No tenemos mermelada, hay arequipe naranja

El Gobierno ha terminado capturado por las élites empresariales, varios de sus ministros llegaron de esos sectores para aplicar medidas, reglas e incidir en reformas legislativas.

Opina - Política

2019-12-09

No tenemos mermelada, hay arequipe naranja

Autor: Óscar Iván Muñoz

 

Desde que Iván Duque era candidato presidencial coreó hasta la saciedad que en su gobierno no iban a dar “mermelada”. Ese estribillo se viene repitiendo desde que se posesionó, pero ya no solo por él, sino también por los miembros de su bancada y por una serie de medios, periodistas y generadores de opinión que mencionan sin cesar que “en este Gobierno no dan mermelada”.

En estos quince meses del desgobierno de Duque se han entregado una serie de mensajes a los colombianos para hacer creer que el primer mandatario viene cumpliendo sus promesas de campaña, pero la realidad que se refleja hoy con la inconformidad de los ciudadanos protestando a las calles, demuestran todo lo contrario.

Es así como, para apagar un poco la fuerza con la que la ciudadanía ha reclamado de manera no violenta y pacífica, hoy se repite con más ahínco por parte del Gobierno que este no ha entregado mermelada a los congresistas.

De igual forma, dice que es por eso que no hay gobernabilidad, queriendo de esta manera pasar el Gobierno por impoluto e incorruptible, desplazando su incapacidad hacia los congresistas que no han votado favorablemente sus políticas y proyectos de ley en el Congreso.

Y aunque es evidente que no se entrega mermelada en la proporción en que se hacía en gobiernos pasados, hoy sí se entrega algún tipo de estímulo dentro de esta economía naranja, pero lo hacen selectivamente, como cuando se ofrece una untadita de arequipe a quien está antojado.

Recordemos de dónde salió el término mermelada para ser acuñado como concepto, que es equiparable en nuestro contexto a corrupción: esto ocurrió, precisamente, en el Gobierno del némesis del uribismo, el expresidente Santos.

El término en cuestión surgió a causa de un escenario en donde el señor Juan Carlos Echeverry, ministro de Hacienda en el primer periodo de ese Gobierno, usó tal término para explicar cómo se repartirían los recursos de las regalías del petróleo

La explicación debió darse porque los dineros solo se concentraban en los municipios productores, pero a estos no había llegado el desarrollo. Por lo que ese Gobierno se disponía en repartir los recursos de manera que se invirtieran en los 1.102 municipios de manera equitativa, y así alcanzara la riqueza para todos. Pero, desafortunadamente, para el exministro, los hábiles comunicadores del uribismo acuñaron el concepto como sinónimo de corrupción.

La mermelada antes fue llamada legalmente auxilios parlamentarios, y esto obedecía a que este país que estaba desconectado entre el centro y las regiones, la única forma que encontraron de llevar los recursos fue a través de los parlamentarios para que estos se invirtieran en las regiones. Era una práctica regulada por la constitución de 1886 y desarrollada con fuerza en el Gobierno de Carlos Lleras. Estos fueron proscritos en la Constitución de 1991 y luego serían revividos con el nombre de cupos indicativos, también bajo el argumento de llevar desarrollo a las regiones.

Pero al igual que muchas ideas que surgen en Colombia, estas se distorsionan y terminan desviándose por el camino del clientelismo perdiendo todo sentido y legitimidad.

Ahora bien, como ya lo mencionamos, el actual Gobierno busca dar una imagen de transparencia a la sociedad en general al decir, una y otra vez, que en este Gobierno no se da mermelada y que esta es una nueva forma de relacionarse con el Congreso para cortar esa mala práctica.

La realidad muestra lo contrario a lo que intenta mostrar el Gobierno, empezando por los cargos en puestos diplomáticos dados a apolíticos o familiares de estos que apoyaron la campaña de Duque, tal y como lo demostró el representante David Racero en una serie de twists en enero de 2019.

Pero la entrega de estos estímulos no solo se queda allí. Hábilmente, para que las leyes de iniciativa gubernamental puedan salir a la vida jurídica, el Gobierno no ha dado mermelada a diestra y siniestra para que pasen sus proyectos sino que, de manera selectiva, ha contado con el apoyo de algunos congresistas sobre los cuales han recaído dudas por un inesperado apoyo a las iniciativas del Gobierno de la economía naranja.

Así hay casos como el de las objeciones a la JEP en el que se presume la entrega de cargos a las senadoras que se salieron en el momento de la votación para descompletar los votos que estaban en contra de la objeción, donde salieron a relucir nombre como el de las senadoras Maritza Martínez, porque el principal financiador de su campaña fue nombrado como director corporativo de Cormacarena.

El mismo patrón se repitió con la votación en el congreso para el Plan Nacional de Desarrollo, donde el mismo Vargas Lleras denunció que a su partido, Cambio Radical le estaban ofreciendo puestos y burocracia para votar positivamente el PND. Poco después el partido se dividió, rompiendo así con la ley de bancada y los congresistas Luis Eduardo Díazgranados y Arturo Char, votaron a favor del Plan Nacional de Desarrollo

Las mismas denuncias públicas se presentaron al momento de debatir y discutir la recién tumbada y mal llamada Ley de Financiamiento.

La Alianza Verde manifestó su inconformidad porque las reuniones para deliberar sobre dicha ley se realizaban a puerta cerrada en el despacho del Ministerio de Hacienda, lo que llevaba a especular que allí adentro podrían estar ocurriendo cosas no tan santas.

Pero los demás partidos de oposición al Gobierno, en su momento, denunciaron públicamente que con dicha ley se estarían creando cargos públicos que serían los que estarían entregando como mermelada a quienes respaldaran la iniciativa gubernamental.

Pero el Arequipe Naranja no solo se ha entregado a algunos privilegiados como aparentemente lo demuestran las denuncias. El Gobierno ha terminado capturado por las élites empresariales, varios de sus ministros llegaron de esos sectores para aplicar medidas, reglas e incidir en reformas legislativas para que, tanto los empresariales como los industriales, reciban un paquete de exenciones tributarias, reflejadas en varias iniciativas del Gobierno y que hoy con fuerza se expresa en el eufemismo de lo que llaman Ley de Crecimiento (Reforma Tributaria).

Con esto, además, se refieren al nombre de una etapa de desarrollo infantil, donde más adelante terminarán apretando al pueblo con más impuestos y regalando beneficios fiscales a las empresas que representa este gobierno corporativo.

Es así como en la versión 2.0 de la seguridad democrática castrouribista se siguen repitiendo de forma consecutiva eufemismos, mentiras a medias para que estas se conviertan en verdad absoluta, máximas que dan una sensación de solución al público en general. Todo al mejor estilo de las estrategias de manipulación mediática y de la propaganda totalitaria del tercer Reich.

 

 

Foto cortesía de: La Fm

 

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Óscar Iván Muñoz Giraldo
Abogado - Sociólogo.