La insipidez del artículo: «El profesor Ashanti y los vendidos estudiantes de la unalmed»

Hago un llamado a no remplazar el análisis sobre los hechos por el ataque hacia las personas, ya está bueno de improperios que solo generan escozor y no aportan nada e incluso desvían el debate.

 

Opina - Ambiente

2017-11-30

La insipidez del artículo: «El profesor Ashanti y los vendidos estudiantes de la unalmed»

El pasado veintitrés (23) de noviembre del corriente año, por este mismo medio se publicó un artículo denominado “El Profesor Ashanti y los “vendidos” estudiantes de UNALMED” artículo que tuvo cierta resonancia, no por su contenido o quid del artículo; sino por el escozor generado por las palabras insulsas y vituperantes del mencionado texto (a lo peor ese era el quid del artículo).

El articulista inicia su particular texto cuestionando al docente de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, Oswaldo Ordóñez (a quien no conozco) dado que combina su labor académica en la UN como docente con su profesión liberal asesorando a empresas mineras y presuntamente a EPM con el proyecto Hidroituango, lo cual desde la óptica del articulista esto es una actitud censurable, pero ¿ello lo hace ilegitimo o ilegal? por supuesto que no, resulta entonces que es una cuestión meramente subjetiva que admite otras ópticas.

Los cuestionamientos continúan en el mismo orden, donde denuncia el “lucro” que saca el “profesor Ashanti” como lo denomina peyorativamente en el contrato que firma la UN con AGA para dictar un curso denominado: “Minería moderna, normatividad minero ambiental y responsabilidad social” como consta en la imagen adjunta en el mencionado artículo donde se resalta el valor del contrato y el contacto, pero calculadamente no resalta el objeto y a quien va dirigido, esto es, a empleados del proyecto “La Colosa”.

El articulista continúa su crítica con una paradoja. Denuncia la estigmatización que hace Oswaldo Ordoñez contra ambientalista al denominarlos “yihadistas ambientales” cuestión censurable a todas luces por su grado de estigmatización y su generalidad, ya que no todos los ambientalistas ejercen su activismo a ultranza y sin reflexión, lo paradójico es que a reglón seguido el articulista quien se denomina “defensor de la vida” compara el lenguaje del docente con el de las águilas negras (reconocido grupo paramilitar) y más adelante lo cataloga como hombre preparado para “dar una cátedra sobre los principios de la propaganda de Goebbels” reconocido político nazi jefe de la propaganda antisemita y discriminador racial. Da la impresión que estos “defensores de la vida” son selectivos o a lo peor confieren valor a la vida según la ideología que profese el titular de este elemental Derecho.

El artículo continuó bajo la misma premisa cuestionando hasta lo incuestionable: la necesidad de la minería para el hombre y no sólo el de hoy, incluso se apela a la argucia si la necesidad que se refiere el docente cuando afirma “yo no odio ni amo la minería, la necesito” es la elemental derivada de los minerales como todo los hombres, o los dividendo que esto le genera fruto de su profesión, como si esta se pudiera igualar o comparar con la de una conducta punible.

Otro punto de escozor del mencionado artículo es su crítica y maltrato a los estudiantes de la UN en particular a los de la Facultad de Minas a quienes señala de “vendidos” lo cual no resiste análisis, salvo que se reflexione con el deseo y no con el raciocinio. Se supone que la Universidad es donde se llega a estudiar y sobre todo a pensar, el lugar donde ha de confluir la universalidad de pensamientos, significa esto que el pensamiento uniforme se proscribe.

¿Acaso cree el articulista que no cabe en la universidad pública otra cosmovisión de la política y la economía o de la sociedad a los “tradicionalmente” defendidos? ¿No les asiste a los estudiantes el derecho de ser como individuos, pensar de manera distinta incluso defender un modelo económico tan nefasto como el neoliberal? Proscribir esto (la diversidad de pensamiento) es propio del totalitarismo.

El presente artículo de opinión no pretende defender a nadie, ni al señor Oswaldo Ordóñez ni a los estudiantes que marcharon en Jericó en defensa de la “minería bien hecha” o a la UN, y mucho menos a Anglo Gold Ashanti cuyos atropellos a sus empleados y comunidades están ampliamente documentados, en especial en el continente africano, negar esto equivaldría a negar la historia, negar la necesidad de la explotación minera.

Empero el objeto del presente artículo es señalar la superficialidad de las palabras plasmadas en un texto que más que generar una discusión sana que aporte a este debate tan complejo, parece un ataque personal derivado de una vieja rencilla. Hago un llamado a no remplazar el análisis sobre los hechos por el ataque hacia las personas, ya está bueno de improperios que solo generan escozor y no aportan nada e incluso desvían el debate.

Por último, considero moralmente correcto señalar qué pienso aún a manera de esbozo frente a la minería, en tal sentido me identifico con aquel lema adecuado y preciso de ‘minería sí, pero no así‘, es decir, que puede y debe existir toda clase de minería, desde la pequeña, mediana y la gran minería; actividad necesaria la cual puede ser desarrollada por extranjeros y nacionales, pero no así, con la política minera actual que han impuesto los mismos con la misma política meramente extractivista (propia de las colonias) donde la minería no se proyecta como forma de desarrollar el agro y la industria (quebrados principalmente por la política de libre mercado y los TLC) como lo exige la experiencia de los países desarrollados, sino como la actividad que los sustituye.

Estoy convencido que le toca a la minería, a la minería responsable con el medio ambiente, con las gentes en su área de influencia, a la minería sin exenciones y gabelas tributarias excesivas, una minería donde las empresas y el país ganen por igual, una minería al servicio de los colombianos.

 

Adenda: Finalizando el mes de octubre pasado el Consejo de Estado falló a favor de la Nación tumbando un concepto de la DIAN que concedía unas excesivas e injustificadas exenciones tributarias a las empresas minero energéticas, con el cual se podría recuperar, según la Contraloría, 1.3 billones de pesos, aunque se advierte que las cuentas juiciosas por ahí pasaron. Amanecerá y veremos.

 

( 3 ) Comentarios

  1. ReplyNatalia Henao Ospina

    Absolutamente cierto, sin palabras me dejó este artículo, las discusiones no deben centrarse en personas, sino en hechos, ideas y acciones, pues el lanzar acusaciones contra alguien solo por su manera de pensar, demuestra el bajo nivel de cultura y tolerancia, situación que contrarresta si se atacaran posturas y situaciones desde un adecuado análisis, así como en este artículo. Maravilloso

  2. Cada persona es libre de defender lo que considera correcto, la controversia es sana, lo que no es sano es el satánizar a las personas cuando no se les conoce, tampoco debemos incitar a otros al odio. Ya fue suficiente de violencia. Todo extremo es vicioso. Se necesita la minería y se puede hacer de manera responsable cuidando el medio ambiente.

  3. Me parece portuno este debate a sabiendas del problema que existe con la extracción minera irrespondable, de antemano me acojo a las practicas de menería respondable tanto para el medio ambiente como para su entorno social.

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Jorge Zapata
Morrocoyero, egresado de la facultad de Derecho de la Universidad autónoma latinoamericana. Agnóstico, convencido de que este país sí tiene arreglo. Por último una perogrullada necesaria: El acierto de una idea o posición no depende de quien la expresa, sino del análisis del hecho sobre lo que se discute.