Interludio ambiental

Los dioses son dioses en su concepción, los humanos solo pueden ser lo que son.

Narra - Ambiente

2021-02-08

Interludio ambiental

Columnista:

César A. Guapacha Ospina

 

Un año más es un año menos, da igual que lo sumemos o lo restemos, estemos donde estemos, el reloj corre, aunque no lo miremos. Una concepción diametralmente opuesta pero condenada a coexistir y un grupo condenado eternamente a impedir el cambio de la vida a vivir. Qué decir de aquellos que guardan silencio en tiempos de guerra, los que nada les aterra, los que a su vanidad se aferran, los que sonríen en fotos con todos los que enemigos considera mientras sus acciones indirectamente frenan ese cambio que necesita la tierra.

El verde ya no es verde, se pintó de ocre y las respuestas en tono excelso en realidad son bastante mediocres porque entre acres privados y divisorias de aguas, se fraguan las peores andanadas contra el electorado más pobre. Juegan a ser dioses en una especie de ruleta rusa y el adiós por una excusa, falta de voluntad y la verdad una forma de explicar su inoperancia de forma inconclusa; los dioses son dioses en su concepción, los humanos solo pueden ser lo que son.

Al mirar atrás empezó el lecho sombrío, una revolución, una acción sobre cuerpos que yacían en un terreno baldío, luego el vacío, luego el afán por depurar el río y finalmente la fórmula para cosechar sin sembrar y todo en un solo sentido. No hay perdón ni olvido y la magia de la complejidad reside en que el azar no es tan azar cuando cobra cuentas del pasado vivido.

Las ganas de poseer lo hacen perder en el mar de lo que fue. Se sienta a admirar el metal precioso, resultado de un proceso doloroso, el cielo demarca un verano caluroso y tras su ventana, una imagen un poco menos apocalíptica que la venida de lo divino y poderoso. No se da cuenta de nada, se concentra en su insignificante mundo gaseoso y se siente vigoroso, controlador de lo indomable; la antesala de un epílogo lamentable.

En el norte la tierra se manifiesta, un movimiento que devasta y otro que detesta. En el sur, sube la marea por metros en la playa, algo que raya con el apocalipsis de la cultura maya; ciudades bajo el agua. En el oriente, bosques caen ante el calor inclemente por millones, se expanden las fronteras invisibles, pero indetenibles sobre las llanuras de los aluviones. ¿En el occidente? Nada diferente, el caos se camufla entre la gente y hace que le voten por crecer económicamente mientras juega con los hilos del planeta, un juego mortal de receta, cóctel molotov y a dormir donde nunca más se despierta.

Le siguen desde antaño y año tras año el otoño parece más y más castaño. Quizá víctima de su propio invento, quizá sumido en el último intento o quizá el viento en diez años cambie su dirección para no volver más con el tiempo. La complejidad de lo minúsculo se convirtió en un problema mayúsculo porque de enero a enero ya no hay cero y la lucha por ser el primero en una búsqueda sin precedentes en el mundo entero para detener el avance de la muerte en el aire como veneno. Ya vemos que, aunque queramos sentirnos grandes no hay enemigo pequeño.

Las selecciones naturales dirán algunos, las codicias desbordadas dirán otros, el ABC de una muerte anunciada con decenas de episodios, pero el podio definitivamente es el sueño por alcanzar las estrellas en masa cuando ni somos capaces de poner orden en casa. Marte, el siguiente objetivo. ¿Llegaremos vivos? Un deseo intempestivo por desafiar lo atractivamente peligroso, las ganas incesantes de escapar cuando el futuro parece borroso a un lugar menos pavoroso tratando de ser dueño del futuro con un pasado espantoso.

 

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César Augusto Guapacha Ospina
Estudiante de Administración Ambiental en la Universidad Tecnológica de Pereira. Integrante Panel Radial Ambiente al Aire. Convencido de lo correcto, apasionado por la política y la economía.