Lo que los uribistas deberían aprender de la constituyente chilena

El pasado 25 de octubre, los ciudadanos chilenos votaron en un plebiscito a favor de una nueva Constitución que sin duda alguna cambiará las dinámicas sociopolíticas del país, y por qué no, de la región.

Opina - Política

2020-10-29

Lo que los uribistas deberían aprender de la constituyente chilena

Columnista:

Julián Escobar

 

Chile está de fiesta, una fiesta democrática que el pueblo de este país había anhelado desde el fatídico golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Oscuro episodio de nuestra América en la que el dictador, Augusto Pinochet, tomaba las riendas del país austral bajo la lógica de la muerte y la aniquilación de un proyecto democrático verdadero.

Hoy por hoy, Chile viene celebrando que aquella Constitución impuesta desde el 8 de agosto de 1980 por la dictadura genocida y militar de Augusto Pinochet, por fin llegó a su final. Entonces, ¿qué deberíamos aprender nosotros los colombianos de este gran acontecimiento, ¿específicamente el uribismo que tiene en el tintero una aparente constituyente?

El pasado 25 de octubre, los ciudadanos chilenos votaron en un plebiscito a favor de una nueva Constitución que sin duda alguna cambiará las dinámicas sociopolíticas del país, y por qué no, de la región. Aunque sea difícil de entender, Chile ha adoptado por seguir los caminos democráticos que se trazaron en nuestro país a partir de la Constitución de 1991 con algunas novedades que presentan un hito a nivel global.

Lo que los uribistas por ejemplo deberían aprender de esta constituyente, es que esta nueva constitución será redactada de forma paritaria; es decir, los hombres y las mujeres tendrán el mismo espacio de debate sobre lo que deberá ir inmerso en la constitución en materia de derechos ciudadanos e igualdad de género. Mientras tanto, el uribismo propone una constitución que no piensa ni en los derechos humanos y mucho menos en los derechos de la mujer, porque son asimilados por este partido, como un componente ideológico comunista. Solo cabe recordar la mentira que lanzó el Centro Democrático en el plebiscito sobre los derechos de la mujer que venían implícitos en el acuerdo de paz con las Farc. Una falacia que les costó caro a las propias mujeres uribistas por no leer completamente los acuerdos.

En segunda medida, la constituyente propone una cuota para los pueblos indígenas, en la que las comunidades originarias de este continente puedan tener voz y voto sobre los proyectos económicos que impactan sus territorios. Esto, permitirá la articulación de un modelo político que respeta las bases populares a partir de sus derechos y no de sus necesidades. Aspecto contrario, que viene negando la hipotética constituyente del uribismo cuando observamos los xenófobos, racistas y clasistas comentarios de María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, quienes arremeten constantemente en contra de las minorías étnicas del país, señalando de igual forma como lo hizo recientemente la senadora Paola Holguín del Centro Democrático, al inferir que la comunidad indígena se está apropiando de manera desmesurada de terrenos baldíos en Colombia. Otra falacia que choca con la idea de una constituyente.

Por otro lado, el aspecto clave de la constituyente chilena y que le produce pánico al exconvicto Álvaro Uribe Vélez por su tendencia autoritaria y fascista es la independencia de poderes. La nueva constituyente chilena aboga por una garantía de poderes desde el Estado para el pueblo; es decir, lo que se pondrá en el centro de la mesa constitutiva, será los derechos ciudadanos y ambientales que se relacionan con la profunda crisis del sistema de pensión y de salud que hoy es un problema que aqueja a la ciudadanía chilena, lo que obligará a las grandes oligarquías del país a devolver los recursos al pueblo, ya que la vieja constituyente de Pinochet abogaba por los derechos de la banca y la empresa privada por encima de los derechos ciudadanos y del propio Estado.

Así mismo, la dependencia que aboga la nueva constituyente en Chile es parecida a la de Colombia del 91 en materia de justicia. Ahora, los chilenos tienen la oportunidad de defender seriamente un órgano autónomo jurídicamente hablando de la cual parta la ley y el orden en la sociedad civil; de manera parcial y objetiva. Aspecto que en el contexto colombiano, nunca pasaría por la cabeza de un uribista constituyente, ya que por el contrario, el Centro Democrático pretende acabar con las altas Cortes del país y en su defecto, la división de poderes y las garantías democráticas por donde se vea.

En suma, la Constitución que empezara a producirse en mayo del próximo año en Chile es una manifestación del inconformismo ciudadano ante el proyecto neoliberal que inició en este país a comienzos de los años 80, donde el dictador Pinochet fue asesorado por políticos de la Casa Blanca y la escuela de los chicago boys, economistas que aprovecharon la dictadura militar de Pinochet para instalar a nivel global el modelo neoliberal como experimento social.

Esta Constitución, pretende, en última instancia, rebatarle el poder a la empresa privada y hacer del Estado la mayor empresa ciudadana. Recordemos que el gran pacto nacional que llevó a la ciudadanía a votar por la nueva constituyente nació precisamente del incremento del precio de los pasajes del metro en Santiago de Chile, porque simple y llanamente, el pueblo no se aguantó tantos reajustes económicos que lo único que producían era pobreza y desigualdad social. Aspecto que nunca tendrá en cuenta el uribismo en su aparente proyecto constitutivo, ya que este partido defiende a capa y espada el proyecto neoliberal, o ¿no es lo que se está pensando el sablista ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien nos ha impuesto despóticamente una reforma tributaria? ahorcando el bolsillo de los colombianos y beneficiando la banca privada (sobre todo la de Sarmiento Angulo).

Finalmente, la constituyente debe interpelar al uribismo en la siguiente cuestión. Lo que históricamente denotó el plebiscito que apeló por otra Constitución fue precisamente crear una, en la que todos, sin importar inclusive su tendencia derechista en la política, pudieran participar. Borrando de raíz una Constitución que nació desde una persona (Pinochet) y que por lo tanto, es una carta en blanco porque no se tuvo en cuenta la decisión del pueblo desde la década de los ochenta. No fue fielmente democrática y constituyente. Fuerte parecido con lo que propone nuestro Pinochet colombiano, Álvaro Uribe Vélez, a quien solo le cabe en su cabeza y en su sombrero aguadeño, una Constitución sin división de poderes, machista, clasista y totalitaria. Una constitución caudillista que solo se piensa desde el beneficio del jefe de partido de este pésimo gobierno.

Uribistas… aprendan de otras sociedades, es posible pensar radicalmente un modelo democrático y alternativo.

 

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Julián Escobar
Analista socioespacial, historiador y pedagogo. Docente universitario y actual pasante de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona-España.