No más de aquella política

Es determinante el papel que como jóvenes estamos abordando en nuestra sociedad y el camino que deseamos emprender, porque desde allí podemos definir el futuro de nuestro país, si se hace de forma organizada y responsable. 

Opina - Política

2021-05-21

No más de aquella política

Columnista:

Santiago Becerra Tovar 

 

La política colombiana atraviesa un punto de inflexión, a raíz del contexto sociopolítico que se está viviendo en nuestro territorio, por su desgaste por los políticos tradicionales, mal llamados «viejos zorros» y un actor determinante que se está tomando las calles, que son los jóvenes. 

Pepe Mujica: «Jóvenes, hagan política, porque si no la hacen se va hacer igual y seguramente en su contra».

A mi corta edad, he evidenciado una manera de hacer política, que caracteriza a un grupo determinado de personajes, que es la politiquería y el populismo. Aquel sector, se ha desenvuelto en medio de estrategias bajas, sucias, por sobresalir ante la ciudadanía y quedar como los Robin Hood de la película (porque viven en una trama) cuando en realidad son los villanos.

Estrategias que han heredado de sus padres, tíos, abuelos; porque así se hace política en Colombia, a punta de «mermelada», beneficios burocráticos y nepotismo. Pero eso es tema para otra columna. Lo que es adecuado resaltar es, cómo estos personajes han sido una caja de resonancia de las artimañas y jugaditas que sus antecesores realizaban, y estos, en tiempos contemporáneos, hacen uso de ellas, para beneficio propio. Esa «política» en la que no se busca el bien común, sino el bien individual; donde la impunidad reina para algunos; donde se juega con la justicia; donde los beneficios burocráticos son el pan de cada día; donde quienes deberían hacer cumplir la ley son quienes la violan. Y así, a lo largo de los años han perpetuado una manera sucia de hacer «política», entorpeciendo verdaderos procesos políticos, sumergiendo al pueblo colombiano en corrupción.

Aquella política, es originaria de daños estructurales en la nación colombiana, pues ha cerrado las vías democráticas, como caminos seguros al cambio, causando una ciudadanía apolítica, desinteresada por el sistema que los gobierna, rechazando cualquier acto político «porque eso solo es más de lo mismo; corrupción». Han manchado la forma en que tenemos de debatir, argumentar, opinar y han sesgado el hacer político; lo han rodeado de cuatro paredes, pues estos personajes, crecieron con el concepto que política se hace en unos escritorios y de puertas cerradas hacia dentro «porque si nadie se entera, mucho mejor».

Y así, durante la horrible noche que no cesa, la política colombiana se ha visto permeada por apatía, desinterés, corrupción e irresponsabilidad con el pueblo al cual se representa; precisamente, esta representatividad ha generado una brecha entre la política y el ciudadano, por cuanto se ha minimizado el término a elegir y ser elegido; a salir cada cuatro años a votar por un personaje que no se tiene ni idea quién es políticamente, sino personalmente, al ser un amigo o familiar. Aquí hemos fallado como sociedad, a causa de que somos seres políticos por naturaleza, nuestra sociedad está organizada políticamente y es inadmisible concebirse fuera del Estado. Por otro lado, esta forma de organizarnos ha llevado a que convivamos con otros grupos, más allá de la familia, en un espacio de coexistencia que, a su vez, como seres racionales, se generan diferencias, fricciones y conflictos de interés, que ha llevado a la creación del Estado, como ente regulador, ante las dificultades. Es allí, donde la participación de las personas entra en juego, por el simple hecho de ser ciudadanos y vivir en una sociedad, por esta forma de organizarnos, que precisamente requiere de la intervención del hombre para su creación y progreso.

Exactamente, por nuestra falta de organización, el país ha quedado en manos de unos pocos, que no piensan en muchos. 

A su vez, en el marco del paro nacional que se está llevando a cabo, el actor determinante de estos espacios han sido los jóvenes, que han salido a las calles, rechazando, entre otras cosas, los políticos tradicionales que han acaparado los espacios de participación, burlándose del Estado de derecho, porque en realidad este no ha sido impedimento ni es mucho menos una camisa de fuerza, para detener a estos personajes. Es por ello determinante el papel que como jóvenes estamos abordando en nuestra sociedad y el camino que deseamos emprender, en virtud que desde allí podamos definir el futuro de nuestro país, si se hace de forma organizada y responsable. 

Pero el futuro es hoy, pues es el presente el que debemos cambiar; no podemos seguir postergando la muerte anunciada de una clase política aferrada a sus ideas conservadoras, clasistas y fascistas. Debemos ser contundentes, apropiándonos de espacios políticos contaminados por la politiquería y no ser indiferentes ante la situación, debido a que la tolerancia no tiene cabida aquí. Más aún, tenemos el deber de culturizar la política y poder canalizar en movimientos sociales el pensamiento de una juventud despatriarcalizada, abolista de cualquier idea retrógrada, deconstruyente de la estructura vertical que presentan actualmente los partidos. A su vez, debemos repensarnos el concepto de política, porque este ha sido limitado tanto en sus espacios, como en su participación; es por ello por lo que se debe pensar en el hacer político desde las comunidades, desde los barrios, desde las mismas personas, sin ningún interés individual, nada más que colectivo. De ahí que los espacios generan participación, ya que diferentes voces podrán tener una mayor resonancia y el país se podrá construir en colectivo y no en las garras de algunos pocos. 

Fin del comunicado. 

 

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Santiago Becerra Tovar
Estudiante de comunicación social y periodismo de la Universidad Surcolombiana. Emprendiendo el camino del periodismo; expresando la sensación de inconformidad para una sociedad arraigada en el conformismo.