La Colombia que existe, resiste y explota

Las calles de Tasajera pasaron de ser olvidadas a ser expuestas. Las voces, rostros y relatos de sus habitantes ya salen por la TV. Ojalá sirvan, no solo para traer audiencia, sino para denunciar el despojo al que han sido sometidos.

Opina - Política

2020-07-10

La Colombia que existe, resiste y explota

Columnista:

Elkin Giraldo Castellanos 

 

Tasajera es uno de esos lugares que, si no fuera por una tragedia, muy pocos sabrían que existe. Es de esos sitios olvidados y abandonados por el Estado. ¡¿Cuál Estado?! Este país sumido en la miseria, no se merece tal cosa.

El Gobierno pretende borrar toda la responsabilidad ante un hecho que recae en su mala gestión y la de sus antecesores, y que ha traído como consecuencia la pobreza extrema. 

No es la primera vez que un camión se vuelca con mercadería en medio de una carretera y la gente de sus alrededores hace lo posible para alcanzar migajas, que en el fondo lo son todo. Esa es la Colombia que han ocultado año tras año. La Colombia que existe, resiste y explota.

En dos vídeos publicados por El Heraldo: Tasajera, el olvido eterno y La miseria eterna de Tasajera, se muestran las condiciones en las que viven sus habitantes. No tienen los servicios públicos básicos para llevar una vida digna. Se ve cómo corren atrás de un camión para comprar agua, solo cuando les alcanza, con la marca en sus espaldas de haber nacido en esa tierra olvidada. Hoy, varios medios de comunicación informan del lugar para mostrar, como un descubrimiento, lo que es palpable para toda la comunidad hace décadas.

Las imágenes que más se viralizaron tras la explosión del camión que transportaba gasolina en Magdalena —ocurrida el día 6 de julio del 2020—, son los cuerpos desnudos con las quemaduras a la vista del público; la piel desmembrándose de sus cuerpos es Colombia cayéndose a pedazos. Es la desgarradora imagen de un país indolente.  

Los habitantes de las zonas costeras han sido objeto de burlas. Chistes de mal gusto, sobre regionalismos que no aportan nada, solo traslucen la falta de humanidad de quienes se excusan en el humor para sacar sus más descarnadas ideas racistas y violentas. No más.

Los llantos de quienes hoy entierran a sus familiares no se pueden compensar. Otras vidas se llevó la marginalidad, la irracionalidad causada por el hambre. ¿Hasta cuándo? Se hace preciso direccionar los rumbos de esta nación para hacerla justa. Nuestro Caribe usado en época de elecciones para las fantochadas. Eso tiene que acabar. 

Las calles de Tasajera pasaron de ser olvidadas a ser expuestas. Las voces, rostros y relatos de sus habitantes ya salen por la TV. Ojalá sirvan, no solo para traer audiencia, sino para denunciar el despojo al que han sido sometidos. Unas condiciones inauditas para cualquier ser. 

Quienes fueron con galones para llenarlos de combustible, no se imaginaron que la injusticia iba a calcinar sus cuerpos. Quizás venderlo para ganar dinero, llevar un plato de comida o para la cocción de sus propios alimentos, estuvieron entre las opciones. Las múltiples versiones desembocan en la necesidad. La desesperación provocada por un Estado que, no le vio rentabilidad económica a este pueblo y lo dejó al desamparo, es la causa de esta fatalidad. 

Las muertes, la sangre, la gasolina, el camión, el momento de la explosión, son palabras que aparecen en un contexto descontextualizado, que circulan y quedan en el recuerdo de unos pocos. Hagamos memoria. 

Tasajera, hoy es reconocida por su infortunio, ojalá un día podamos redimir ese dolor. 

 

Fotografía: cortesía de El Heraldo.

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