MON SALVE LA VIDA

Puede ser que un sector del país prefiera la guerra, lo triste es que ese sector no pone los muertos, y puede ser esa justamente la razón por la cual se siente cómodo con la muerte y el desplazamiento forzado.

Opina - Conflicto

2020-07-16

MON SALVE LA VIDA

Columnista:

Alicia Sarmiento

 

Amor, compasión, solidaridad, justicia, perdón y equidad parecen ser palabras poderosas para insertar en discursos populistas, aunque aquellas personas que las pronuncian no entiendan siquiera el significado y alcance de las mismas.

Colombia es un país regado con la sangre de cientos de miles de víctimas del conflicto, del odio y la sed de venganza, pareciera que solo quienes han sufrido en carne propia el rigor de la muerte, del desplazamiento forzado y por tanto, de la injusticia, han aprendido algo sobre estos sentimientos y valores.

 MON SALVE LA VIDA, un juego de palabras que articulan el apellido del Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve, con su apostalado en defensa de la vida, el cual le ha valido múltiples ataques desde ese sector que se niega a avanzar en dirección de la paz y que prefiere seguir regando el país con la sangre de inocentes. Los ataques generaron también una avalancha de voces en respaldo a la gestión del alto prelado que no hace cosa distinta que ser coherente con su iglesia, la que supuestamente representa, y digo supuestamente porque si defender la vida no es un imperativo moral, religioso y espiritual, entonces no sé de qué estamos hablando y no sabría qué tipo de iglesia sería la católica.

Bien sabido es que las cruzadas cristianas fueron guerras de odio contra todo aquel que no besara la cruz, nada más antidemocrático que obligar a alguien a creer en lo que no quiere o no puede creer. Quieren los defensores de la guerra que quienes nos oponemos a la guerra besemos su cruz aunque vaya contra nuestros principios, quieren que Monsalve bese su cruz aunque él en esencia sea un apóstol de la paz.

Más allá de los credos religiosos o la sotana de Monseñor, lo cierto es que el Arzobispo de Cali rechaza el asesinato sistemático del que están siendo víctimas líderes sociales y desmovilizados de las FARC, hoy desarmados e indefensos la mayoría de ellos, al tiempo que reclama el derecho que tenemos los hombres y mujeres de esta país a vivir en paz, reclamándole al Gobierno del presidente Iván Duque, el cumplimiento del acuerdo pactado por el anterior Gobierno con las FARC.

Puede ser que un sector del país prefiera la guerra, lo triste es que ese sector no pone los muertos, y puede ser esa justamente la razón por la cual se siente cómodo con la muerte y el desplazamiento forzado, porque las víctimas no le pertenecen, no son sus hijos, esposos o esposas, tampoco sus madres o padres.

Jesús, para quienes se proclaman cristianos, ha sido señalado también como guerrillero y entonces vale la pena detenerse en el significado de la palabra.

Un guerrillero es un subversivo y un subversivo busca subvertir el orden existente. Jesús llegó a subvertir el mundo hace un poco más de 2 mil años reduciendo las escrituras a una palabra poderosa: amor incondicional, amar a los demás como a sí mismos, amar al prójimo como ÉL nos amó, pero aquí siempre estamos encontrando justificaciones para no amar y lo que es peor, para no compadecernos del otro. No importa quién es el otro, aunque hubiera sido tu enemigo si te necesita solo deberás sentir compasión por él, eso es lo verdaderamente cristiano.

Nos acostumbramos a bailar sobre las tumbas de los muertos que no nos resultan queridos, los odiamos por la etiqueta que llevaron en vida: guerrillero, paramilitar, defensor de derechos humanos, defensor de tierras, defensor de los recursos naturales. El amor incondicional es ese que nos dice “has el bien y no mires a quien”, hacer el bien por el necesitado, el hambriento, el destechado, el desposeído, el desempleado, la persona en situación de calle, el indefenso, el débil, el inocente, el desarmado. ¿Hay acaso algo de malo en ello?

Bueno, hay un sector del país para el que esto es sinónimo de izquierda “petroñera”, mamertería insultante. Debo traer a colación a Carlos Gaviria Díaz, cuando el entonces presidente y candidato a la reelección lo acusaba de ser un “comunista disfrazado”, Carlos Gaviria se igualó con un dirigente indígena que había señalado que si defender la tierra y a la gente era ser de izquierda, entonces él también lo era. Carlos Gaviria no fue otra cosa que un libre pensador, profesor universitario y un excelente e inolvidable magistrado de la Corte Constitucional. Bueno, si Monseñor Darío de Jesús Monsalve es un guerrillero disfrazado de sotana, yo seré también una guerrillera disfrazada de periodista.

No puede ser que el amor por los demás quiera distorsionarse de la manera que lo hace la extrema derecha de este país, Jesús murió en la cruz y rodeado apenas de sus más allegados, en Cali y el Pacífico colombiano muchas organizaciones sociales, ONG y personas como yo, de manera independiente, respaldamos al Arzobispo, rechazamos las solicitudes de traslado promovidas por congresistas y periodistas dignos exponentes de esa derecha recalcitrante incapaz de respetar la diferencia de pensamiento. ¿Qué tal si les pedimos a ellos que mejor besen nuestra cruz? la cruz de la defensa de la vida. ¡MON SALVE LA VIDA!

 

( 1 ) Comentario

  1. Gran ejemplo de coraje y de verdadera misión pastoral que deben cumplir los miembros apostólicos católicos, sí verdaderamente profesan el legado de JESUCRISTO, el cual es ponerse del lado de los más necesitados. Los jerarcas de la iglesia también son responsables de la debacle nacional, pues la mayoría están del lado de la secta política del CD: Centro Delinquir y del autoprclamado mesías granparacolombiano alvarasco uribesia vellaco narco#82, elverdadero culpable de llevarnos al desvanrracadero sino abrimos los ojos frente a los desmanes de poder de estas lacras sociales.

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Alicia Sarmiento
Periodista, abogada de la Universidad Santiago de Cali y libre pensadora.