Discurso, política y estrategia

Las miserias humanas están a la orden del día. La lucha por el poder es a muerte. En esto hay mucha gente de la cual el actual orden social les ha sido bastante benéfico y bueno, lo que funciona no se cambia.

Opina - Política

2022-06-16

Discurso, política y estrategia

Columnista:

Juan Carlos Lozano Cuervo

 

Una cosa es el discurso y otra, la política. Empecemos por decir que, todo político en campaña busca vender un proyecto y para eso recurre al discurso, sería complicado apelar a uno que no «venda» un mejor mañana cuando lo que se busca es cautivar o seducir al elector. Pero lo primero, no necesariamente se logra en lo segundo, es decir, como diría mi abuela: del dicho al hecho hay mucho trecho.

La política, como se entiende por acá, pasa por la lógica del gamonal y demás. Lo que hace urgente desacralizarla, en especial, reconociendo lo que verdaderamente es: una puja por el poder. A la misma encrucijada se enfrentó el país cuando en la época del plebiscito se decía que la implementación del acuerdo haría posible la construcción de una democracia estable y duradera; no obstante, esa democracia que se vendía como resultado del acuerdo tenía que construirse con la misma clase política que venía de respaldar proyectos políticos que se la jugaron por la guerra contra las guerrillas.

La actual campaña a la presidencia parece sacada de un capítulo de la extraordinaria serie House of cards, de Netflix , con lo cual esa idea de lo virtuoso se cae de su peso ante la realpolitik. Y es que cada campaña hace sus apuestas y como bien debe saberse, tanto en política como en el boxeo se reciben golpes y la idea es atacar al contendor donde le duele, de lo contrario, solo se buscaría participar en la contienda sin vocación de poder o de ganar, en términos prácticos.

El problema en sí mismo no es la estrategia de cómo vencer al oponente. Lo complicado es la idea que se tiene de la política y de cómo se llega al poder. Si se recurre al purismo de buscar gente casi pura o, en su lugar, se ataca en el discurso a la vieja clase política (ya sea llamándolos corruptos o, vendiéndose como el cambio) se termina por reconocer que sin aquellos simplemente no se llegará al triunfo. Pero hablábamos del problema y aquel está en un asiento de tres patas: la primera, pensar que la política es un arte ligado a la virtud. La segunda, pensar que los cambios son totales cuando en realidad son parciales y la tercera: está concentrada en tomarse los discursos de manera literal. Si la idea es vender un producto, pues la grandilocuencia está asegurada.

La política está atravesada por la idea de pactar con el otro. Y en principio ese otro, es el diferente. Es el contrincante. Se pacta para gobernar, de ahí que, el purismo y su idea de almas nobles que vagan por el mundo de lo perfecto quede atrapada en las reflexiones abstractas de muchos teóricos del reino de las humanidades. Lo real es que no tenemos ángeles en el Congreso, tampoco en los concejos municipales ni en las asambleas departamentales, ah, y tampoco en la calle. O aceptamos nuestra naturaleza humana ligada a lo imperfecto o, seguimos debatiendo en lo meramente abstracto.

Las miserias humanas están a la orden del día. La lucha por el poder es a muerte. En esto hay mucha gente de la cual el actual orden social les ha sido bastante benéfico y bueno, lo que funciona no se cambia. Mientras, otros a la manera de los condenados de la tierra, aspiran y sueñan con un cambio. Desde ya habrá que decirles a todos aquellos que venden el cambio, que aquellos son parciales, esto para evitar malestares futuros.

Colombia está ante una encrucijada tenaz. A falta de días para las elecciones, la bruma se apodera de todo. La idea es acabar con la legitimidad del contrario ante la ausencia de ideas y claro, de candidato. Tenemos entonces que entender la dinámica de la lucha por el poder, de lo contrario, seguiremos negando nuestra humanidad buscando arcángeles en la política en lugar de seres humanos dotados tanto de razón como de intereses particulares. Finalmente, el colega filósofo Carlos A. Duque, me recuerda la frase de Nicolás Maquiavelo, el «padre de la Ciencia Política», que para puros y santos están los monasterios y los conventos, la política hace parte de lo humano, de lo colectivo, que siempre será luz y sombra, cumbre y abismo.

 

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Juan Carlos Lozano Cuervo
Esposo, padre de una cachorra. Profesor, abogado y magíster en Filosofía.