Más impuestos y menos consumo = recesión económica

Si el consumo se contrae de cuenta del alza de impuestos, hasta los economistas neoliberales saben que el país entraría en recesión económica.

Opina - Política

2018-08-23

Más impuestos y menos consumo = recesión económica

“Solo la muerte y los impuestos no tienen remedio”
Benjamín Franklin

Es el tema de los impuestos un tema asaz difícil. Porque además de árido y pesado, es preciso abordarlo con pinzas.
Los impuestos son la fuente por excelencia de financiación del Estado. No se puede concebir una sociedad moderna sin impuestos. Como dice una sugestiva propaganda del fisco español: “Hacienda somos todos” y a fe que lo somos.

Sin embargo, existen dos formas antagónicas de concebir el tema de los impuestos, y en muy directa relación con la manera como se concibe el modelo de Estado:

De un lado está la perspectiva que imagina al Estado como un simple garante de las libertades y de la seguridad de los asociados.

Según esta idea, la entelequia estatal solo se justifica en la medida en que, gracias a su acción, los particulares se sienten tranquilos para invertir su dinero en la producción, con miras a obtener de tal inversión unos réditos, lo más abultados posibles.

Para esta gente el Estado es solo un gendarme, que vigila la plaza con el objeto de asegurarles que su inversión sea lo más rentable posible y que no tengan trastornos, ni amenazas de ninguna índole.

Para ellos el Estado no tiene por qué cobrar impuesto alguno a la laboriosidad empresarial. Por el contrario, debe estimularla, generando una serie de mecanismos de exención y ablandamiento de las condiciones económicas. No importa si la disculpa para ello radica en la promesa de generar más riqueza, o de multiplicar las fuentes de empleo.

Lo importante es que los dueños del capital, los patrones de la tierra, de las industrias, los propietarios de la banca, los capitanes de los grandes almacenes de comercio, no tengan que contribuir al sostenimiento del Estado que los protege. Ya para ello está la clase media y la clase trabajadora, que con sus rentas laborales, imposibles de esconder o de evadir, darán buena cuenta de las necesidades estatales.

Es decir, para esta corriente, el Estado debe recargar el sostenimiento y manutención de la economía en los hombros de las clases medias y trabajadoras. Y solo una proporción exigua debe asentarse en la clase de los productores, de los banqueros y de los comerciantes, para que puedan generar más empleo.

Por eso recurren a lo que los expertos denominan impuestos regresivos, o impuestos indirectos. El infame IVA, el impuesto a las ventas, el impuesto al valor agregado, el impuesto al consumo. Que son tributos evidentemente igualitarios. Claro. Todos, por igual pagamos el IVA. Sin embargo, no es lo mismo que el señor Luis Carlos Sarmiento Angulo, con todos sus millones, pague el IVA por una taza de café y una empanada, a que lo pague el portero de uno de sus bancos. Como quiera que los ingresos de uno y otro sean astronómicamente diferentes.

Obviamente, no pretendo que ellos, ni el señor Sarmiento, ni el celador del banco, entiendan esta situación. Ambos están obnubilados por el velo de la ideología que torna ciegos a los seres humanos.

En esta perspectiva el Estado no presta servicios de ninguna índole. El individuo huérfano tiene que atender a sus necesidades de salud, de educación, de vivienda. El Estado no es una entidad al servicio de la comunidad, sino en cuanto ella requiera libertad y seguridad.

Pero hay otra forma de concebir los impuestos

Se trata de aquella que, alguna vez en una entrevista atrevida y desobligante, planteó el maestro Darío Echandía, cuando explicó que los impuestos debían tener una función socializante. “Para agarrar la propiedad”, según le dijo el socrático maestro de Chaparral a los “Cinco reporteros y el personaje de la semana”.

En efecto. Podemos concebir los impuestos en favor de los ricos, de los dueños, de los capitalistas. Y entonces, los impuestos se evaporan, pues a ellos lo que les interesa es que no les cobren.

O podemos pensar en una forma de Estado en la cual la riqueza se reparte de manera pacífica, legal, racional, mediante la aplicación de unos impuestos redistributivos de la propiedad. Como se usa en los países del socialismo democrático, Suecia, Noruega, Dinamarca y tal como los planteó el presidente Alfonso López Pumarejo en 1936, copiando la idea del New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt.

Si pensamos en una tributación social y popular, es necesario plantear un incremento del impuesto al patrimonio y a las empresas productivas. ¿Por qué? Por la razón elemental de que son ellos quienes tienen con qué pagar.

¿Se desestimula el empleo, se desanima la inversión? En manera alguna. Durante los años treintas Colombia fue el país que mejores niveles de crecimiento tuvo en el concierto latinoamericano y era el que mayor índice de tributación directa al patrimonio y al capital registraba.

En cambio, si se grava las rentas de los trabajadores. Si se privilegia los impuestos regresivos y se incrementa la tributación indirecta, el obrero, el empleado, el profesional de clase media no tendrá recursos para consumir. Y si el consumo se contrae, lo saben muy bien hasta los economistas neoliberales, la economía entra en recesión.

El gobierno del presidente Duque está planteando, por boca de su flamante ministro de Hacienda, una idea que es, a todas luces, pavorosa para las clases populares: “la economía debe ser financiada en el 85% por la clase media y el 15 % por la clase poseedora”. Tal vez esas no sean sus palabras textuales, pero sí la idea.

Lo que el señor ministro de Hacienda pretende es que la clase media redima a la clase paupérrima de la sociedad, mientras la clase alta, igual que Nerón frente a las llamas que consumían la ciudad de Roma, pulsa la lira.

Muy grave. Porque los que saben de economía han predicado que el limón no se puede exprimir tanto pues amarga. Y la historia colombiana está plagada de levantamientos antifiscales, empezando por la insurrección de Los Comuneros.

El señor presidente Duque, si es verdad que es él quien gobierna, debería tomar las riendas del Estado y modificar la orientación tributaria que está planteando el alfil del Neoliberalismo. Porque de lo contrario arriesga a erosionar su credibilidad y su legitimidad de manera temprana. Y cuatro años son un plazo muy largo.

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Los impuestos deben aumentar en la medida en que el estado deje de producir sus propias rentas. Parece anacronico, pero siempre fue asi. Ademas que las empresas comerciales del estado servian para regular el mercado. Igual para que los salarios de los trabajadores no fueran tan pauperrimos, hacian que las relaciones laborales fueran mas justas. Pero cuando la voracidad politiquera se apodero de estas empresas y las vendio a cambio de un pequeño pellizco a las trasnacionales, los mismos legisladores y administradores de la cosa publica reformaron las leyes tributarias favoreciendo a los compradores, devolviendoles la inversion en impuestos, que pagamos todos los colombianos. Hoy lo poco que queda no es rentable aun, por lo tanto se coaligan con los grandes capitales para que con ley en mano nos atraquen.

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Armando López Upegui
Historiador, Abogado, Docente universitario y Maestro en Ciencia política.