Despedidas necesarias e improbables

Duque actúa de mala fe al recriminar y sancionar a los ciudadanos por eludir la cuarentena y no construir condiciones sociales que permitan resguardarse de la pandemia. 

Opina - Política

2020-05-11

Despedidas necesarias e improbables

Columnista:

Christian Camilo Galeano Benjumea

 

En las escuelas rurales cada año se juega a la democracia, emulan unas votaciones, eligen un presidente del Gobierno Escolar y, en ocasiones, lo destituyen. Los niños se organizan para elegir un líder que coordine actividades, enfrente los problemas y busque soluciones a las dificultades con los profesores; en estas elecciones hay líderes con vocación, otros movidos por llamar la atención se lanzan en pequeñas campañas políticas. Al igual que la política tradicional, muchas personas llegan a los puestos de poder auspiciados por otros personajes, pero sin el liderazgo y el conocimiento de la vida política, pasa en cualquier escuela rural, al igual que pasa con el actual Gobierno del presidente Duque.

Los niños de esta escuela rural (que sirven de analogía) vieron en su momento cómo uno de los chicos una vez elegido de presidente solo alardeaba de su cargo con euforia, pasaban los días, las semanas y sus acciones como presidente nunca se vieron. En otro escenario, las acciones erráticas y cómicas del presidente Duque, hacen pensar en la falta de preparación del máximo líder del país, al tiempo que develan sus verdaderos intereses a favor de la banca y los grandes capitales. La actual crisis generada por la pandemia de la COVID-19, unida a los lamentables casos de corrupción alrededor de las ayudas humanitarias, solo sirven para evidenciar la incompetencia del presidente. No es exagerado pensar, entonces, en una posible destitución del actual mandatario y un cambio de rumbo en la dirección del país; sin embargo, este movimiento solo puede ser político y social, ya que la Constitución, de manera conveniente, no contempla la posibilidad de destituir al presidente a través de un referendo o consulta popular. 

Al oír hablar todas las noches a Duque en un tono misericordioso, esperando que la Virgen de Chiquinquirá nos proteja o se cante el gol que anuncie la victoria sobre la pandemia, sentimos un poco de compasión por él y lástima por nosotros. El presidente es un burócrata de tradición familiar que repite una y otra vez “cerco diplomático” o “aislamiento inteligente”, esperando cambiar la realidad, en vano. Cómo no sentir conmiseración por un presidente que ni con la tutela de su figura paterna (el senador Uribe) puede solucionar los problemas u ocultar los escándalos de corrupción y narcotráfico que emergen a su alrededor. Duque funge como el niño que fue elegido para resaltar en el cargo, impulsado por otros que lo querían ver en una posición de mando y a favor de unos cuantos.

Del otro lado, en la escuela algunas niñas sorprendieron a todos, incluso al profesor, al exigir la destitución del presidente del Gobierno Escolar, alegando que no había cumplido nada de su plan de trabajo. Alzaron la voz, y sin saberlo, dieron pasos que las acercaron a uno de los principios fundamentales del pensamiento racional, a saber, pensar por sí mismas. Iniciaron el proceso tortuoso de analizar por su cuenta la realidad, exigirle al otro, debatir y pedir un giro en la Presidencia. Estas acciones infantiles en esa pequeña escuela anclada en las montañas se enmarcan en la tradición del pensamiento racional que se da cuenta que no basta con los discursos, es preciso la coherencia entre el decir y el obrar. De ahí que las niñas buscaran la forma de hacer un proceso de destitución del presidente del Gobierno Escolar; las partes tuvieron la posibilidad de argumentar a favor o en contra, se escucharon, juzgaron y se votó. Al final, aquel joven promesa de la política fue destituido. En medio de esos cafetales se cumplió con otro difícil principio de la racionalidad, el escuchar al otro y pensar colectivamente.

En ocasiones los niños y el campo dan lecciones de racionalidad a la ciudad y abren interrogantes ¿A caso no será necesario dar cabida a posibles destituciones de la figura presidencial? Más, cuando muchos de los que han ocupado la Casa de Nariño han hecho del país un negocio conveniente donde la burocracia y pequeños sectores económicos se han enriquecido dejando a un lado problemas que afectan a un grueso de la población. La actual pandemia es la ocasión para pensar y enfrentar problemas como la pobreza, el hambre, la violencia, entre otros, que nuestra cotidianidad ha normalizado.

El primer paso quizá sea, como lo hicieron aquellas niñas, hacer un uso público de la razón y expresar la inconformidad ante la inoperancia del Gobierno y el cinismo de la corrupción. Hacer evidente la contradicción de ver a los pobres enfrentarse al hambre y a la clase media al riesgo asfixiante de perecer ante las deudas, mientras el Gobierno juega a sacar y sacar decretos, mientras la corrupción devora los recursos para enfrentar la pandemia. Duque actúa de mala fe al recriminar y sancionar a los ciudadanos por eludir la cuarentena y no construir condiciones sociales que permitan resguardarse de la pandemia. 

Ante esta comedia que es representada por el presidente queda la posibilidad de tomarse al ágora digital, para manifestar el inconformismo y el rechazo ante el mandatario nacional y líderes locales. Las niñas de la escuela se manifestaron, opinaron, pensaron por sí mismas y actuaron. En un caso a escala mayor, como lo es el de toda una nación, es importante el rechazo generalizado que pueden hacer las personas en las redes sociales e invitar a hacer algo más.

Jugando con la imaginación y el deseo uno podría hacer la pregunta: ¿Quién puede ser la persona encargada de tomar el rumbo de Colombia ante la salida del presidente Duque? No hay que hablar de nombres propios, en este caso quizá sea mejor pensar de manera inusual y llamar a la comunidad, fomentar las organizaciones barriales, campesinas, obreras; para que con ellas se coordine y enfrente a pequeña escala y, desde muchos frentes, la pandemia y la corrupción. Articular los trabajos comunitarios con las fuerzas institucionales para tener una mayor efectividad en esta lucha por la supervivencia. De esta manera, la pandemia puede ser la excusa para crear los vínculos comunitarios con los otros (ciudadanos, campesinos, obreros), evitando caer en la apatía y la desesperanza que trae que consigo el aislamiento.

Pensar a contra corriente es la tarea durante esta pandemia, eso implica dejar atrás la visión moderna de un sujeto individual que busca salvarse solo a sí mismo, urge pensar y actuar en términos colectivos. Pero este ejercicio no es abstracto, es una labor práctica que se debe dar en los pequeños contextos comunitarios. En ese orden de ideas, la pandemia permitiría cambiar la idea sujeto actual (individualista), por un sujeto más complejo, consciente de su individualidad e insertado en una comunidad.

Solo hay algo claro, la necesidad de pensar el país y las múltiples realidades que lo tejen, al tiempo que darles la voz a las personas desde diferentes lugares para expresar el inconformismo y el deseo de cambio, sean los niños de una escuela rural o la ciudadanía de un país. Así, con una ciudadanía atrincherada, pero crítica, podemos exigirles a nuestros líderes acciones concretas ante el caos y generar el momento oportuno para decirle adiós al presidente Duque.

 

( 5 ) Comentarios

  1. Replymanuel londoño londoño

    La destitución presidencial sería una gran oportunidad que tuviéramos los colombianos para descansar de este inepto de Iván Duque.

  2. Replymanuel londoño londoño

    Una idea mía puede ser que los sectores de oposición se apersonen del tema, las ongs, y o propongan públicamente con reuniones en los barrios,los pueblos y ciudades.

  3. Replymanuel londoño londoño

    Toca hacer algo, pues estamos gobernados por la mafia.

  4. Si los Colombianos nos unimos hacemos valer nuestros votos, que fueron legales haríamos cumplir la Constitución, que el papá político de este títere la cambió como quiso, en verdad creo que la oposición debería actuar con mayor peso, proponer sacar al presidente por lo mal que ha llevado a este país, y degar un presidente para que los corruptos lo piensen dos veces cuando quieran hacer sus fechorias

  5. El problema no es sólo Duque, hay que sacar esa casta de políticos y ricachones corruptos que son quienes realmente mandan en el país!

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Christian Camilo Galeano Benjumea
Licenciado en filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira, candidato a magister en filosofía de la Universidad de Caldas, columnista, lector e investigador.