Confinados para pensar

Que sea este el momento para que cada ser humano se comunique consigo mismo, en virtud de encontrar sosiego y sapiencia para reasumir la vida después de la forzada cuarentena.

- Política

2020-03-20

Confinados para pensar

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Las órdenes de confinamiento son un reto enorme para aquellos ciudadanos que encontraron en los espacios colonizados por el mercado, las vías predilectas para escapar de la soledad que acompaña a cada ser humano, así esté rodeado de familiares y amigos. Salir a la calle, ir al cine, recorrer parques, y comer en restaurantes son actividades que millones de urbanitas realizan para escapar de lo que para muchos son las azarosas rutinas generadas al interior del mayor anhelo: tener casa propia o un hogar. Curioso que ese deseo mayúsculo de tener un techo en donde refugiarse, sea para muchos la tortura más grande al no ser el espacio en donde guarecerse para pensar, meditar, leer y escribir; o para dormir y aislarse, si es necesario.

Quizás haya llegado el momento de que cada ser humano se tome el tiempo para pensar sobre el sentido de la existencia, dejando de lado todas aquellas distracciones modernas, inventadas por el mercado, a las que solemos recurrir para no tener que pensar y cuestionarnos como especie, como individuos, como seres humanos. Esos mismos lugares de esparcimiento que hoy, por cuenta del miedo a morir contagiados por el COVID-19, han dejado de funcionar en virtud del terror generalizado de encontrarnos con esos otros que son potenciales portadores del virus.

Estar con uno mismo es un reto enorme, mayúsculo, si se tiene en cuenta que hemos construido y asumido vivir en unas realidades paralelas en las que nos refugiamos y en las que, sin que se diga en voz alta, nos instalamos con el objetivo de distraernos de la pesada carga en la que se convierte vivir cuando a pesar de loables propósitos de alcanzar niveles máximos de libertad y felicidad, la conciencia de la vida finita nos aterriza; aterrizaje forzoso que de cuando en vez nos obliga a ponerle freno a las angustias, a los miedos y a las ansiedades de la vida moderna, sin que ello logre disminuir el peso que cada ser humano debe llevar desde el preciso momento en el que se instala en un orden cultural, cualquiera que sea, y le ofrece todo para que halle la felicidad y la libertad, pero que también le provee los elementos para que lleve una vida angustiante y difícil.

Hoy, por cuenta de una pandemia y de un virus cuyo origen aún desconocemos, nos vemos obligados a guarecernos en nuestros hogares. Unos en completa soledad, otros acompañados de esos “amigos peludos” (perros y gatos); también están aquellos que encuentran en los libros y en la lectura, a los mejores “amigos”; y otros tantos, que disfrutan de la compañía de sus hijos, padres, hermanos y abuelos; pero todos, sin excepción, atados a la incomunicación con nosotros mismos que nos trajo la vida moderna.

Que sea este el momento para que cada ser humano se comunique consigo mismo, en virtud de encontrar sosiego y sapiencia para reasumir la vida después de la forzada cuarentena. Al volver del encierro, no lo podemos olvidar, la vida moderna continuará y, con esta, las circunstancias y los elementos de esa vida paralela en la que le damos trámite a la siempre angustiante y determinante finitud. Dichosos aquellos a los que esa condición pareciera no importarles porque han asumido una vida propia de sibaritas, de ludópatas o han logrado divagar en medio de una inconsciente hilaridad.

Después del COVID-19 la vida continuará, aunque después de meditaciones y confrontaciones en el obligado confinamiento social, descubramos que es posible y necesario empezar a recorrer caminos distintos y posibles que, de todas maneras, se chocarán contra la inercia. Vencer esa inercia será la clave para repensar la vida humana en el planeta, nuestra casa común.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.