¿En Colombia existe la democracia?

No cabe duda de que las democracias actuales son inmensas máquinas impersonales manejadas por personas a las que parece importar más el poder que el bien público; pero, los ciudadanos que desean el cambio deben organizarse y trabajar a fin de lograrlo.

Opina - Política

2021-02-15

¿En Colombia existe la democracia?

Columnista:

Aurora Fulgoso

 

Dirigentes políticos en Colombia han querido disfrazar la democracia y sacarla a la opinión pública como una «democracia de admirar»; lo que no hacen visible son las múltiples fallas que presenta en un sistema egoísta y tiránico, como el nuestro, en el que los políticos priorizan sus intereses y solo buscan la obtención del poder.

Somos un Estado con instituciones legales (en su mayoría no legítimas), con un contrato social, Constitución Política o Carta Magna. Tenemos un soberano que debe cuidar de nuestra vida, velar por el bienestar de la misma y garantizar que los colombianos gocemos de derechos establecidos en la Constitución. Pero ¿esa es la realidad?

Las normas naturales de Hobbes no se visualizan en el pueblo colombiano, él, añade, que por naturaleza los hombres debemos organizarnos para garantizar la paz; sin embargo, el pueblo y sus gobernantes han hecho lo contrario. El 2 de octubre de 2016 se celebró un plebiscito, que haría legítimo un proceso de paz, donde ganó el «no»; es decir, la mayoría no estaba de acuerdo con la firma de un tratado de paz entre el gobierno y las extintas FARC. Esto resulta contradictorio en las postulaciones de Hobbes. Si el ser humano por naturaleza buscara la paz, le habrían dicho que sí a la finalización de un conflicto que duró más de 50 años por el que se derramó sangre de más de un millón de compatriotas.

En mí surgió una pregunta ¿era necesario el plebiscito? esta se la plantee a muchos jóvenes e incluso adultos que respondieron afirmativamente. Por lo que no estoy de acuerdo. El artículo 22 de la Constitución Política de 1991 refiere: «la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento». Es decir, no es necesario preguntar a los ciudadanos si la quieren o no; incumplieron ese artículo, porque los colombianos, por pasión o por razón, hemos decidido estar regidos a la Constitución, pues la ciudadanía no ha solicitado una nueva asamblea constituyente para organizar un nuevo contrato.

Ahora, pasando a la elecciones presidenciales, los colombianos tenían la oportunidad de elegir a un candidato que estuviera a favor de la paz. Duque ahijado político del principal exponente el «no», ha sido elegido, acabando con el acuerdo de paz. Aun así, los colombianos quieren seguir el mismo camino; volviendo a infringir las leyes de la naturaleza.

Desde tiempos inmemorables se ha evidenciado que la sociedad colombiana ha estado involucrada en guerras políticas; estas que causaron el debilitamiento del tejido social que hoy en día necesitamos tanto. Hobbes describe el Estado de «todos contra todos». En nuestra realidad sería «colombianos contra colombianos». El Estado, por más leyes o actos legislativos que este promueva, nunca será capaz de garantizar la vida misma ni la ley de la naturaleza o que se cumpla lo estipulado en la Constitución colombiana; los derechos a la vida y la paz.

Se evidencia en el caso de Javier Ordoñez, asesinado por dos policías, cuando el deber de los agentes es proteger a los colombianos. Son muchas personas que día a día están siendo asesinadas a manos del Estado, guerrillas, policías, vándalos, entre otros.

Las condiciones geopolíticas de Colombia son perfectas para vislumbrar las dinámicas de poder que Maquiavelo describe, pues el ausentismo de Estado hace que gran parte del territorio nacional pueda ser conquistado. Dicho ausentismo ha permitido el crecimiento de la corrupción y la delincuencia. La corrupción es el pan de cada día y no debería extrañarnos. Anteriormente, debido al ausentismo político ha hecho que candidatos alcancen el poder con el patrocinio del narcotráfico, para que el flujo de dinero y aportes para campaña política continúe entrando.

Es decir, la clase política colombiana no gobierna con el pueblo sino con la élite (la nobleza en términos maquiavélicos) y el ordenamiento territorial ha creado las condiciones perfectas para que solo mediante el uso de la fuerza, de las apariencias y de la correcta administración de las necesidades del pueblo, les alcance para mantener el poder.

No basta añadir la relación que tuvo el presidente colombiano con el ‘Ñeñe’ Hernández, este fue un criminal, narcotraficante y lavador de activos; él tenía fotos en campaña política con el expresidente Álvaro Uribe e Iván Duque, en las que le llamaba «mi hermano», y mediante unas llamadas se demuestra que le ayudó a Iván Duque en la compra de votos. ¿Cómo un presidente puede mantener una relación de amistad con un narcotraficante?

Muchos gobernantes que llegan a la «cima», suelen ser auténticos maestros del arte del engaño, la mentira y las apariencias. Tienden a ser personas sistemáticamente deshonestas con gran capacidad para no ser percibidas como tales. Buena parte de su trabajo consiste en competir por realizar promesas que no pretenden cumplir.

No hay más que leerse el programa electoral actual de cualquiera de los partidos políticos que hoy pugnan por el poder a fin de darse cuenta de que no son otra cosa que artificios destinados a engañar al ciudadano con el único objetivo de hacerse con el poder político, comprando el silencio de los ciudadanos por las dádivas o las amenazas; porque, el poder seduce o aplasta, los partidos políticos han incorporado el temor en los ciudadanos para que elijan a los candidatos que a ellos les conviene.

Maquiavelo aconsejaba al gobernante cuando conviniera promover el miedo entre la población, e incluso hacer uso de la fuerza bruta y mantener el poder, un claro ejemplo es Álvaro Uribe, quien, a su vez, desde su Gobierno impulsó la candidatura de Santos con la finalidad de preservar la continuidad de su política. Ese círculo de tres personas cobra hoy enorme importancia; en cuanto a Uribe y Santos se había enzarzado en los últimos años en una constante confrontación por las políticas antagónicas que cada uno defiende. Duque asume hoy un papel similar al de Santos, como el ungido por Álvaro Uribe, con la finalidad de retornar al poder.

Tocqueville subrayó en todos sus escritos los peligros inherentes a las dinámicas de poder, haciendo suya la legendaria frase de su amigo Lord Acton: «el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».

La duda primordial que deberíamos hacernos es: ¿estamos arrastrados inevitablemente a un tiránico egoísmo individualista o la democracia podrá tener redención que nos haga ser a todos ciudadanos libres?

Para Tocqueville la democracia no es solo un sistema legal mediante el cual las sociedades se organizan, sino también una cultura y una moral. De ahí que señalase a quienes se aprovechan del descuido de estos aspectos con el propósito de tratar de destruir la democracia, señalando que hay que ocuparse, pues de lo contrario triunfan los rufianes y corre la sangre.

No hay dudas de que la sociedad colombiana ha decidido su destino. Durante mucho tiempo hemos sido los causantes de nuestras propias desgracias, eligiendo malos gobernantes, para proceder a quejarnos por la desigualdad, la corrupción, la inseguridad, el desempleo, el mal sistema de la salud, las masacres, entre otros. Repitiendo de nuevo el mismo ciclo; la historia una y otra vez.

Mi invitación es a creer en un mejor país y en la democracia, sí es posible un cambio con la ayuda de todos. Es peligroso tener un sistema democrático si la gente no cree en él. Considero que lo que ha ocurrido es que existe una gran decepción con la calidad del Gobierno de muchas democracias incluyendo Colombia, particularmente en relación con el tema de la corrupción, porque a veces la democracia es la cura para la corrupción; pero también es la fuente de esta.

Los líderes democráticos necesitan ser elegidos y a veces la forma más fácil para ello, es sobornar a los votantes dándoles cosas, puestos o nombramientos a sus aliados políticos, y por lo tanto, no son capaces de otorgar un servicio público, convirtiendo al país en una completa tiranía.

No cabe duda de que las democracias actuales son inmensas máquinas impersonales manejadas por personas a las que parece importar más el poder que el bien público; pero, los ciudadanos que desean el cambio deben organizarse y trabajar a fin de lograrlo, no dejar todo en manos de extremistas o de «grandes salvadores» que les prometen transformar el sistema. Los ciudadanos, que se dejan llevar demasiado deprisa por «esperanzas y promesas deslumbrantes», a menudo se encuentran después con que «bajo la superficie se esconde la ruina de la república».

Necesitamos un momento de cambio donde parte de la ciudadanía reivindica una nueva manera de hacer política sin ataduras, sin préstamos, sin favores: política ciudadana por y para las personas; un verdadero Estado social de derecho.

 

Fuentes:

Botia Ruiz, J. C. (2015). Leyes naturales y civiles en Hobbes. 
Maquiavelo, N. (1971). El príncipe. Ediciones Ibéricas y LCL.

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Aurora Folgoso
Persistente, resiliente, sincera y ética. Cuatro palabras que me definen. Soy estudiante de comunicación social y periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe (quinto semestre). Me apasiona la redacción en el ámbito político. Soy una mujer que no se rinde y persiste hasta alcanzar mi objetivo, inclinándome por el lado de la verdad, defiendo las injusticias y otorgo voz a los que no tienen para aportarles visibilidad; cualidad que un periodista debe tener.