¿Es Colombia capitalista?

Nos encontramos en un sistema económico feudal donde los grandes poseedores de tierras han condenado al país a la improductividad.

Opina - Economía

2020-05-18

¿Es Colombia capitalista?

Columnista:

Simón Delgado Marulanda

 

En un país dividido entre petristas y uribistas la disputa de izquierdas y derechas es más que recurrente, alegando cada postura defender una ideología que acarrea consigo la protección de cierto modelo económico. De este “debate” se deriva que en Colombia aún no se supere la época de la Guerra Fría y se intente, vanamente, argumentar por alguno de los modelos económicos socialista o capitalista.

Tras esto, cabe generar un breve análisis en torno a si la argumentación de estas posturas es válida, pues la connotación de Colombia como un país capitalista no es del todo coherente, ya que la forma en que está montado el aparato productivo nacional deja mucho que pensar.

 

La mentira de la “gente de bien”

El capitalismo es un sistema basado en la libertad de la economía de mercado, esa interacción entre oferentes y compradores que determina el precio según las leyes de oferta y demanda; y es también el sistema del respeto a la propiedad privada como dueño de los medios de producción.

Sin embargo, el libre mercado en Colombia está secuestrado por un par de banqueros y empresarios que no dejan la exploración de nuevas empresas; además de tener un Estado que piensa en que esta libertad gira en torno a firmar TLC como si no hubiera un mañana. Por otro lado, el respeto a la propiedad privada se ha defendido con sangre y bala a costa del desplazamiento forzado, y el despojo de tierras que han dejado como resultado grandes extensiones improductivas que, como propiedad privada dentro del sistema capitalista, no generan riqueza, vaya contradicción.  

Hablar de capitalismo en este país es una utopía, planteemos el hecho de que en Colombia seguimos bajo el sistema feudal al mejor estilo de la Edad Media.

Al momento de declararse la independencia, la Nueva Granada presentaba rasgos muy consistentes con el feudalismo. Como consecuencia de la mita y la encomienda, aparece un grupo social que acapara la tierra, y otro condenado a trabajarla en beneficio del primero.

La concentración de la tierra en Colombia es la principal causa de la violencia interna, pues el acaparamiento de grandes propiedades ha generado una profunda desigualdad que al pasar de los años se va agravando por la falta de reformas agrarias integrales que redistribuyan la tenencia de esta.

Según el Censo Nacional Agropecuario “Radiografía de la desigualdad”, realizado por Oxfam, en Colombia la concentración de la tierra es del 81 %, es decir, tan solo un 1 % de fincas tienen en su poder el 81 % de la tierra colombiana, mientras tanto, el 19 % restante —que produce el 78 % de los alimentos que llegan a la mesa de los colombianos— se reparte entre el 99 %  de las pequeñas fincas.

Este informe, junto con el índice de concentración Gini de tierras que, para Colombia es del 0,91 (siendo 0 poca, y 1 alta concentración de tierras), nos deja con el vergonzoso puesto de ser el país más desigual de América Latina en la distribución de la tierra, y el quinto en todo el mundo.

De las 115 millones de hectáreas que tiene Colombia, 44 millones (38,6 %) tienen uso agropecuario, mientras que 65,2 millones (56,7 %) se mantienen con superficies de bosques.

Lo que tenemos entonces son unos cuantos señores feudales que dicen ser capitalistas por tener grandes latifundios improductivos como propiedad privada, con unos siervos (campesinos) a los cuales les pagan miserias por administrar una parte de esas hectáreas. Al contrario de la lógica capitalista, estas personas no están generando producción y, mucho menos, riquezas; lo preocupante es que al aparato productivo agrícola es uno de los motores de nuestra pobre economía y como vemos, es poco lo que se está explotando, pues nuestros capitalistas han preferido dejar esas miles de hectáreas sin aprovechar.

Mucha de esta tierra fue robada a campesinos desplazados (8 000 000 de desplazados tiene Colombia) por el paramilitarismo y las guerrillas; luego fue vendida a políticos y grandes terratenientes, de ahí viene que varias personas estén en contra del Programa de Restitución de Tierras de la JEP, debido a que cuando los ‘paras’ y los guerrilleros cuenten la verdad, la Corte entrará a verificar quién es el verdadero dueño de esas tierras y, con esto, a muchas personas les tocará devolverlas.

Ahora bien, ¿qué entendemos por libre mercado? A los colombianos nos han dicho que los TLC son la lumbrera económica con la cual los denominados países del tercer mundo se podrán codear con las grandes potencias para generar un intercambio de productos.

Hoy nuestro país tiene firmados 16 TLC, de los cuales solo se beneficia de tres. La balanza comercial es deficitaria, hay mayor cantidad de importaciones que exportaciones.

Los datos son dicientes. Tan solo tres acuerdos: con la CAN, el Triángulo Norte y Chile son favorables para Colombia. 

No obstante en los 13 restantes es mas lo que compramos que lo que nos compran. Por ejemplo, según la revista Dinero, con México las importaciones superaron los US53.000 millones entre 2001 y 2017, en tanto que las ventas de productos colombianos apenas totalizaron US 11.600 millones en este lapso, para un déficit cercano a US$42.000 millones. Con Canadá, las importaciones duplican las exportaciones y con Estados Unidos, que es el principal socio comercial de los productos colombianos las cifras son muy parecidas. Mientras se exportan US$86.600 millones, se importan US$88.400 millones.

Los TLC cogieron al país con una producción obsoleta, casi ninguna inversión en investigación y desarrollo, gran parte de nuestro empresariado incapaz de innovar, empresas que tuvieron monopolios en una economía cerrada al comercio internacional por años, y un feudalismo desmesurado que ha impedido el desarrollo agrícola del país.

Uno de los datos que sorprende es que según las estadísticas presentadas por la DIAN, los productos alimenticios son los que más se importan en el país. Por ejemplo: en el 2018 ingresaron a Colombia 45 mil 256 toneladas de derivados lácteos por un total de USD 107,5 millones, esto en un país con 15 millones de hectáreas aptas para ganadería, aunque la actividad está presente en más de 34 millones de hectáreas; el maíz es el cuarto producto con mayor relevancia en las importaciones del país; en el 2018 las compras externas crecieron en un 15.7 %, superando los 958 millones de dólares, siendo Estados Unidos nuestro mayor proveedor. Esto sucede mientras tenemos un país con 22 millones de hectáreas con capacidad para cultivar y donde tan solo seis millones están destinadas para dicho uso.

Con estos datos reitero mi posición: nos encontramos en un sistema económico feudal, muy lejos del ideal capitalista, donde los grandes poseedores de tierras han condenado al país a la improductividad, pues teniendo la capacidad para explotar la agroindustria, han preferido acaparar tierras sin generación de riqueza, dejando a Colombia sin nada que ofrecerle al mundo con sus TLC, obligando a comprar productos que aquí mismo podemos producir e incluso exportar.

Lo que ha mantenido a flote el pseudocapitalismo criollo ha sido la dependencia de los commodities, esos productos sin procesar destinados para uso comercial (materias primas), en Colombia han sido dos principalmente: el café en la época de los 70, y los hidrocarburos desde 1990. El peligro de depender económicamente de estos productos es grande, pues sus precios son dados en el exterior y su volatilidad es frecuente, monopolizar la economía en commodities (como lo han venido haciendo los últimos Gobiernos) representa un peligro porque cuando los precios de estos caen, el país no tiene otra actividad de donde subsidiarse.

Vamos finalizando con las palabras del columnista Luis Carlos Reyes: “¿Libertad de mercado? Trate de abrir un banco, de traer al país el modelo de financiación colectiva de proyectos (crowdfunding) o de invertir sus ahorros y pensiones en el extranjero, como puede hacerse en las economías verdaderamente capitalistas. Se va a encontrar con tantos obstáculos —todos muy serios y ponderosos, claro— que le va a parecer que la regulación está diseñada más para proteger la rentabilidad de un par de grupos financieros que para proteger la estabilidad financiera del país”.

El chiste del capitalismo colombiano – El Espectador.

Latifundios improductivos sin generación de riqueza, TLC con balanzas comerciales deficitarias, aparato productivo atrasado, dependencia de commodities y monopolio del capital en unos pocos banqueros y empresarios, es a lo que la derecha llama CAPITALISMO. Qué equivocados estamos. Ojalá viviéramos en un verdadero sistema capitalista y no es un Estado feudal con unos cuantos hacendados con ínfulas de grandeza que evaden impuestos y se hacen llamar “gente de bien”.

 

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Simón Delgado Marulanda
Digo algunas cosas que en Colombia son políticamente correctas.