La Colombia Humana ya tiene personería jurídica: ¿ahora qué sigue?

Los amigos y colaboradores más cercanos a Petro tienen la obligación ética de aconsejarle que no caiga en el error de convertir a la Colombia Humana en una secta en función de sus dogmas y orientaciones. Tienen el espejo del Centro Democrático, colectividad que Uribe Vélez convirtió en una suerte de clan o camarilla, al servicio de sus más mezquinos e innobles intereses.

Opina - Judicial

2021-09-24

La Colombia Humana ya tiene personería jurídica: ¿ahora qué sigue?

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

El reconocimiento de la personería jurídica que la Corte Constitucional acaba de hacer a la Colombia Humana (CH) constituye, en doble vía, un triunfo de la democracia y un desafío para el líder natural de ese movimiento. Sobre este último y los retos que le esperan, versa esta columna.

Tanto Petro como sus más cercanos seguidores deben entender que están frente a la más grande oportunidad de transformar la operación de los partidos políticos en Colombia. Y para lograrlo, deben trabajar en la consolidación de un partido con estatutos claros, con cuadros formados técnica y políticamente para operar el Estado, de acuerdo con lo que la Carta Política de 1991 prescribe en materia de derechos y libertades. Además, deberá operar como un centro de pensamiento que genere opinión pública y que eduque a sus militantes y al resto de la sociedad, para el ejercicio de una ciudadanía comprometida y capacitada a fin de discutir asuntos públicos.

Al final, el objetivo a alcanzar debe ser el de proscribir el clientelismo y el ethos mafioso que por largo tiempo ha guiado la vida institucional de partidos como el Conservador y el Liberal, colectividades que hoy operan exclusivamente al servicio de un régimen que, al devenir mafioso y criminal, los convirtió en meros instrumentos para saciar apetitos burocráticos y los intereses personales de sus presidentes y miembros de juntas directivas. Junto con las guerrillas y los paramilitares, esos partidos y las microempresas electorales Cambio Radical, Mira, el partido de la U y el Centro Democrático, de tiempo atrás operan como verdaderos enemigos de la sociedad y son responsables de haber consolidado una democracia meramente procedimental (electoral).

Petro Urrego tiene no solo la oportunidad de ser el presidente de Colombia en el 2022, a juzgar por las encuestas y sondeos que le otorgan una gran ventaja sobre los otros candidatos, sino de liderar la transformación de la política, entregándole a la ciudadanía y a la institucionalidad democrática un partido político que opere como un mediador natural entre el Estado y todos los agentes de la sociedad civil que demandan del primero, soluciones a sus problemas y atención a sus demandas más sentidas.

Los amigos y colaboradores más cercanos a Gustavo Francisco Petro tienen la obligación ética de hablarle al oído para aconsejarle que no caiga en el error de convertir a la Colombia Humana en una secta en función de sus dogmas y orientaciones. Tienen el espejo del Centro Democrático, colectividad que Uribe Vélez convirtió en una suerte de clan o camarilla, al servicio de sus más mezquinos e innobles intereses. La Colombia Humana no puede convertirse en una comunidad de borregos y ciegos seguidores de un mesías. Como tampoco pueden hacer parte de esa naciente colectividad, militantes que actúen más como «perros rabiosos» que intentan morder a quienes se atreven a criticar a su líder. Seguir los pasos de Uribe y los del Centro Democrático sería un error histórico imperdonable para quien está empeñado en transformar el país, pero por, sobre todo, tiene el objetivo de sacar al uribismo del Estado.

Desde ya deberían estar trabajando en la consolidación de un partido moderno. Si bien el escenario preelectoral y la cercanía de las elecciones de Congreso y la presidencial están cerca, ello puede obstaculizar en algo esa tarea, lo más recomendable es que Petro Urrego delegue en un equipo la responsabilidad de dar vida a una colectividad que opere con criterios democráticos y haga posible refundar la democracia o hacerla radical en los términos de Chantal Mouffe. De todas maneras, el riesgo de que fracasen en esa tarea es latente, pues tienen en los insepultos partidos conservador y liberal y en el Centro Democrático, a los mejores ejemplos para naufragar en el intento.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.