¿Hace usted parte de una secta?

Opina - Sociedad

2016-11-06

¿Hace usted parte de una secta?

Desde hace algún tiempo he venido reflexionado acerca de lo peligrosos que son los fanatismos. Muchos nos quejamos de los fanatismos religiosos o del terrorismo, sentenciándolos sin piedad, no percatándonos de que podemos estar siendo parte de una peligrosa secta. Desde luego, no me refiero al eventual surgimiento de una secta en oposición a estas corrientes, sino a algún otro tema con el que seamos afines pasionalmente.

Con esta ola new age, con el arraigo del relativismo y del pregono de la libertad de expresión, han surgido corrientes ambientalistas, vegetarianistas, feminazis y animalistas –sólo por poner pocos ejemplos- que desde luego ya venían operando hace muchísimo tiempo pero que con el paso de los días y de la transformación de estos tópicos en modas y tendencias, se han convertido en todas unas religiones de la era contemporánea.

Nada más esta semana se celebró el día mundial del vegetarianismo, ya que cada 1 noviembre desde el año 1994, se conmemora esta fecha a nivel mundial. A algunos activistas de PETA en Londres (Personas por el Trato Ético de los Animales) se les ocurrió hacer un performance en el que varios seres humanos eran degollados tal y como si estuvieran en un matadero.

Las imágenes son perturbadoras por el simple hecho de saber que en algún momento, este tipo de expresiones podrían pasar al plano real por parte de fanáticos, pues el extremismo consiste justamente en imponer mi visión del mundo a como dé lugar y, para ser sincero, yo no estoy de acuerdo con que bajo el pretexto de apoyar una causa, se caiga en el fanatismo. Como bien sabemos, los extremos son peligrosísimos porque pueden generar violencia y hay que guardar un sano equilibrio entre lo que consideramos aceptable o no a la luz de un consenso con el otro.

Llegar al extremismo, de eso se trata ser un degollador de humanos a favor del vegetarianismo, como pasa también con los amantes psicóticos de las mascotas. Hace poco conocí una fanática que criaba a un perro como si fuera su hijo, le celebraba el cumpleaños en restaurantes costosos donde lo sentaba en la mesa con carne a la plancha de primera categoría, lo tenía en guardería y lo mandaba a spa. Su fanatismo era tal  que prohibía tajantemente que niños –humanos- entraran a su casa porque “ponían nervioso” a su perrito.

La polémica se agudiza cuando se habla de maltrato. Esta semana se viralizó un video donde un pitbull y un hombre se encuentran enfrentados a muerte en Bolivia, luego de que el animal previamente atacara a su esposa y a su hija y las lesionara gravemente. Hice una revisión de los comentarios de la gente en portales de noticias con respecto a este caso y muy pocos defendían al sujeto en cuestión, atribuyéndole a su acción un asunto de defensa personal; mientras que los otros lo sentenciaban, insultaban, pedían denunciarlo o deseaban que él también fuese atacado a machete para que sintiera lo que sintió su contrincante. Bajo esa lógica, imagino que lo correcto era dejarse matar por el pitbull.

Estoy convencido de que la domesticación de las mascotas, atribuirles características humanas, sacarlos de su hábitat, hacerlos renunciar a sus olores y formas naturales, darles comida creada por humanos que parece cereal, sentarlos y vestirlos como humanos, es respetar mucho su naturaleza -aunque parezca más un adoctrinamiento-. El tipo de gente que hace eso es la que en un incendio salvaría a un perrito en lugar del hijo de la vecina o de la hermana, la misma gente que no da para comer a una persona de bajos recursos o a un niño que le pide un pan, la misma que cree que la violación de una niña, la pobreza mundial o la miseria humana no son tan importantes, porque “todos podemos hacer algo para salir adelante, en cambio los animales son indefensos”. ¿Puede un fanatismo llevarnos a ese grado de lo inhumano?

Si nos fuéramos al sentido extremo de estos miedosos fanatismos, entonces tendríamos que evitar asesinar una cucaracha o incluso a un zancudo, por muy insectos que sean o ¿ellos no sienten? ¿Vamos entonces a aplastar humanos para que sientan lo que siente una cucaracha al morir? Yo le solicitaría ayuda al Estado Islámico, todos podemos dar fe de que ellos degollan mejor.

Fanatismos extremos me han permitido escuchar tesis que afirman preferir que los carros particulares no existan –desde el ambientalismo-, que los hombres sean por fin los subyugados de las mujeres –feminazis- que las personas puedan contraer matrimonio con sus mascotas –animalistas- o que todos los que comen carne sean sometidos a la misma muerte que los animales –veganos-. Miedosas afirmaciones que toman cada vez más fuerza por el ánimo de imponer una sola visión del mundo amparados en lo “éticos y racionales” que deberíamos ser.

La verdad es que ni la industrialización del sufrimiento ni la contraparte propuesta por estas corrientes es más racional que la otra: son la fórmula inversa que sólo contribuye a perpetuar los mismos actos inhumanos que tanto se sentencian.  Es que ciertamente matar animales está mal (empezando porque como humanos también somos animales), al igual que talar árboles y acabar con los recursos naturales,  subyugar a un género sobre otro o maltratar a una mascota; desde luego no haría apología a esas acciones, sin embargo, le temo más al fanatismo y al extremismo que a lo otro por sí mismo.

Lamentablemente, muchas defensas por causas justas se han tornado, a lo largo de la historia, en una contraparte de eso que defienden. Se han vuelto un cara y sello que sólo les atribuye iguales o peores características que aquello de lo que están en contra.

Muchas investigaciones coinciden en que el hombre puede encontrar las proteínas y minerales necesarias para vivir sin necesidad de consumir carne animal, tal vez hace falta pedagogía con respecto a ese arraigo cultural de comer carne, no violencia.

La ausencia de una educación frente a muchos temas, hace del veganismo, animalismo o ambientalismo radicales, unas peligrosas sectas constituidas por personas que a menudo predican, envían al infierno por comer carne o por tener carro particular y son sumamente intolerantes, creen que son los elegidos y están convencidos de que poseen la verdad absoluta. Sus causas están soportadas en el bien común, olvidando que un “bien común” existe cuando todos en efecto lo consideran un “bien”, no una imposición.

Publicado el: 6 Nov de 2016

( 5 ) Comentarios

  1. Amigo Carlos, respeto mucho el temor que sientes por los fanatismos, yo misma les temo mucho, y como vegetariana (en proceso de volverme vegana) también temo muchas veces por las afirmaciones de algunos veganos al decir que los que consumen carne deberían ser torturados y asesinados. Evidentemente la solución nunca será más violencia, pero si te pareció perturbador el performance de la manifestación no fue porque pensaste que esto podría llegar a un plano real, sino porque de hecho lo es, es real cada día, cada minuto, pero con animales NO HUMANOS. Soy consciente que fuimos criados de una manera distinta y que la carne es vista como un alimento y es muy difícil cambiar esa mentalidad de todas las personas, por no decir imposible, pero si no se quiere hacer parte del cambio, pues al menos podrías aportar NO ATACANDO. Y no lo digo solo por el veganismo, utilizar la palabra FEMINAZI también es una manera de atacar un movimiento que lleva siglos y que de a poco ha generado cambios. Es obvio que los extremos son malos y que la gente que intenta ser parte de algo por el simple hecho de ser tendencia y moda hace que el mensaje llegue de maneras equivocadas. Pero claramente no tienes mucho conocimiento sobre qué trata cada movimiento o «secta» como les has dicho porque si fuese así no estarías atacándolas con frases tan absurdas como «entonces tendríamos que evitar asesinar una cucaracha o incluso a un zancudo, por muy insectos que sean o ¿ellos no sienten? ¿Vamos entonces a aplastar humanos para que sientan lo que siente una cucaracha al morir?» Te invito de verdad a que investigues un poco más y conozcas muchos más veganos en tu vida porque en los medios tradicionales seguro vas a encontrar aspectos extremos, pues son los que venden, te lo dice una mujer feminista vegetariana y comunicadora social, igual que vos.

    • Respetada Carolina, gracias por leer mi escrito. Quiero decir que tengo varios amigos y amigas veganas, como también un par de feministas. Podemos convivir con tranquilidad, tenemos una buena relación. Mi articulo, contrario a atacar a quienes quieren seguir cualquier tipo o estilo de vida, se centra en los excesos ideológicos, los sesgos, la pasión fanática. Lamento que mi escrito pueda llegar a ofender con la expresión «feminazi», pero al ponerme en los zapatos de una feminista que no busque radicalismos, ni imponer su género y sexo sobre el opuesto, ni «voltear» la torta, estoy convencido de que la expresión no la ofendería, pues… por decirlo coloquialmente: «no le cae». La lucha feminista, al igual que la lucha por los derechos LGBT tiene muchos matices interesantes, cómo también el ambientalismo, o el veganismo. Maravillosas posturas desde lo ético, siempre y cuando no se conviertan en corrientes extremistas, algo así como la homofobia, el racismo, la xenofobia o incluso el terrorismo. Para terminar, sólo porque conozco a varias personas radicales en sus posturas con respecto a estas corrientes y porque he estudiado de cerca estos fenómenos ya que trabajo con comunidades, es que digo lo que digo, pero por lo que dices lo más seguro es que estemos parados en la misma latitud mirando con perspectivas distintas. Pdt: No encontré tu canal de Youtube, sería rico ver un poco de lo que haces. Saludo especial.

      • Hola Carlos, gracias por responder, puedes encontrar mi canal buscando en Youtube Ideas Veg. Tal vez encontrés cosas interesantes ahí. Un saludo.

  2. Ah! Y también youtuber como vos, enseño a cocinar sin derivados animales, por si te interesa 🙂

  3. Buen articulo, si algunos se ofenden creo que tiene mucha razón con los comentarios, ya que en algunos momentos cuando una persona vegana, animalista o una chica feminista hace sus comentarios, nos hacen sentir que llegaran a esos extremos… se que hay metáforas hiperbólicas en el texto, pero son buena comparación para los que no han tenido la experiencia de compartir largos ratos con alguna persona de dicho movimiento ideológico.

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Carlos Mejía
Comunicador, youtuber y columnista.