar a los mismos que seguirán haciendo las mismas?

En circunstancias de profundas crisis sociales son preclaras las palabras de Desmond Tutu, “sí eres neutral en momentos de injusticias, eliges el lado del opresor”.

En la segunda batalla presidencial que se avecina este 17 de junio, debe permanecer la apuesta de cambio y transformación de Colombia, anteponer los intereses del país sobre todos los demás, sacudirnos de los egos y viejas rencillas personales, apreciar que podemos quebrar el espinazo al régimen de manera certera, potenciar la opción de poder a través de la unidad insistiendo en lo que nos une y desprendernos de lo que nos separa, entonces, solo entonces podremos convertir muchos sueños en realidad, como por ejemplo, pensar, amar y soñar en una Colombia mejor, un país de todos y para todos.

 

 

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Imagen tomada de Business Insider

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Gustavo Adolfo Carreño
Economista, Magister en Desarrollo y Cultura, Amante de la filosofía, librepensador caribeño, educador.