Consumismo feroz

Opina - Sociedad

2016-07-29

Consumismo feroz

Sociedad consumista, enceguecida y “macabra”.

Me tiene absorto cómo el mercadeo, cada vez más voraz, invade al consumidor a través de todos los flancos. Cómo la banalidad se apodera del parroquiano, del televidente, del lector, etc. Productos triviales que los genios de la publicidad venden (por no decir “embuten”) como si fueran de “primera necesidad”. Como indispensables para la subsistencia en esta, la frívola sociedad de la apariencia y el dispendio. De artículos (de consumo), noticias, series, eventos, alimentos, bebidas, etc., extraordinariamente improductivos, está saturado el diario vivir. Nos invaden, acechan, turban y seducen a la fuerza.

Me indispone por ejemplo, de cuánta basura publicitaria está llena la televisión colombiana. Y, no solamente, por su cantidad y calidad de los comerciales (reconozco que hay unos sensacionales), sino por la ficción con la que se envuelve al consumidor, vendiéndole productos disfrazados de un “elixir fabuloso” que en realidad no poseen.

La publicidad está plagada de utopías, exageraciones, grandilocuencias y apariencias. Casos como el de “caldo Doña Gallina”; de gallina pura y, sin gallina”; siempre han abundado.

Maravillas que garantizan dientes blancos en tan solo ocho días, desaparición del acné en un par de semanas, pelo lacio, sedoso y brillante en un abrir y cerrar de ojos, alimentos que desaparecen “de una”, los radicales libres; ungüentos que extinguen los hongos en minutos, azúcares que no engordan, prodigiosas leches que no inflaman el estómago, gaseosas inofensivas que llenan de color y vida, de éxtasis y amigos, “te ponen en el zapato del otro, plasmando tu invención en un lienzo, muro o papel”; cremas o coloides que borran cicatrices, artificiosos detergentes que dejan las prendas exageradamente resplandecientes y oliendo sabroso por quince días, paquetes de papas fritas cuyo contenido ante todo, es aire; pañales que hacen feliz al bebé y de paso, invitan (halan, arrastran) al televidente a procrear y, “ene mil” ejemplos más del eufemismo macabro del mercadeo y la publicidad; aquél que incrusta su poderoso aguijón en una sociedad alienada, absorta, vulnerable, incauta, presa de las apariencias y derrochadora.

Esa misma sociedad que a veces, ve el resultado de sus excesos reflejado en las carencias de los desahuciados y menesterosos. (.)

Sí, nos saturan, nos irritan, nos ofenden. Y, no solo desde el insaciable marketing, sino reitero, también, desde los medios, con noticias burdas y extremadamente fútiles, sin contenido esencial. Cero productivas y enriquecedoras. El matrimonio de aquella diva, la frase sin ningún sentido ni trascendencia de aquél “astro”, la fracturada relación sentimental de las celebridades esas, el tropiezo en una escalera del famoso ese, el alumbramiento de la famosa esta y, demás nimiedades inservibles.

Y ni hablar de series y novelas demencialmente vacías que nada le aportan al ciudadano promedio. Una cáscara de retazos, sandeces y argumentos tan trasnochados como violentos, que muchas veces, rayan en el desdoro y la repulsión. Afrentando sin empacho alguno al “miserable” televidente.

Imagen cortesía de: bettoespectador.blogspot.com

Imagen cortesía de: bettoespectador.blogspot.com

“Hay material para todos los gustos” dirán unos; bien, “respetable”… pero, personalmente, soy un convencido de que, el televidente, el lector, el usuario, el consumidor, etc., deberían exigir y exigirse más. Empoderarse y apoderarse más de los recursos que proveen las fuentes informativas, de entretenimiento, de consumo, y en fin. Ser más selecto. Exigir calidad en la información, en el esparcimiento. Reclamar autenticidad pero, ante todo, realidad, en cada objeto sobre el que recaiga el gasto.

Exigir y tener la certeza de que el caldo de gallina, sea de gallina; que la noticia sea veraz, las reinas sean instruidas y no solo bellas, las producciones en la T.V. sean impecables e ilustrativas, la blancura de los dientes, el color de la ropa y el contenido de los paquetes de papas, sean constatables y no una pantomima. (..)

 

Publicada el: 29 Jul de 2016

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Fernando Carrillo V.
Abogado del la U. Libre de Colombia, nacido en Bogotá, amante de las letras, siervo del diccionario y discípulo de la palabra bien hilvanada, coherente e impactante. Lector asiduo y explorador nato. En mi Haber literario reposan sendas publicaciones en periódicos de consagrado renombre y participaciones exitosas en concursos de micro relatos a nivel internacional. En la actualidad soy asesor jurídico independiente y consultor en materia gramatical y de redacción, en la composición de tesis, y elaboración de documentos investigativos y textos en general.