Colombia, una deuda con lo rural

Es momento de darle al campo el valor que se merece, que nuestras tierras en cada uno de sus climas, no estén llenas de terror y de guerrillas, paramilitares o narcotraficantes, sino que estén llenas de café, cacao, plátano, papas, flores, yuca y hortalizas.

Opina - Conflicto

2021-02-14

Colombia, una deuda con lo rural

Columnista:

Juan Macías Pabón 

¿Cuántos años llevan escuchando que algunas personas han tenido que abandonar sus tierras porque fueron amenazadas? ¿Cuándo han visto que al campo y campesinos colombianos se les ha dado el trato que se merecen?

Lejos de cualquier historia de amor con final feliz, el campo en Colombia ha tenido una historia trágica: llena de sangre y un profundo dolor. Acá, el desplazamiento al que han sido y siguen siendo sometidos los campesinos, no entra en las prioridades del Estado, quizá porque quienes los destierran hacen parte de este.

Desde la época de la colonia, les ha tocado lidiar con los abusos del poder por parte de «los dueños del privilegio». Empezando por el sometimiento de la corona española a nuestros pueblos indígenas –dueños originales de esta tierra–, pasando  luego por el maltrato y discriminación de los nuevos dueños del poder hacia todo un pueblo sumido en la necesidad; siguiendo con la lucha entre guerrillas, paramilitares y Estado, que dejaba al pueblo campesino en medio de una ráfaga de metralletas y bombas, con un saldo de mutilación y dolor como nunca se ha visto, y llegando en la actualidad al destierro o asesinato, por parte de grupos narcoterroristas, ladrones de cuello blanco y asesinos financiadores de campañas políticas, sobre aquellos que defiendan lo rural y ambiental.

Es tan grande la deuda que tenemos con el campo, que a pesar de la riqueza natural que posee nuestro suelo –tierras fértiles, agua dulce y salada, especies animales y vegetales, condiciones climáticas como ningún otro país– no sabemos utilizar los recursos. Colombia, debería ser, en potencia, uno de los países que mayor cantidad de alimentos produzca, pero no, acá el enfoque es la minería extractivista y la ganadería extensiva. ¡Qué tonto somos, teniendo el oro frente a nosotros, y no lo vemos!

El pueblo campesino en Colombia vive en medio de la falta de oportunidades, la lucha del territorio de los grupos armados ilegales, o del destierro ocasionado por parte de los latifundistas y testaferros en muchas zonas del país. Viven en la zozobra y el olvido estatal. Con las manos maltratadas y sucias, luchan día a día por subsistir en medio de tantas carencias.

En muchas zonas, el campesinado no tiene acceso a los servicios básicos. El agua que consumen no es apta, la luz que los alumbra en las noches son velas o mechones, no tienen dónde depositar sus necesidades, y su única esperanza está en esperar que el nuevo día sea mejor. Sueñan con comer algo más que aguepanela con pan y que los pocos productos que pueden cultivar, se logren vender, pero que los paguen a un buen precio. Sueñan con tener vías de acceso para que se les facilite el transporte de sus cultivos, con un mejor mañana para sus hijos, con una educación y un desarrollo superior al que ellos tuvieron de niños. Sueñan con vivir dignamente y recibir de la sociedad, la valía que se merecen.

La defensa del campo, de lo rural, y de sus integrantes, debería ser una política de Estado. La producción de alimentos, el apoyo y la formación de los campesinos, la dotación de maquinarias para «explotar» la tierra, debe tener un lugar de privilegio en la financiación presupuestal en el país, justo en la misma línea de la educación y la salud.

Nos mamamos el cuento de que la explotación de minerales es la que hace a las naciones poderosas, la que les da la riqueza. Y sí, los minerales como el petróleo y demás, generan gran cantidad de dinero a los países que lo extraen y los venden, pero el enfoque no debe estar solo en esa producción. En una lucha mundial, donde son pocos los países que producen su alimento, y se han enfocado en la extracción y producción de combustibles fósiles, la explotación de la agricultura, será, en potencia, la nueva forma de generar riqueza. Y no una riqueza para pocos, y tampoco solo una riqueza monetaria. Será una riqueza social, mancomunada a la dignificación de vida de las personas, a una estabilidad alimenticia y de oportunidades, generadora de empleo y garantías de vida.

Es momento de darle al campo el valor que se merece, que nuestras tierras en cada uno de sus climas, no estén llenas de terror y de guerrillas, paramilitares o narcotraficantes, sino que estén llenas de café, cacao, plátano, papas, flores, yuca, hortalizas, y cada uno de los productos que estas tierras logran parir. Que los ríos no sean de sangre, y que las comunidades o defensores del campo y el medio ambiente, no sean masacrados, sino que sean ríos de oportunidades, y de aguas cristalinas como las que brotan de las montañas y van creciendo hasta convertirse en grandes complejos de agua.

El campo debe ser dignificado, y debemos remar hacia el mismo lado para fortalecerlo. Es hora de darle a Colombia el enfoque que su tierra le propone: es hora de una Colombia rural.

 

 

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Juan Macías Pabón
Dando lidia desde 1990. Escribo cosas por pasión y con mucha indignación.