COVID-19, una eventual transformación del Estado y los modos de producción

Si el confinamiento nos hace más reflexivos podríamos estar ante una transformación radical del Estado y, de la economía, por la vía pacífica.

Opina - Economía

2020-04-16

COVID-19, una eventual transformación del Estado y los modos de producción

Columnista:

Pedro Emilio Villamizar Flórez 

 

La sociedad convulsiona porque los humanos se ahogan mientras que el mundo por fin puede respirar, no es para nada una paradoja, son las consecuencias del demo – liberalismo y neoliberalismo que lleva por premisa que los recursos son infinitos, y así los humanos generan un sistema de valor metafísico (el dinero) en virtud del cual se prescinde de lo real, pues en estos tiempos de crisis aflora la inexorable verdad de que los auténticos recursos no son los del mundo de las ideas, son los elementos que sustentan la existencia de los seres, tal como los concibe la biología moderna, error ideológico que hoy la naturaleza nos enrostra. 

La precitada premisa sirve de piedra angular del sistema económico neoliberal, que solo sería insuficiente, pues necesita el respaldo institucional por parte del deformado sistema democrático que, lejos de representar el bienestar común, se ha convertido en un mercado de votos y consciencia, donde los eruditos y las personas que jamás se han interesado por el desarrollo humano o por algo más que en sí mismos, tienen las mismas prerrogativas para conformar el Gobierno; error que ya Platón advertía sabiamente, toda vez que la democracia es una falacia, la ad populum, el lector que esté a la vanguardia de las transformaciones sociales fácilmente advertirá que no es así del todo, teniendo en cuenta la relación intrínseca entre los axiomas que surgieron con la Constitución de Bonn de la R.F.A. y los ordenamientos jurídicos posteriores, aun así, el problema de la democracia y los demagogos está lejos de resolverse. 

Ciertamente nos enfrentamos a una situación sin precedentes, vivíamos en la “aldea global” ignorantes de los riesgos que conllevaba, y ahora la globalización nos ha traído un invitado inesperado e inoportuno, ¿realmente inoportuno?, quizá no, pues cada crisis es una oportunidad de reinventarnos, no hay que olvidar que a mediados del siglo 15, de la era común occidental, la Horda de Oro asedió con cadáveres infectados de la peste bubónica la ciudad de Caffa en la península de Crimea (actual Ucrania), desde allí la enfermedad recorrió los puertos del mar Mediterráneo y se expandió vertiginosamente por Europa, después del primer brote de la peste negra que mató a casi un tercio de la población europea, se vinieron una serie de reformas sociales, culturales, económicas y un viraje en la cosmovisión individual y colectiva, entre lo que destaca el pensamiento revolucionario de Martín Lutero y Thomas Müntzer, un alba en el pensamiento que fue impulsado por lo que en principio parecía un apocalipsis, pero que realmente era lo que hacía falta para darle la patada final al feudalismo e iniciar una transformación del Estado y la economía, proceso transformador que conocemos ahora como renacimiento, y que plantó la semilla de la ilustración. 

Hoy podemos apreciar cómo los mercados se desploman, y la gente especula sobre el desabastecimiento. Resulta muy frustrante que la gleba de cretinos que nos gobierna sea incapaz de entender que las finanzas existen solo en sus mentes, pero los alimentos que se quedan en los estantes porque la gente no los puede adquirir (con el comercio paralizado no tienen ingresos) son bastante reales y, debido a esta desconexión de los gobernantes con la realidad, puede haber desabastecimiento y fallecimientos por falta de alimentos en un PAÍS AGRARIO, o una fuerte rebelión en contra del régimen constitucional a causa de su ineptitud en la gestión de recursos, pues es fácil prever que es más digno morir defendiendo los derechos humanos que enfermo en el piso o por desnutrición (con infinitos matices entre lo uno y lo otro, y quizá un escenario ecléctico). 

Me voy a atrever a hacer unas hipótesis de lo que posiblemente suceda. Si el confinamiento nos hace más reflexivos podríamos estar ante una transformación radical del Estado y, de la economía, por la vía pacífica; y, claro, al igual que lo ocurrido tras la peste de justiniano, también podríamos esperar un cambio de Gobierno; en este momento principalmente los estratos 1, 2 y 3 están solicitando ayudas económicas, pero no va a parar allí, pues la crisis lleva meses en naciones con infraestructura de salud adecuada; en este país de cleptócratas se extenderá con más fuerza. No se dejen llevar por el tecno-optimismo de que ya viene la cura, con el paso de los meses quebrarán los comerciantes de los estratos 4, 5 y 6, es inevitable, la proyección macroeconómica es bastante oscura. Cuando estos estratos colapsen, los servicios públicos irán siendo asumidos por el Estado, ya que toda la población, indistintamente de estratos (que no van a sobrevivir para el final de la crisis) va a requerir el acceso a lo que tanto le negaron a los demás, a un mínimo vital básico para la existencia humana, como la comida, salud, educación, vivienda y servicios públicos (si se hacen completamente públicos desaparecen los estratos), pues habrá vivido en carne propia el horror de convertir los derechos humanos en mercancías. Debo dejar claro que, para lo demás, soy partidario que se relegue al libre mercado, pero siempre bajo un estricto criterio de responsabilidad ambiental y social. 

Otro escenario plausible, aunque desagradable, es que la estupidez materializada en el ego se apodere de las mentes de las personas; en este punto resulta importante resaltar que el ego constituye una genuina muestra de estupidez. Antes de la Edad Oscura Griega, los Minoicos ejercían un control despótico sobre Ática y, cada cierto tiempo, los atenienses debían enviar jóvenes a luchar contra el minotauro en un laberinto en la Isla de Creta, cuando Teseo venció a la criatura y volvió a Atenas victorioso, su barco fue exhibido en la ciudad como un trofeo, pero con el desgaste natural del tiempo la madera de la que se componía se fue deteriorando, forzando a que cada cierto tiempo se restaurara una que otra tabla del barco; al cabo de unos siglos estaba restaurado por completo, ya no queda ni un trozo de la madera original, en ese entendido ¿sigue siendo el barco de Teseo?, si la respuesta es negativa ¿en qué momento dejó de serlo?, y eso mismo pasa con las ideas y a nivel celular con los humanos, pues las células cada cierto período son reemplazadas porque mueren. 

Si el ego y los deseos de acumulación de unidades metafísicas prevalecen por encima de la solidaridad y la lógica, existe una probabilidad (distinto a posibilidad porque implica primero que ha pasado; y segundo, que puede ser entendido en términos cuantificables) alta de que se imponga un Estado de excepción permanente, como en los tiempos del Estado de sitio y el estatuto de seguridad (un sueño mojado para el uribismo), en el que el Gobierno se excusa en el mantenimiento del orden público, mientras ejerce desmedidamente la disuasión para mantener los privilegios económicos a costa de las muertes por inanición y enfermedad, pues en este orden de ideas, el Gobierno irreflexivo y necio a lo notorio, prefiere sacrificar vidas antes que afectar el centro real de poder, aun con el perjuicio de la imagen del centro aparente de poder (el Gobierno central). 

Hago la salvedad de que el futuro no se puede reducir a dos hipótesis, pues ello sería falaz (el falso dilema), hay que tener en cuenta que existen infinitos matices y posibilidades. 

Para intentar formular una solución alternativa hay que tener claro que el ego, los deseos de acumular y la premisa de recursos infinitos son estupideces que amenazan la continuidad de la especie, como premisa debe sostenerse que no es el humano quien debe servir a la economía, sino que la economía, al ser una producción completamente ideológica y humana, debe servir a este. 

No es necesario ahondar en el estudio de la escuela austriaca, la de chicago, los keynesianos o el centralismo absoluto económico, pues si lo hago este simple artículo de opinión se convertiría en un libro (ahondaré en ello en el futuro cercano en otros textos) debido a la extensión y complejidad del tema. 

En aras de adoptar soluciones prácticas e inmediatas que representen un alivio real para la sociedad, no para la economía, debe analizarse esta en función de los beneficios repartidos a la sociedad y el impacto diferido por grupos y categorías, no como se hace ahora con análisis de estadísticas nominales que generan una sensación de progreso que viene más de la propaganda institucional y la ignorancia cultivada por el sistema educativo, que de la distribución real de los beneficios (así por ejemplo el PIB mide cuántos bienes y servicios se producen en un tiempo determinado, en un lugar determinado, pero no cuántas personas tienen acceso a esos bienes y servicios, que es el verdadero progreso, y no números que necesitan ser explicados con teorías complejas para generar la ilusión de abundancia en medio de la miseria). 

Del razonamiento precedente se tiene que resulta necesario simplificar factores económicos para equilibrar cargas sociales, con simplificar me refiero a sacar del mercado, pues al esquivar la mecánica de la oferta y demanda se pueden evitar resultados desagradables con elementos esenciales para la existencia nuestra y, también, para conservar el bioma; siendo así, resulta imperativo nacionalizar la banca que es tremendamente improductiva para la sociedad y el Estado, pero genera grandes réditos económicos, estas incoherencias deben acabar, no tiene sentido que el Estado subvencione a un particular para que otros particulares se endeuden con el que fue subsidiado a título gratuito y con plata pública, igualmente debe hacerse con la alimentación y con los servicios públicos, al menos en un principio para evitar un cambio de Gobierno violento. 

Otro avance importante que debe impulsar el Gobierno, es un modelo de sustitución de importaciones por industrialización, es realmente una oportunidad de oro para ampliar la capacidad industrial del país, pues esta crisis nos va a forzar a producir productos finales y no solo a exportar materias primas; un ejemplo admirable de ello son los respiradores que algunas instituciones educativas han empezado a fabricar. 

 

 

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Pedro Emilio Villamizar Flórez
Abogado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, especialista en derecho procesal civil de la Universidad Externado de Colombia. Soy una persona crítica que busca la transformación social colectiva e individual (una revolución pero de la consciencia individual), porque cuando la gente piensa por sí misma no puede ser explotada.