Kant, un grito en medio de las protestas

¿Las reflexiones kantianas pueden servir solo al descontento y el caos en las calles o, por el contrario, detrás del inconformismo se halla el inicio de la mayoría de edad kantiana?

Opina - Sociedad

2020-01-28

Kant, un grito en medio de las protestas

Columnista: Christian Camilo Galeano Benjumea

 

“El hombre quiere concordia

pero la Naturaleza sabe mejor

lo que le conviene a la especie

y quiere discordia.”

Emanuel Kant

 

La defensa de la autonomía en un país heterónomo, así se llamó una conferencia de Carlos Gaviria, un bello título que sintetiza las luchas y anhelos en un país marcado por la violencia y la esperanza de alcanzar el bienestar de los ciudadanos. En esta conferencia se reflexiona sobre los anhelos que se tienen con la Constitución de 1991 al acercar a los individuos a los derechos fundamentales, al tiempo que marca el rumbo para formar individuos autónomos y respetuosos de la ley.

También Gaviria muestra como el Estado que subyace en la constitución debe ser de orden liberal y, por ende, respetar las libertades individuales y tratar de alcanzar una justicia social que no menoscabe a las personas. Esta Constitución busca constituirse como la forma en la cual los colombianos asumen su realidad conflictiva evitando la violencia.

Las ideas de libertad, dignidad, sujetos morales y autónomos son heredadas de los pensadores ilustrados, en este caso las ideas kantianas marcaron un rumbo central en la carta magna de los colombianos; pero estas ideas que estaban en el papel no sólo se quedaron allí, hoy en medio de las protestas y brotes de violencia podemos ver en medio de las manifestaciones, quizá detrás de un grito o una piedra que vuela, las ideas de Emanuel Kant.

 

Ideas que arden

El pensador Emmanuel Kant, racionalista por excelencia, es el fundamento filosófico de muchas constituciones liberales y sobre la idea de los Derechos Humanos, sus reflexiones han servido para pensar la política desde el diálogo y el respeto por el otro.

Sin lugar a dudas, un referente cuando se habla de acuerdos políticos, pero ¿por qué asociar su imagen con una protesta que puede terminar en caos y violencia?, ¿acaso las reflexiones kantianas pueden servir solo al descontento y el caos en las calles o, por el contrario, detrás del inconformismo y la protesta se halla el inicio de la mayoría de edad kantiana?

Kant como buen heredero de la ilustración busca fundamentar una moral en la razón y darle así un carácter universal. Esta apuesta, en términos prácticos, es ardua y casi delirante, ya que la moral se funda en las costumbres y éstas son de carácter particular: cada comunidad asume una serie de hábitos de acuerdo a sus creencias y tradiciones.

Sin embargo, Kant pensó que era indispensable una moral en términos universales para consolidar los cimientos de una sociedad pluralista y democrática, se valió entonces de la razón e ideas universales como puente entre lo particular (costumbres y sujetos) y lo universal (la norma moral y la ley).

Esta no fue la única línea reflexiva que desarrolló Kant, ya que en el texto ¿Qué es la Ilustración? Se ahonda en las características de un sujeto moral pleno o, en otras palabras, un sujeto autónomo y responsable. “¡Sapare aude!” “Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración”.

Así inicia el pensador su reflexión sobre la ilustración y lo que implica para el sujeto ser un hombre racional, a saber, pensar por sí mismo. Este es el gran reto al que invita el movimiento ilustrado: pensar y desconfiar de la ayuda de los tutores.

 

¿Quiénes son estos tutores?

Pueden ser muchos: los padres, la iglesia, el Estado… los cuales ofrecen respuestas a los sujetos de una comunidad. No hay que pensar ni dudar de nada, dicen los tutores, porque ya las respuestas están dadas.

Pese a las buenas intenciones de los tutores, esta posición es problemática y antifilosófica, porque un principio fundamental de la razón se haya en la duda, en el proceso de demostración y argumentación, es decir, una verdad debe ser sometida a un proceso crítico para ser aceptada y no simplemente tomada como palabra absoluta.

Se puede preguntar entonces, ¿por qué no pensamos por nosotros mismos? Kant es claro al señalar que la pereza y la cobardía son las causas principales de esta anemia de la razón. Resulta que es más fácil legar la responsabilidad a alguien que nos evite la angustia de pensar y ser responsables por nuestros actos.

No es extraño que Dostoievsky, a finales del siglo XIX, en su libro Los hermanos Karamasov, hablara de como las personas huyen de la libertad y buscan un inquisidor que tome esa libertad.

No basta con cumplir dieciocho años para ser mayor de edad. Si bien se alcanzan las disposiciones naturales en el ser humano, todavía hace falta avanzar en la cultura como piensa Kant en el texto Comienzo presunto de la historia humana.

Para llegar a esa mayoría de edad es indispensable que el sujeto entre en un proceso de formación (educación) que lo invite a pensar por sí mismo, que haga del sujeto un investigador que este revisando constantemente sus ideas y sus actos, como un hombre racional.

La formación en estos términos es diametralmente opuesta a una formación instrumental que construye sujetos heterónomos, es decir, hombres y mujeres que no piensan, cuestionan o investigan su realidad. Kant es consciente de la necesidad de orientar a los sujetos hacia un horizonte reflexivo sobre su existencia.

Es casi indispensable para este proyecto de la razón humana que la sociedad este abocada sobre los ideales de una educación racional. Dado que es común en la sociedad colombiana que se dé un desprecio ante la educación, puesto que solo es vista para ganar dinero en el mejor de los casos.

Aquellos que cuestionan, escuchan a los otros y son coherentes con sus ideas son mal vistos. Cabe destacar que la Constitución del 91 tiene como horizonte para la sociedad colombiana un sujeto moral autónomo, un sujeto que hoy en día está en construcción.

Parece fácil entonces llegar a esa mayoría de edad si se tienen una educación acorde al proyecto kantiano. Aunque el camino en la práctica siempre resulta tener varios imprevistos.

La racionalidad para el ser humano, trae consigo un problema existencial complejo, ya que además de las condiciones necesarias para que se dé, confronta al sujeto con su existencia, debido a que obliga a revalorar sus ideas, lo confronta con su libertad y obliga a ser responsable.

Tal como se habló de los Hermanos Karamasov, otro ejemplo de la huida de la mayoría de edad se da cuando se prefiere asumir las ordenes ilógicas de un superior, por el simple hecho de ser una autoridad, como ocurrió con los casos de falsos positivos, cuando la respuesta de los militares que asesinaron a civiles fue: “ yo solo cumplía órdenes”. 

La frialdad con la que se describen esos asesinatos, es el testimonio claro de la ausencia de una formación racional. Es más fácil entregar la razón y dejarse conducir por un tutor que pensar por sí mismo. La historia colombiana está plagada de ejemplos donde la razón se ausenta y da paso a la barbarie.

Hannah Arendt desde otro punto de la historia documenta el juicio de Eichmann, un oficial Nazi que asesinó a miles de judíos y que no expresaba culpa ante lo cometido, para él los asesinatos eran vistos con la tranquilidad de un obrero que cumple su labor.

Sin embargo, Arendt sabe que se da: Únicamente la pura y simple irreflexión (…) fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo…No era estupidez, sino una curiosa, y verdaderamente auténtica, incapacidad para pensar.

Al igual que Arendth, nos sorprende la banalidad del mal y preocupa que una sociedad no pueda construirse a partir de la razón. Se hace indispensable para una democracia que las mujeres y hombres desplieguen juicios críticos sobre su realidad permanentemente para evitar así la llegada de la barbarie y la violencia.

Si Heidegger decía que el lenguaje es la casa del ser, nosotros podemos pensar que la democracia es la casa de la razón, debido a que se funda sobre la libertad del sujeto y en el caso colombiano, pretende garantizar unos derechos fundamentales.

Así la construcción de ciudadanos críticos, activos en sus territorios es la forma más adecuada para construir una sociedad conflictiva políticamente y pacifica socialmente. La Constitución del 91 busca que ese sujeto político se despliegue sobre todo el territorio; sin embargo, las deficiencias educativas, una historia y cultura abocada a la irreflexión y la violencia, han hecho que este ideal pareciera se escapa de las manos. 

A pesar de un pasado desolador, las actuales protestas son un síntoma de que los individuos de esta sociedad se cuestionan e indignan ante la barbarie de la violencia y la injusticia. Las protestas agudizan el conflicto político en Colombia, pero esto es necesario para alcanzar una mayoría de edad kantiana.

Kant aporta a esta idea de una sociedad conflictiva al pensar la insociable sociabilidad de los hombres en su texto Idea de una historia universal en sentido cosmopolita. 

El ser humano no pasa por un proceso armónico, si bien tiende a la sociedad, al ingresar a ella aumenta el malestar, ya que chocan sus deseos naturales con las normas de la cultura. Pese a esto, el pensador alemán ve la posibilidad de que el ser humano mejore y busque la forma de progresar.

 

El conflicto con los otros, la cultura, la sociedad, es pieza clave en el desarrollo de los sujetos

Al conflicto entonces no se le debe huir, por el contrario, se deben de buscar los mecanismos para que este se dé sin la consecuencia de acabar con el otro. La historia colombiana tiene la virtud de ofrecer lecciones de violencia e intolerancia política.

Por este motivo, resultó tan importante el proceso de Paz con la guerrilla de las FARC, puesto que es una lección de madurez social. Ver en una mesa a guerrilleros, generales y funcionarios del gobierno buscar un acuerdo político que disminuyera el conflicto en el país, esto fue un ejercicio de escuchar al otro.

La mesa de conversaciones en la Habana, dio lugar a que las partes del conflicto contaran su versión, hablaran de sus muertos y se llegara a unos acuerdos por el bien de la sociedad colombiana.

Dialogar con el otro y pensar a Colombia fue una consecuencia indirecta que cayó sobre el resto de la sociedad colombiana. Mientras en la Habana los combatientes llegaban a un mutuo acuerdo, en las calles se discutía o conversaba sobre la forma en que alcanzaría realmente la paz.

Esta apuesta histórica, fue una enseñanza importante para el país y un ejercicio racional de poder pensar y respetar las diferentes visiones que se tienen de Colombia. Es claro, que saldrán voces a resaltar que los acuerdos se incumplen, que casi a diario se asesina a un guerrillero, pero esto no deslegitima el acuerdo y no impide que haya un movimiento ciudadano que busque que en el país se respete la vida y se busque la paz.

No es extraño que una de las banderas de las protestas actuales sea el rechazo al asesinato de los líderes sociales y el incumplimiento en los diferentes acuerdos que ha asumido el Estado con la sociedad. Los diálogos en la Habana acercaron a la sociedad colombiana a una mayoría edad, pese a la muerte y las injusticias, los marchantes buscan que el gobierno se siente a dialogar y pensar el país.

Ahora bien, es necesario destacar que la única manera de llegar a una mayoría de edad es haciendo un uso público de la razón. Esto es expresar abiertamente las ideas para que sean debatidas y sometidas a juicios racionales; el ejercicio libre de la razón es la vía perfecta para alcanzar esta ilustración.

No podemos pensar que vamos alcanzar ser hombres autónomos encerrados en nuestras posiciones. Se hace necesario que se abra el debate con quienes piensan distinto.

Por eso es indispensable que la razón hable a través de libros, conferencias, artículos y, como sucede en la actualidad que se publique en redes, videos, post. La razón no puede esconderse tras los fantasmas del intelectualismo y la supuesta neutralidad, debe apostar por el debate.

 

El papel de los nuevos medios

De ahí que resulte llamativo la importancia que ha tenido la web y el flujo de información durante las actuales protestas ciudadanas. La masificación de la información y la libre circulación que tiene el internet, hasta ahora, han hecho que termine por ser un factor decisivo en las sociedades.

Las noticias abundan, falsas o verdaderas, permiten a los individuos tomar diferentes posiciones respecto a su realidad.

En el caso colombiano en particular si bien no han faltado casos de manipulación a través de las redes (como lo fue la victoria del No en el referendo), también ha permitido que las noticias de violencia contra líderes, corrupción, daño al medioambiente, entre otras, aumente la discusión política en la población.

Las protestas con las que terminó el 2019 se nutren del caudal de información que circula en redes. Los ciudadanos, a pesar de que esta información termina por ser parcial en primer momento, se valen de esta para formar una opinión, acertada o no, opinan. Ya las protestas son prueba de que un segmento de la población está formando un punto de vista sobre su realidad que espera sea escuchado y debatido.

El uso público de la razón acerca a los hombres a la mayoría de edad, piensa Kant, a su vez la información y los debates en internet son ahora el ágora moderna donde los ciudadanos pueden forjar una opinión. 

Al final de sus reflexiones sobre la ilustración, el filósofo alemán destaca la importancia de que un Jefe de Estado permita el libre uso de la razón y por ende acepte las críticas. Esto beneficia la libertad espiritual del pueblo y ayuda alcanzar los fines de la sociedad.

Pese a esto, la mayoría de gobernantes rechaza la crítica y la persiguen de diferentes formas. En Colombia se señaló a periodistas, profesores de ser colaboradores de grupos ilegales porque no compartían las ideas del gobierno, algunas de estas personas tuvieron que salir del país, otras fueron asesinadas.

Resulta difícil valorar la diferencia y los pensamientos críticos cuando se tiene el poder, es usual que los políticos terminen sordos y saciados con sus discursos. No es extraño que las voces de discrepancia los enojen y los lleve a calificar a sus adversarios como guerrilleros, paracos, vagos…

Pese a esto, el ejercicio crítico sobre la sociedad no puede parar. Hoy por hoy, cientos de ciudadanos opinan y marchan llevando los ideales de la constitución a las calles, es decir, invitan al diálogo y al ejercicio crítico sobre el país.

Emanuel Kant es un pensador liberal que ha permeado muchas constituciones en el mundo. El caso colombiano no es la excepción, La Constitución de 1991 recoge elementos fundamentales del pensamiento Kantiano que subyacen debajo de los artículos.

A su vez, la Corte Suprema de Justicia ha proferido sentencias donde se vela por la dignidad de los sujetos y la libre autodeterminación, tal como lo expresan las sentencias sobre el consumo de sustancias alucinógenas y la eutanasia.

La Constitución parte de la base de que el ciudadano colombiano es un sujeto libre y autónomo que puede decidir sobre varios aspectos de su existencia, ante los cuales el Estado y la sociedad deben respetarlo. El mejor ejemplo de lo anterior es la decisión de elegir cuando terminar con la vida en casos de enfermedad incurable y de grandes padecimientos.

De ahí que el pensamiento kantiano termine por ser indispensable en la cotidianidad de las personas, porque la carta magna funge como horizonte para los ciudadanos de un territorio.

En este caso se busca que las personas puedan ser ciudadanos autónomos que respeten la norma (Constitución) al mismo tiempo que tienen la libertad para reconocer la ley y actuar de acuerdo a ella. El pensador alemán parece un fantasma que deambula por los parágrafos de la constitución y marcha en las calles de las ciudades.

 

( 1 ) Comentario

  1. Hola, buen artículo sobre Kant y la Constitución. Tengo tres inconformidades con su artículo. Cuando nombra de antifilosófica la postura de seguir a un tutor: esto sería acrítico, puesto que hay varios filósofos a los que se podrían englobar San Anselmo y Descarte, que seguían a Dios, como un camino hacia la verdad. También ciertos dogmas construidos por distintas vertientes filosóficas. Que la kantiana sea crítica, no significa que todas lo sean. Segundo, cuando habla de que las movilizaciones sociales son un síntoma de la mayoría de edad de Kant. Como participante de ciertas marchas, puedo decir en mi experiencia, que no imperaba el diálogo o debate entre marchantes y Estado. Eran gritos y un desorden impresionante. Claro, la marcha más ordenada que he visto ha sido la del 21 de noviembre, pero las pasadas más recientes no tienen ni un atisbo de lo que fue esa movilización. No son ordenadas, es decir, pensadas. O no pensadas para un diálogo razonable. Los mismos marchantes en Bogotá obligaban a conductores a pitar para supuestamente decir que estaban «a favor del paro». Eso es coacción de toda la vida, heteronomía. Los comités de paro saben que no controlan las marchas, de 12 puntos previstos en Bogotá la marcha pasada, salieron 20 puntos. Desconozco el texto de Kant que usted nombre de Idea de una historia universal en sentido cosmopolita. Entonces no sé si Kant habla expresamente del papel de la violencia en ese debate público que habla en Qué es la ilustración. Lo que sí sé es que en en último artículo mencionado, no se toma en cuenta la violencia como forma legítima de expresar ideas. Es más, sería casi una imposición, y no ese debate del que no se debe huir. Y por último, cuando usted toma a las redes como el ágora actual para los debates. Solo basta el pequeño ejercicio de leer los comentarios de publicaciones de Revista Semana, o de senadores como Jorge Enrique Robledo en Instagram. Ahí solo imperan opiniones e insultos, no argumentos estructurados de premisas y conclusión. Humberto de la Calle hablaba del tema con María Jimena Duzán en una entrevista: en Colombia no hay debate, no se escuchan las ideas, solo quien las dicen, lo que hay es una pela de egos. Y eso que no hablaba expresamente de las redes sociales. Aparte, las redes sociales se están volviendo un ensimismamiento del sujeto en sus propias ideas, ya que solo se siguen páginas de interés con base en sus gustos, y la publicidad solo le muestra cosas que ya le pueden interesar desde sus gustos. Y cuando uno tiene un comentario distinto, normalmente se rehuye del debate con insultos. Ni sátira hay ya. Y sobre los medios de comunicación, usted mismo lo dice, han manipulado a la población en algunos casos, solo hay que ver el dialogismo que manejan al hablar de temas como el paro, solo usan calificativos como vándalos o inconformidad. Incluso, su punto es inválido en la práctica más sabiendo que los medios de comunicación estaban en crisis el año pasado, por falta de suscriptores, porque la gente ya no cree o ni se informan con ellos, como el caso de El Tiempo. Un saludo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Christian Camilo Galeano Benjumea
Licenciado en filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira, candidato a magister en filosofía de la Universidad de Caldas, columnista, lector e investigador.