¿La nueva lucha de clases?

El problema del coronavirus no es el contagio, sino su impacto en una población vulnerada históricamente.

Opina - Sociedad

2020-05-01

¿La nueva lucha de clases?

Columnista:

Julián Escobar

 

El ensayista y filósofo liberal Antonio Escohotado afirma que el mayor aporte de la revolución burguesa fue permitir un estado de transición de una clase social a otra, es decir, que un pobre puede volverse rico siempre y cuando este siga las dinámicas del mercado a partir del mérito y la suerte. ¡Vaya ‘robinsonada’ del filósofo español! El coronavirus está dejando entrever, precisamente, una confusa formación de clases sociales en un nuevo mercado capitalista que parece no garantizar la transición de una clase a otra, sino todo lo contrario; el empobrecimiento masivo de una población atrapada por los intereses corporativos y del capital financiero. Recordándonos la cínica frase del banquero estadounidense de Wall Street, Warren Buffett, quien dijo que su clase social está en guerra con las demás, y que eran ellos quienes precisamente la estaban ganando.

Hablar de clase social en tiempos de coronavirus parecería un sacrilegio, teniendo en cuenta la comodidad en la que, por ejemplo, se escribió esta columna de opinión. Nadie habla de clase social porque piensan que es una metanarrativa exigua y a punto de su extensión. Peor aún, quienes lo reafirman desde una visión eurocéntrica, siguen teniendo en cuenta la primípara noción de Marx en su libro El 18 brumario de Luis Bonaparte, en la que el sabio de Tréveris afirmaba, que una clase social se producía en el seno de las relaciones mercantiles, unos vendiendo su fuerza de trabajo y otros comprando dicha fuerza de trabajo para producir mercancías y en su defecto riquezas. Años más tarde, en el capítulo LI (51) del tomo 3 de El capital, añadía que las relaciones mercantiles estaban mediadas por intereses de algunos grupos sociales sobre otros divididos en una relación antagónica (ellos-nosotros), que se configuraba en un mercado global, unos como industriales, otros como terratenientes y, finalmente, quienes vendían su fuerza de trabajo; todos estos atravesados por las dinámicas de las ganancias y un Estado controlado por las normas del mercado.

Sin embargo, ni Marx ni Escohotado llegaron a ser lo demasiado contingentes como para tener en cuenta, por ejemplo, una pandemia y sus efectos en el mercado globalizado. Y no es culpa de ellos, pues sus teorías obedecían a regañadientes a un contexto histórico y geográfico muy distinto al de las periferias globales; o así lo apreciaba Carlos Mariátegui cuando señalaba que en las Américas no se podía hablar de clases sociales, sin integrar a dicha concepción social a los indígenas y afroamericanos que habían sido excluidos de las relaciones económicas producidas por el capitalismo colonial.

Hoy podemos señalar, tomando a Žižek, que las cosas han cambiado bastante. En uno de sus recientes libros titulado La nueva lucha de clase. Los refugiados y el terror, el filósofo esloveno señalaba que el fenómeno de la inmigración global proveniente tanto de continentes como Asia, África y de América Latina, ha suministrado la principal fuerza laboral en los países desarrollados, o también mal llamados los del “primer mundo”. Estos inmigrantes, quienes han remplazado aquellos trabajos con pocas remuneraciones de la gran mayoría de la clase obrera europea y norteamericana, se han visto doblegados a permanecer en la precariedad, ya que a los trabajadores inmigrantes se les paga menos; además, hay un debilitamiento de las bases sindicales que no ponen límite a las medidas neoliberales de reajustes sociales con efectos en el empleo.

Poniendo en contexto lo anterior, en Colombia por ejemplo, según las cifras del DANE, existen aproximadamente dos millones de inmigrantes venezolanos, quienes en su mayoría, han sido contratados para ejercer trabajos mal pagados y sin ningún tipo de garantía en materia de salud. Sumado a millares de trabajadores informales cuya cifra ronda por el 47 % de la población activa laboralmente. ¿Y los desempleados en Colombia? El mes pasado la cifra llegó al 12,6 %, evidenciando un aumento en el número de personas que no tienen ningún tipo de ingreso económico. Curiosos datos que chocan directamente con los anuncios de Duque y el crecimiento económico en el país.

Más del 60 % de la población en Colombia tienen casi las mismas condiciones en cuanto al ingreso y condiciones materiales de existencia. Esto ya acarrea un reto enorme para la sociedad colombiana que, no solo tiene que lidiar con un penoso contexto de corrupción, sino de un golpe acertado a las burocráticas y clientelistas estructuras de producción de la riqueza en el país.

Nosotros, la población joven y adulta, ya comenzamos a preocuparnos. La reforma pensional que nos metieron en el caballo de troya llamado Decreto 558 del presente año, señala que, para mitigar el golpe económico del coronavirus, Colpensiones ahora tendrá que asumir las pensiones privadas de los colombianos y colombianas que ganen un salario mínimo. Lo anterior obliga a una masa laboral empleada en empresas privadas a reclinarse económicamente sobre otra masa laboral empleada por empresas públicas que ahora deben absorber el golpe directamente proporcionado en la mengua de sus pensiones. Es decir, hay personas que querían pensionarse este año, pero por la condición de una politización de la crisis sanitaria, ya no lo pueden hacer. Enterrando, por culpa de una medida de rescate financiero en plena crisis del coronavirus, el idilio de millones de jóvenes que estamos a la espera de un relevo generacional de la fuerza de trabajo. 

Lo particular del contexto colombiano es que es muy similar al contexto social del mundo en plena pandemia. La OMS ha declarado que después de esta situación sanitaria, el desempleo de la población mundial llegará al 30 %.

La relación entonces que encontramos con las cifras anteriores, en cuanto a desempleados, inmigrantes y trabajadores informales, es que sus fuentes de ingreso y de trabajo han sido paralizadas. Quienes alcanzaron ese glorioso estatus de acceder a una clase media pauperizada, ya no lo pueden seguir haciendo. Sus hogares se están empobreciendo porque sus ingresos, que fundamentan en el trabajo diario, han sido negados por una medida sanitaria.

El espectro que comienza a surgir es el de un conjunto de personal que, al mirarse los unos a los otros, se pueden identificar en cuanto a la misma condición de empobrecimiento. El peor efecto físico, somático y económico del coronavirus es del efecto de empobrecimiento de un sistema económico secuestrado por un mercado disfuncional, el cual está basado en el precio del barril del petróleo y una equívoca idea de estimulación laboral, beneficiando principalmente, al sector privado, que a las fuentes de empleo públicas.

Mundos paralelos encuentran similitud en lo que llamaría Ernesto Laclau “una cadena de equivalencias “. El coronavirus parece un fenómeno antipopulista, pues quienes dicen defender banderas políticas progresistas y liberales, somos, en buena medida, hijos del efecto de la globalización en nuestro país. A muchos les comienza a gustar el encierro porque ha generado otro tipo de necesidades. Por eso los trapos rojos de las familias que viven en las periferias desiguales de las principales ciudades del país nos aterra. Profesionales desempleados, inmigrantes, ancianos sin pensión y trabajadores informales han comenzado a tomarse las calles manifestando la misma angustia, la de vivir en un país donde el modelo económico prioriza los intereses corporativos y financieros, y no los de la ciudadanía. ¡Qué contradicción!

Al final, quizás este acontecimiento abra un espacio para nuevas subjetividades, nuevos horizontes identitarios que permitan apostar por un nuevo proyecto humano. Habrá que esperar que el mayor efecto del coronavirus en su dimensión política, sea la de la aniquilación de esa medida paliativa de hacernos distinguir de un grupo de personas quienes disfrutan de su cuarentena y, quienes por otro lado, son condenados a estar confinados en contra de sus propias voluntades, ya que el problema del coronavirus no es el contagio, sino su impacto en una población vulnerada históricamente.

Por eso, parafraseando al maestro Enrique Dussel, acudimos al espectro de Marx. Clase social es el lugar antagónico en el que la injusticia deposita el mal en el espíritu de la humanidad y así dejando comprender que antes de acudir al concepto de clase social, existe el pobre, el desterritorializado; el negado por su historia y el que tiene mucho por el cual luchar. 

 

( 4 ) Comentarios

  1. Excelente columna Juliam, estoy también de acuerdo en algunas ideas expuestas, esta crisis generada por el Covid 19 puede golpear con mayor fuerza a nuestros coterraneos más vulnerables.

  2. ReplyChristian Camilo Peña Tocora

    Es una excelente opinión. Considero que lo que retoca mi querido profesor Julian Escobar va más allá de lo que nosotros podemos percibir. Estamos viviendo en un mundo donde todo se a vuelto un privilegio y solo disfruta quien puede. Con base al periodico «el espectador» los estratos 1 y 2 corren el riesgo de un tremendo desbalance entre el recaudo y los subsidios que se asignan para el pago de servicios públicos según el sistema de estratificación, fue de $2 billones para el país y de $93 mil millones para Bogotá, sólo en 2012 ¿y los siguientes años?

  3. después de la caída de los estados obreros, se abrió un serio debate entorno a la estrategia de la revolución socialista, un cuestionamiento frente al sujeto de la revolución y la lucha de clases, es un debate que algunos han abordado de manera rica y seria mientras otros lo han utilizado como herramienta para lapidar el proyecto socialista. Aunque creo firmemente que se debe profundizar en dichos conceptos desde todos los ángulos, creo que Marx no dejo espacio a dudas cuando escribio «Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: OPRESORES y OPRIMIDOS» Burgueses y Proletarios, Terratenientes y campesinos sin tierra…Las categorías podrán cambiar, conforme se transforman las formas de explotación y opresión, pero lo único cierto es que «La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases»

  4. El pobre es la condición de la vida sostenida en la agonia para disfrute del poder como escarnio para los que no se le someten y que se apodera de todo para poder tener un control de lad personas. El pobre en. Venezuela es una condición creada por poderes internos y externos para que sirva de ejemplo a los otros pueblos que no se les someten.
    La estructura social de ese poder es piramidal y en cada nivel hay mafias con los mediod para reproducirse y sostener su localización en ella y las relaciones hacia arriba y hacia abajo entre las mafias. En la cúspide como poder supremo está la mafiaa financiera que controla los bancos emisores. Desde allii se impone la mercantilización de todo incluidas las personas.

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Julián Escobar Ávila
Investigador social, escritor y geógrafo. Síganme por acá en Twtter. @julianaandreses y nos ponemos al día.