La desolación del llanto

¡Que la paz sea con ustedes! Digo, con los que pueden comprarla, porque derecho no es…

Opina - Sociedad

2019-06-23

La desolación del llanto

Autor: Eddie Vélez Benjumea

 

¡Qué desoladoras son las imágenes del llanto del hijo de María Del Pilar Hurtado en Tierralta, Córdoba! Nombrar esos sustantivos me hace la tarea difícil; las sombrías notas de aquel sonido fúnebre, emitido por aquel hijo recién huérfano, me ponen la piel porosa y corre por mi cuerpo un sentimiento de culpabilidad, como si yo fuera victimario indirecto de la desgracia que vive el infante; como si por no hacer mucho en contra de la delincuencia cayera sobre mí el peso de millones de muertos que han partido de este cementerio indígena sobre el que hoy vemos la televisión, comemos pan y vivimos el circo.

Ese llanto, que se une junto a las lágrimas de los incontables muertos que nos anteceden, hoy no encuentra compañía. Se levanta al cielo en búsqueda de un auxilio, como si le dijera a su madre que no se fuera, porque ¿quién le va a ayudar a hacer la tarea del domingo?, o ¿quién lo va a levantar para ir a estudiar?, o ¿quién le va a enseñar las cosas de la vida que solo una madre puede enseñar?

María del Pilar Hurtado, arrebatada de la vida por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, parte sin el dolor de los que no saben que la guerra se hace con ideas, como una mártir del país del nunca jamás. De la tierra en la que prometen todos los sujetos políticos más seguridad y menos delincuencia y acontece, con arbitrariedad, todo lo contrario.

Según Indepaz, solo en Colombia, durante este 2019 iban 75 líderes sociales asesinados hasta mayo. Según Cristian Garavito, en El Espectador, desde la llegada del presidente Iván Duque van 236 usurpados de sus vidas.

Las familias de todos estos ejecutados no son solo esas cifras, sino otras miles, porque tras los asesinados están quienes por uno u otro motivo dependían directamente de ellos, y hoy no encuentran la manera de rehacer las vidas, que bien o mal, eran las suyas: pobres, acomodadas, problemáticas, endeudadas, felices, catastróficas, volubles, religiosas, ateas; pero, al fin de cuentas, vidas que nadie sobre la faz de este planeta tiene el derecho de arrebatar sin el mínimo descaro y pensamiento lógico que se relaciona directamente con la psiquis humana: el raciocinio.

No he de decir que hoy Colombia está de luto. Sería eufemístico, tan siquiera, poner un hashtag que diga #PrayForColombia, o anunciar que Colombia está de mal en peor, porque la realidad que veo, y que hoy comulgo, es la de un país que no ha logrado salir de tantos problemas sociales que nos han aquejado desde tantos decenios.

Como si al colombiano promedio le gustara la violencia, como si el colombiano de a pie prefiriera ver noticias escandalosas y vernos nombrados ante la comunidad internacional como un sitio al que hay que visitar con cuidado, porque en cualquier momento puede pasar algo trágico.

Llámenme paranoico, díganme alarmista o créanme esquizofrénico, pero si la locura de ver un país que se sigue desangrando, dejando a millones de colombianos a la merced del miedo de llevar este gentilicio, me va a salvar de aquello que hoy critico con mano firme y pensamiento lógico, que así sea.

La culpa es de pocos, pero la responsabilidad de lo que hoy continúa siendo una guerra impar es de todos, al permitir que los que hoy nos gobiernan no tengan las agallas y la gallardía de proteger la soberanía dentro del país, y salvaguardar la protección a la que todos aspiramos una vez tenemos la oportunidad de vivir en este hermoso país, pero de mucha gente de mierda.

¡Que la paz sea con ustedes! Digo, con los que pueden comprarla, porque derecho no es…

( 1 ) Comentario

  1. ReplyJuan Carlos Escobar

    Una columna muy asertada acerca de la actualidad nacional

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Eddie Vélez Benjumea
Periodista independiente.