Lo que sigue tras el #21N

Lo acontecido en la Colombia urbana este 21 de noviembre recoge el malestar social que varios sectores sociales vienen acumulando desde 1991. Fastidio y tedio que por muchos años fue obnubilado por las acciones bélicas dadas en el marco del conflicto armado interno.

Opina - Sociedad

2019-11-22

Lo que sigue tras el #21N

Autor: Germán Ayala Osorio

 

Pasadas las multitudinarias y pacíficas marchas en ciudades capitales como Bogotá, Cali y Medellín y en otras urbes de mediano tamaño, son varios los mensajes que estas dejaron para el Gobierno de Iván Duque, para el llamado “uribismo”, los medios masivos y el Establecimiento.

Las movilizaciones del 21 de noviembre confirmaron el enorme malestar social que se viene acumulando en este largo proceso de entronización del modelo neoliberal. Y por esa vía, el mensaje dejado al “paquetazo” pensional y laboral que viene preparando el Gobierno, con el concurso del Centro Democrático (CD), es de un contundente rechazo.

Es decir, más allá de si Duque respeta la mesa de concertación laboral y pensional, lo del viernes fue un plebiscito a esas medidas que terminarán por pauperizar la vida de millones de trabajadores, en particular la de los jóvenes que están entrando y entrarán en lo sucesivo al mercado laboral. Y ante las profusas manifestaciones, ese plebiscito el Gobierno lo perdió.

 

Fotografías cortesía de @davidrobertv

Queda en manos del Gobierno y del uribismo atender ese mensaje y darle un giro al sentido original que trae ese paquetazo laboral y pensional. El caso de Chile debería de servir de ejemplo al equipo de neoliberales que rodea al presidente Duque, en la urgente necesidad de revisar el modelo económico.

Si el Gobierno de Duque y el uribismo no recogen ese mensaje de las concentraciones y el de las marchas es probable que en el 2022 sufran una peor derrota que la que ya sufrieron el 27 de octubre en las elecciones regionales.

Claro que, para ello, se requerirá que los millones de ciudadanos que marcharon ese jueves 21 de noviembre, asuman posturas coherentes y no voten por quienes están comprometidos, ciegamente, en el cumplimiento de las recetas impuestas por el FMI y la propia OCDE. En términos más claros: no pueden volver a votar por el que diga Uribe.

Sin duda alguna, lo acontecido en la Colombia urbana este 21 de noviembre recoge el malestar social que varios sectores sociales vienen acumulando desde 1991. Fastidio y tedio que por muchos años fue obnubilado por las acciones bélicas dadas en el marco del conflicto armado interno.

Al dejar de existir las Farc-Ep como la guerrilla más grande del país, millones de ciudadanos empezaron a ver que los reales problemas de Colombia están asociados a un modelo económico y político que solo le sirve a unos pocos y que, de contera, se sostiene por las prácticas corruptas (ethos mafioso) de una clase política y dirigente sucia, sorda y criminal.

Las copiosas manifestaciones de este histórico jueves 21 de noviembre hacen parte de lo que se había previsto que sucedería después de la firma del Acuerdo de Paz al que se llegó entre el Estado y la señalada guerrilla, durante el Gobierno de Santos Calderón (2010-2018).

 

Los mensajes del #21N

En varias de las marchas registradas se escuchó el “canto celestial” o estribillo “Uribe, Paraco, el pueblo está verraco”. Esta consigna o proclama tiene un enorme significado. Y ella misma constituye un mensaje para el Presidente Duque. Casi que una recomendación: tome distancia de Uribe. Es decir, recomponga el camino.

Millones de colombianos ya hicieron conciencia del enorme daño (político, social, ambiental, económico y cultural) que produjo Uribe durante 8 años del Todo Vale y del que aún hace, al mantener intacto su poder político y de intimidación en varios sectores de la sociedad.

 

Fotografías cortesía de @davidrobertv

Aunque no reconozco en el presidente Duque el talante y el carácter que le permita romper relaciones con el expresidente Uribe y con todo lo que este representa al interior del CD, es posible que el Jefe de Estado esté esperando una decisión de la Corte Suprema de Justicia, alto tribunal que ya vinculó al hijo de Salgar a un proceso por manipulación de testigos y fraude procesal en casos que tienen que ver con sus presuntas relaciones con grupos paramilitares.

El 21N también dejó un mensaje claro y contundente a la prensa y a los periodistas afectos al Régimen de Duque: las audiencias les dejaron de creer. Cientos de miles de colombianos se vienen informando a través de las redes sociales y de otras fuentes.

En particular, los jóvenes universitarios comprendieron que la gran prensa colombiana engaña y que sus periodistas más representativos, vienen cumpliendo la tarea de estafetas y mandaderos del gobierno de Duque. Poco a poco se irán quedando sin audiencias. Ya pocos consumen su oferta cultural. De la misma manera como hay un evidente cansancio de las audiencias por las narco novelas y los reality show, esas mismas audiencias expresan su agotamiento ante una oferta televisiva insulsa y frívola.

Y por el último, para el Establecimiento también hay un mensaje contundente: se están demandando ajustes ético-políticos en los agentes de poder económico, empresarial, social y militar. De no hacerlos, empresarios, banqueros, militares y élites de poder tradicional llevarán sobre sus hombros el peso de la responsabilidad de haber aportado a la destrucción del país y a la generación de condiciones de anomia social.

Entregado el mensaje, ahora falta que lo descifren, sea procesado y que los sectores aquí nombrados, entiendan que se requieren ajustes estructurales en las formas como vienen operando y aportando a la consolidación de un régimen de poder, espejo de las élites que lo sostienen: sucio, criminal, ilegítimo, corrupto, intransigente, sordo  y ciego.

 

Adenda

Las alocuciones presidenciales producidas antes y después de las Marchas, dejan ver a un presidente asustado, nervioso y sin saber qué hacer. Además, insiste en hablar como candidato y por esa vía, genera poca credibilidad.

 

Fotografías cortesía de @davidrobertv

 

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.