“Conciencia de especie”

Cualquier propuesta de control a la natalidad termina por cuestionar y hasta poner en crisis todo el armazón institucional y el modelo económico dominante.

Opina - Ambiente

2019-12-26

“Conciencia de especie”

Columnista: Germán Ayala Osorio

 

La presencia dominante e incontrastable de la especie humana en el planeta Tierra explica, como realidad política, los sustanciales y definitivos cambios que ese complejo sistema de relaciones y conexiones ecológicas al que llamamos naturaleza ha sufrido a lo largo de millones de años.

El no tener nicho ecológico, como lo dijera en su momento Ángel Maya, fue y lo es aún, el estartazo que echó a andar un universal proceso civilizatorio, soportado fuertemente en acciones de dominación de la naturaleza. Anclado a ese proceso civilizatorio, aparece la cultura o las culturas con las que se suelen justificar, explicar, validar o legitimar las acciones ecosistémicas transformadoras que como especie dominante hemos logrado.

Asumida la cultura como eje civilizador, todas las actividades humanas se asumieron pronto como “funciones”, como si se tratara de un nicho ecológico que, de manera maximalista, asegurara que ninguna otra especie pudiese competir con la humana en el control de la vida planetaria.

Funciones que, por supuesto, vienen ancoradas a los conceptos de progreso y desarrollo, asumidos moral y éticamente como principios que orientan la función principal de la especie humana: conquistar-dominar el planeta. Y aún sin terminar con esa tarea, ya se exploran posibilidades para conquistar otros, para quizás replicar en estos lo hecho acá en la Tierra.

En las discusiones sobre los efectos que como especie venimos dejando en la Tierra, aparecen diversas perspectivas discursivas y apuestas éticas que buscan morigerar en algo los efectos que venimos produciendo, al instalarnos en lo más alto de la cadena trófica.

Hablan de ecocentrismo, biocentrismo y de superar el antropocentrismo. Todas discusiones válidas que tienen un problema en común: olvidan o dejan de lado pensar en la enorme necesidad de parar, por lo menos por un tiempo, el crecimiento demográfico.

Hay que decirlo: el tema, paraliza. Y es así, por la poderosa fuerza de la cultura o de las culturas, en especial cuando estas están ancladas a religiones que por largo tiempo promovieron la reproducción humana para garantizar la presencia dominante de la especie, para insistir en los procesos de dominación, tanto de la naturaleza, como de la mujer y para aplaudir el ego masculino en su función penetradora y preñadora.

Por supuesto que cualquier propuesta de control a la natalidad termina por cuestionar y hasta poner en crisis todo el armazón institucional, el modelo económico dominante (capitalismo) y por supuesto, las culturas. Finalmente, terminaría por confrontar lo que como especie se logró consolidar a través del tiempo.

Pero, aun así, es importante volver sobre el asunto, quizás no para hallar soluciones al tenor del discurso de la sostenibilidad, sino para sugerir a las nuevas generaciones, a los jóvenes de hoy, que antes de seguir prolongando en el tiempo este largo proceso de dominación (con extinciones de especies de flora y fauna y la generación de condiciones indignas para millones de hombres, mujeres, niños, niñas y ancianas), se tomen el tiempo necesario para pensar en el sentido de la reproducción humana, a partir de dos perspectivas o caminos de acción: la primera o el primero, por los graves efectos (daños) que como especie dejamos en esa gran red de ecosistemas a la que llamamos naturaleza y los que producimos entre nuestros congéneres y que se expresan en diversas formas de dominación. 

Y la segunda o el segundo camino es menos obvio: apunta a consolidar lo que llamo aquí “conciencia de especie”, que no es otra cosa que asumir con profunda actitud y pensamiento críticos, esa condición de especie dominante con la que hemos soportado y aupado disímiles formas de dominación y transformaciones ecosistémicas y socio ecosistémicas.

Quizás esa “conciencia de especie” sirva para llevar a amplios sectores poblacionales las discusiones sobre la sostenibilidad, no de un modelo económico, sino de la universal idea de asumirnos por fuera de la naturaleza.  

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.