Con el gobierno Duque, el panorama se ensombrece cada día

El panorama económico, ambiental, social y político para Colombia se ensombrece cada día. Duque exhibe un débil liderazgo y su magra imagen de Estadista sirve a los propósitos de la prensa afín al régimen.

Opina - Política

2018-09-25

Con el gobierno Duque, el panorama se ensombrece cada día

No son buenas las sensaciones que deja el inicio del gobierno de Iván Duque. Los nombramientos de Ordóñez Maldonado como embajador de Colombia en la OEA, de Alberto Carrasquilla, como ministro de Hacienda, el de Francisco Santos como embajador en Washington y recientemente, el de Andrés Castro Forero en la Unidad de Restitución de Tierras, dejan entrever que el talante ético-político y la gobernabilidad del presidente Duque están y estarán ancladas a los intereses de su mentor, el eterno presidente Uribe y de los sectores económicos, políticos, sociales y militares que aún siguen y respaldan al latifundista, ganadero, caballista  y expresidente antioqueño.

Así las cosas, Colombia estaría de regreso a las aciagas noches de la Seguridad Democrática y a la práctica del Todo Vale, lo que de inmediato le valdría a la actual administración el apelativo de gobierno de mano dura.

Estaríamos entrando, entonces, en la segunda parte de lo que en su momento se llamó el embrujo autoritario y el unanimismo ideológico y mediático1, expresión clara de lo que representaron para el país las dos administraciones de Uribe Vélez (2002-2010). Con una diferencia: Duque exhibe un débil liderazgo y su magra imagen de Estadista sirve a los propósitos de la prensa, afecta al régimen, de continuar poniendo los reflectores sobre la imagen polémica y el carácter belicoso y montaraz de Uribe y el de sus áulicos, para distraer a la opinión pública.

De esta manera, la frase de cajón, soluciones y no agresiones, se va convirtiendo en un mantra que repiten quienes insisten en tapar lo que realmente pasa hoy, y pasará mañana con el gobierno de Iván Duque Márquez.

En ese marco, circunstancial, histórico, coyuntural e institucional, el gobierno de Duque hará todo para que el proceso de implementación del Acuerdo Final fracase o se debilite. Y para ello, ya se anuncian —y se denuncian— recortes importantes en los presupuestos de las agencias encargadas de dar cumplimiento y asegurar la viabilidad de lo acordado en La Habana y ratificado en el teatro Colón de la capital del país. Lo más probable es que la institucionalidad que en La Habana se pactó crear, no logre darse, lo que redundará en el fracaso del proceso de implementación y quizás, con el tiempo, del proceso de paz.

Su política exterior, sujeta en buena medida a la agenda de los Estados Unidos, servirá para golpear el programa de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito, con la reactivación de las fumigaciones aéreas con glifosato; además, al decir no al multilateralismo, Duque manda un negativo mensaje a los países europeos que acompañaron y respaldaron el proceso de paz.

Y en ese mismo contexto, Duque hará todo lo posible para coadyuvar a los Estados Unidos en su pretensión de desestabilizar al régimen de Maduro Moros. Y caerá en la trampa de comprar material bélico, como preparación para una eventual guerra con Venezuela. De esta manera, ante la urgencia de prepararse para ese posible escenario, las inversiones para la paz sufrirán recortes porque a un sector del Establecimiento le dio por jugar a la guerra.

 

El enemigo interno

 

La desaparición de las Farc como guerrilla es uno de los logros del proceso de paz que más dificultades genera al actual gobierno y a los sectores de poder militar y económico que en otrora se beneficiaron de la guerra interna.

Y es así porque la agenda mediática no tiene cómo entretener a las audiencias con hechos bélicos que sirvan para ocultar, por ejemplo, la política económica de este gobierno, con la que claramente busca golpear a la clase media y hundir a los pobres cada vez más. Por el contrario, con el silenciamiento de los fusiles farianos, los colombianos poco a poco entienden que el mayor problema del país es la corrupción, privada y pública, y no la presencia de las guerrillas, tal y como la prensa lo impuso como verdad durante más de 50 años.

Por ello, la prensa registra, con especial énfasis, la presencia de las disidencias de las Farc, al tiempo que oculta las acciones de los grupos paramilitares que no se desmovilizaron y que están detrás de los cientos de miles de asesinatos de líderes y lideresas sociales, reclamantes de tierras y defensores del medio ambiente.

Mantener vivo el nombre de las Farc hace parte de la estrategia cognitiva y mediática para mañana señalar que fueron las Farc y no el Estado quienes incumplieron la palabra empeñada en Cuba.

Mientras se habla de disidencias de las Farc y esperan que estas crezcan en número y acciones, dichas agrupaciones paramilitares seguirán actuando con el beneplácito de sectores del Establecimiento, amenazando y asesinando periodistas críticos del actual gobierno, así como a profesores, intelectuales y académicos.

Es decir, está de regreso el terror en los tiempos en los que el DAS fungió como la policía política del Gobierno de Uribe. En esta oportunidad, se hará todo lo posible para impedir que se establezcan responsabilidades en los organismos de seguridad del Estado y en el Estado mismo, de los crímenes que ya se han cometido y los que muy seguramente vendrán más adelante.

Por ahora, alias ‘Guacho’ y otras acciones atribuidas a las disidencias de las Farc servirán al propósito de anular el imaginario que dejó construido Juan Manuel Santos alrededor de la paz y que bien queda representado en las siguientes expresiones: Colombia ya vive en el posconflicto, la guerra se acabó, el enemigo interno no existe…”.

Esa parte del Establecimiento que no acompañó el proceso de paz con las Farc, necesita mantener viva la idea de la existencia de un enemigo interno. Al hacerlo eterno, se logra controlar y mantener la unidad de mando dentro del sector de las Fuerzas Armadas que no ve con buenos ojos la reducción del presupuesto, como consecuencia de la reinserción de las Farc y la sustancial disminución de la violencia guerrillera; ese mismo sector castrense, está hoy poco interesado en hacer la transición de la guerra a la paz y por el contrario, presiona por la reaparición del enemigo interno.

Esa misma lógica político-militar explica la decisión del presidente de quitarle funciones al equipo negociador que dialogaba con el ELN en La Habana. Romper los diálogos con esa guerrilla será una manera de agradecerle a ese sector castrense que “soportó con altivez la negociación con las Farc, asumida como una claudicación del honor militar”.

Al mantenerse la vigencia de un enemigo interno (ELN, y las disidencias de las Farc y quizás, otras organizaciones que en lo consecutivo puedan aparecer) se le facilitan las tareas a quienes desde el Establecimiento reconocen a los miembros de la Izquierda democrática como parte sustantiva de eso que llaman el enemigo interno.

Por ese camino, la violencia política continuará y, lo más probable es que de cara a las elecciones regionales de 2019, reaparezcan las amenazas y los asesinatos de candidatos de izquierda; igualmente, volverían las masacres, y los desplazamientos forzados de campesinos, afros e indígenas que se oponen, entre otras prácticas, a la consolidación del modelo de la gran plantación, tal y como se tiene presupuestado montar en la altillanura colombiana, a través de la apropiación indebida de baldíos por parte de poderosas familias y empresas nacionales y extranjeras.

Para lograrlo, deberá aumentar la deforestación en la Amazonia y en otras zonas selváticas y, claro está, insistir en el extractivismo que Uribe y Santos auparon durante los últimos 16 años.

Así entonces, el panorama económico, ambiental, social y político para Colombia se ensombrece cada día. No son buenas las sensaciones que dejan estos meses de la actual administración.  Al parecer, estamos condenados a vivir en medio de la zozobra, del miedo que generan tanto las fuerzas que componen el Doble Estado, como las disidencias de las Farc, las acciones del ELN y los sempiternos grupos paramilitares.

 

Fotografía cortesía de: La Silla Vacía


 

  1. De la democracia radical al unanimismo ideológico, Medios y seguridad democrática. UAO, 2016.

 

( 1 ) Comentario

  1. ReplyMaria Victoria Bustamante

    Sabía que con el gobierno de Uribe vuelve a Colombia ni mas ni menos la guerra. Es lo que él siempre buscó Doy gracias a Dios que no vivo en Colombia

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.