La transformación no se quedará enredada en el camino

Cuán difícil es transformarse en Colombia. Es un camino lleno de estorbos, es decir, medicina general, psicología, psiquiatría, endocrinología, cirugía.

Opina - Sexualidad

2019-11-15

La transformación no se quedará enredada en el camino

Autora: Angie Rojas Barajas

 

El camino es una realidad desalentadora. Hombre, mujer, cisgénero o trans. Usted, ellos, ellas y yo, somos seres humanos y desde 1991 “todos merecemos gozar de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo”.

Lo que quiere decir, básicamente, el artículo 13 del librito de más de 200 páginas, o dejémoslo mejor en Constitución Política de Colombia, para no alargarnos tanto, es que ni un gusto, atracción sexual o disforia de identidad de género son motivo para excluir a alguien de cualquier coyuntura social.

De hecho, esta vez hablaré de una a la que todas las personas deberían tener acceso desde que nacen y hasta que mueren. El derecho fundamental de la salud; así es, derecho y no oportunidad, porque a partir de una sentencia en el 2007 tener acceso a una atención digna dejó de considerarse un servicio y pasó a ser tan importante como el respeto por la vida ajena, aunque esa también nos la embolaten a veces. 

No pretendo pintar esta columna de color rosa porque la verdad que me atrevo a escribir, es desagradable, casi que irritante y por lo tanto, de un color gris tirando a negro. Y para que entiendan lo descolorido, recordemos muy bien que todos nos hemos enfermado en algún momento, desde cualquier resfriado por el sereno o un dolor terrible que no nos deja caminar.

Pero a veces, por muy dura que sea la vaina, uno prefiere tomarse el agua de panela en la casa, porque si corre al médico lo único que le van a dar para esa gripa o para el cólico es acetaminofén con ibuprofeno, y a eso ya estamos acostumbrados, es cruel pero cierto…. 

¡Pero oiga!, mejor dicho, lea… ¿Se ha puesto a pensar qué pasaría si mientras se mira al espejo no entiende nada de lo que ve, si se parara por un lado y por el otro, si se mirara arriba y abajo y sintiera que eso que está viendo no le pertenece a su cuerpo, que está habitando el esqueleto, la carne, las extremidades y los órganos no solo de otra persona, si no de alguien del sexo opuesto? —No estoy siendo exagerada, sólo explícita, aún sabiendo que puedo lastimar la susceptibilidad de muchas personas que me leen—.

Entonces les entra algo llamado disforia, que me describen como un odio a sí mismos, por no poder verse como desearían, unas ganas insaciables de arrancarse parte por parte lo que no quieren que sea suyo y luego, incompletos y destruidos sumergirse en un océano profundo del que ni siquiera ellos podrían escapar. 

Ahora bien, con lo de la gripa no quise decir que esto es una enfermedad, hago tal comparación porque no existe píldora que pueda calmar la espantosa sensación que viven poro a poro las personas transgénero (quienes no encuentran congruencia entre su sexo asignado al nacer y su identidad de género).

Mismas personas que, buscando emerger, empiezan a expresar su verdadera identidad de maneras distintas, y esa es su verdadera terapia. 

Teniendo en cuenta que la identidad de género es una percepción netamente personal,  (así como me lo explica un psicólogo), antes de comenzar un tratamiento hormonal es indispensable utilizar distintas herramientas para descartar otros factores que sean semejantes a la incongruencia, como un posible trastorno de la personalidad disociativa —o lo que le pasaba al tipo de Fragmentado, si se ha visto la película, en pocas palabras— en fin, es necesario determinar también los roles de género que la persona ha asumido a través de los años para que no se pueda ni pensar que es una confusión de los mismos, básicamente.

Buscando la superficie empiezan a cambiar su forma de vestir, sus comportamientos e incluso su nombre, pero hay algo más allá, por debajo de la ropa que les sigue deteniendo frente al espejo antes de salir a la calle; la espalda pequeña, la voz delgada, el pecho pronunciado o un miembro fastidioso que sólo un tratamiento hormonal y un par de cirugías pueden transformar.

Esa es la palabra perfecta, pero cuán difícil es transformarse en Colombia. Es un camino lleno de estorbos, es decir, medicina general, psicología, psiquiatría, endocrinología, cirugía…. Y, no, todavía no coronan, junta médica de tres o cuatro cirujanos que se hacen los locos y cinco o seis meses después entregan un diagnóstico que niega la petición, basado en justificaciones rotas y excusas perfectas.

Un muchachito me contó que recibió una de esas que decía “La clínica no está capacitada para realizar la intervención pues no posee los equipos necesarios”, y qué injusto ¿no?… Y es que se agotan los recursos, no hay derecho de petición, ni tutela, ni súper salud, ni súper héroe que los salve de tanto trajín.

Pero el problema en nuestro país y nuestro sistema radica en el desconocimiento, la ignorancia, inconsciencia, olvido o torpeza… sí, porque de 5 médicos a los que se les menciona la palabra transgénero, 4 se sorprenden, y seguido de una mueca bien peculiar preguntan… ¿UN TRAS QUÉ?.

-Es trans, doctor- y les vamos a ayudar en el aprendizaje de protocolos de atención a personas diversas, porque la desinformación nos enreda la transformación en el camino.

 

 

 

Foto cortesía de: Clarín

 

 

 

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Angie Rojas Barajas
Tengo 19 años Soy estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana Voy a escribir lo que muchos callan