Mano firme, bofetón grande

El golpe del troglodita solo es otra consecuencia del odio y la intolerancia que el Matarife ha contagiado a sus seguidores durante décadas, un virus peor que la COVID y más difícil de erradicar.

Opina - Sociedad

2020-08-24

Mano firme, bofetón grande

Columnista:

Óscar Perdomo Gamboa

 

Seguramente vieron en internet que un hombre o algo parecido a un hombre, pues su volumen, como su comportamiento, era bestial, golpeó a una mujer que grababa la caravana por la liberación del preso #1087985. Es una nueva muestra de la violencia uribista de mano firme y corazón grande; en este caso, el corazón es tan grande que no le cabe al patán en su cuerpo elefantiásico. En el Centro Democrático aman la agresividad, recuerden que una de las frases más célebres de su encarcelado líder es “le voy a dar en la cara, marica”.

Esa verbal muestra de intolerancia es como un mantra para el uribismo, darle en la cara a todos los que se les antoje, empezando por las mujeres. Por ejemplo, Gustavo Rugeles, reconocido neonazi, ha golpeado repetidamente a su novia y ha sido enjuiciado por violencia intrafamiliar. Un verdadero macho uribista. Y esa belicosidad se hereda. El hijo de María Fernanda Cabal atacó a un compañero de colegio en el Hotel Tequendama, a su víctima le dieron 35 días de incapacidad; pero esa agresión a puñetazos no es nada comparada con la del hijo de María Isabel Rueda, quien apuñaló repetidamente al celador de su edificio y le dejó el rostro paralizado de manera permanente. Eso es el uribismo: mano fuerte, agresión grande.

No me extrañaría que la señora de Gnecco, Julio Sánchez Cristo o algún otro periodista de la nómina le haga una entrevista al atarván para que justifique su bofetón, así como han justificado las recientes masacres de jóvenes diciendo que no respetaban las normas de bioseguridad, tenían presuntos nexos con bandas criminales o, simplemente, eran pobres.

De hecho, al bárbaro ya le dieron minutos en televisión nacional, donde ofreció disculpas y aclaró que él mismo se presentó ante las autoridades. Pero no crean que fue por miedo a la ley, ya que estaba identificado y el alcalde de Medellín había encargado a la policía que lo ubicara, no, nunca. Los uribistas son frenteros como su presidiario, digo, presidente, que brama su inocencia, pero busca evadir a la Corte Suprema y prefiere que lo juzgue el fiscal Barbosa desde San Andrés, Cartagena o cualquier otro destino turístico.

En el Centro Democrático son agresivos, pero románticos. De hecho, algunas de sus amenazas más burdas pueden volverse eróticas si se cambia el contexto. Imaginen una luna de miel con estas excitantes frases: “te quitas esa camiseta o te pelo”, “cuídame los tres huevitos”, “te voy a hacer trizas ese… acuerdo”. Tanta ternura no se encuentra en cualquier taller de mecánica. Quizá así conquistan a reinas de belleza que pasan de traqueto en traqueto y arman fiestas para celebrar presidencias con votos comprados. A lo mejor les dedican canciones de los grandes artistas del uribismo, Jessi Uribe y Maluma, cuyas letras rebajan a la mujer a un objeto de placer sin inteligencia ni sentimientos; otra forma de justificar y perpetuar la violencia hacia ellas.

El golpe del troglodita solo es otra consecuencia del odio y la intolerancia que el Matarife ha contagiado a sus seguidores durante décadas, un virus peor que la COVID y más difícil de erradicar. Parece que el uribismo solo quiere a la mujer en las caravanas de narcocamionetas pasándole la pistola a su macho, no marchando por sus derechos o contra los feminicidios. De lo contrario, les dan en la cara, maricas, digo, mujeres. A las colombianas, el Centro Democrático les ofrece Mano Firme y Bofetón Grande.

 

( 1 ) Comentario

  1. con el odio clasista que profesa la izquierda tratas de insinuar que es obra de Uribe, pero bueno es poder decir que la izquierda no da puños sino maltrato, reclutamiento forazado, violaciones a mujeres y niños, abortos forzados, y para rematar asesinaron a los niños y niñas que habian reclutado porque necesitaban negar que tenian menores en sus fila

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Óscar Perdomo Gamboa
Profesor universitario y doctor en humanidades. Escritor de novelas como “Allá en la Guajira arriba”, “Hacia la Aurora” y “De cómo perdió sus vidas el gato”; así como los libros sobre caricatura “Afrografías, representaciones gráficas y caricaturescas de los afrocolombianos” y “Mil caricaturas afro en la historia de Colombia”.