La factura

El error de Colombia no es haber firmado un acuerdo de paz, el error es que desde el establecimiento hasta la sociedad civil hemos dejado huérfano al acuerdo.

Opina - Conflicto

2018-07-12

La factura

Iba a empezar esta columna con la cifra de líderes y lideresas sociales que han sido asesinados en el país del Sagrado Corazón, pero un momento: cuántos son, cuántos realmente son, o más bien, ¿cuántos serán en el momento en que esta columna sea publicada? No sabemos. Porque está claro que esto no va a parar; la incertidumbre no es si habrá o no más muertos, sino si el próximo en caer será en el Cauca o en el Chocó o en Antioquia o donde sea.

Es cliché decir que para entender el presente es necesario mirar al pasado, pero hoy parece más necesario que nunca. Resulta que la historia de este país –que tiene sus luces y tiene sus sombras, por ejemplo: Álvaro Uribe y Yerry Mina- está plagada de violencias, que son cíclicas, pero no perpetuas. Con las FARC desarmadas, Colombia tiene en las manos la mejor oportunidad para que los secuestros, las masacres y los falsos positivos queden en la historia; y justo en ese momento, aparece la mancha inmensa del asesinato sistemático de líderes sociales, que no es más que un reencuentro con nuestro pasado, como si fuera la versión criolla del eterno retorno.

La impotencia que sentimos es mucha, reforzada por dos circunstancias: la primera es que de alguna u otra manera sentimos que esto ya lo hemos vivido, lo ocurrido con la UP nos susurra al oído. Lo segundo es que desconocemos el problema, sus lógicas y sus dimensiones: no sabemos quiénes son, ni por qué los matan, ni mucho menos quién está detrás de esos asesinatos; lo único que sabemos, por nuestro acostumbrado amarillismo, es el cómo, que a decir verdad es lo que menos importa.

Con un oportunismo infame los sectores políticos que se opusieron al acuerdo de paz hoy reclaman su victoria: “se los dijimos” dicen. Lo más cruel es que celebran –Sí, celebran- cada vez que algo va mal con la implementación de los acuerdos, porque en la guerra en la cual todos hemos perdido, ellos han ganado mucho, cuatro elecciones presidenciales y contando. Nos quieren hacer creer que la paz es un fracaso, y no, no es un fracaso, y la paz no es un fracaso porque la guerra sí lo fue. 

El error de Colombia no es haber firmado un acuerdo de paz, el error es que desde el establecimiento hasta la sociedad civil hemos dejado huérfano al acuerdo. El problema es que nos quedamos con la paz pequeña, la que consistía simplemente en que las FARC entregaran las armas y participaran en política. Dejamos a un lado la paz grande, la completa, la que pasa por una reforma rural integral para reconfigurar la propiedad del campo; la que requiere un enfoque de Derechos Humanos para el problema de los cultivos ilícitos, sin veneno y sin represión; la que buscaba en  la verdad (por más cruda e incómoda para algunos sectores que fuera) las bases para una verdadera reconciliación nacional.

Hoy nos está llegando la factura por haber dejado la paz a la deriva, y esa factura la vamos a pagar con lo que siempre hemos pagado nuestros errores: con vidas humanas. 

Con esto termino: como Colombia no quiere ser la distopía sangrienta del pasado, el pasado viernes salimos a las calles a encender miles de velas por la vida, por la luz, por la esperanza.

 

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Imagen tomada de www.semana.com

( 2 ) Comentarios

  1. Lo triste es que las vidas segadas son de quienes dijeron si a la paz y a los acuerdos.Los que votaron por el No creen que a ellos ni a sus familias los tocará la guerra ,la exclusión y la injusticia que apoyaron.Finalmente son los de siempre los verdugos y el pueblo el que pone Las víctimas.

  2. Estamos a tiempo por la paz hasta la vida!

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Felipe Arrieta Betancourt
Unos alardean por ser profesores, yo alardeo por ser estudiante. Universidad Externado de Colombia.