Carros bomba, un pasado explosivo parqueado en nuestra historia

Según reportes oficiales, entre 1988 y 2012 la guerrilla realizó al menos 854 ataques a poblaciones que dejaron 391 civiles muertos, además de la destrucción de instalaciones militares; muchas de ellas con vehículos cargados con explosivos

Infórmate - Narrativo

2021-06-17

Carros bomba, un pasado explosivo parqueado en nuestra historia

Columnista:

Wilmar Vera Zapata

 

El 13 de enero de 1988 Medellín amaneció como Beirut. Ese fue el titular a seis columnas de El Colombiano, al día siguiente, cuando narró cómo un campero había explotado a la entrada del edificio Mónaco, una mole blanca que desde ese día se volvería trágicamente famosa.

«A las 5 y 10 minutos de la mañana [sic] tres hombres abandonaron un campero en uno de los costados del edificio y salieron corriendo. Uno de los vigilantes se dio cuenta y le informó a su supervisor, quien le dijo que fuera con su compañero a ver de qué se trataba. Cuando los dos vigilantes se acercaban al carro y el supervisor al teléfono de la portería, sonó el estallido y volaron en pedazos los dos guardianes. Eran Miguel Ángel Espinosa, de 42 años, y Javier Tamayo, de 36», publicó en la nota principal de Semana, bajo el título ¿Quién fue?”.

Así se inauguraba la tragedia de los carros bomba que exportaron los narcotraficantes y que la subversión replicaría con eficaz mortalidad.

La presunta explosión de un carro en la Brigada 30, acantonada en Cúcuta, que ha dejado a más de 40 heridos, nos retrotrae a la época en que ese mecanismo era usado en contra de la población civil para presionar al gobierno central.

Periodo entre 2002 y 2010

Durante el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez esa arma no convencional fue usada en la zona rural para mostrar fuerza y crear zozobra entre las comunidades. Carros públicos o privados atravesados en las vías, con pintas en sus puertas, abundaban como los cafetales en los noticieros. Algunos con grafitis de las Farc y otros del ELN, amenazaban con que portaban una poderosa carga de muerte o era solo distractores para las unidades antiexplosivos.

Con la Presidencia de la «seguridad democrática», los explosivos no se hicieron extrañar y se robaron el protagonismo en plena posesión presidencial. Se pensaba, decían los militares aquel 7 de agosto de 2002, que la guerrilla atacaría con carros bomba o cilindros, pero nunca con granadas de 120 milímetros.

«No se tenía conocimiento de que tuvieran tecnología para lanzar esto a tres kilómetros. Era la primera vez que la utilizaban», afirmó a Semana el comandante de Policía Bogotá, general Héctor Castro, en la nota Posesión bajo fuego.

El 7 de febrero de 2003, mientras el país estaba en vilo por la desaparición de la avioneta en la que viajaba el ministro de Protección Social, Juan Luis Londoño de la Cuesta, a las 8:15 p. m. explotaba un Renault Megan en el tercer piso del Club El Nogal, justo a un año del fin de los diálogos de paz entre Pastrana y las Farc. El saldo mortal, 36 víctimas y más de 200 heridos, hechos por los que los dirigentes de la extinta guerrilla han solicitado perdón por su crimen.

«Son tantas las veces que los periodistas colombianos han escrito que se llega a una nueva etapa del conflicto que esa frase se ha convertido en lugar común. Pero aún así, el asesinato colectivo de civiles, en un lugar de reunión de la clase dirigente colombiana, indudablemente no tiene antecedentes, si se trata de la guerrilla», publicó Semana en el artículo Viernes negro.

El 18 de julio del mismo año, tras una visita a Arauca, un carro bomba estalló a seis cuadras donde el presidente había realizado uno de sus tradicionales Consejos Comunitarios. El campero con placas venezolanas cargado con 50 kilos de Ammonium Nitrate – Fuel Oil (ANFO, por sus siglas en inglés), explotó a las 10:40 p. m., tres horas después de que la comitiva presidencial abandonara el poblado. Continuaba así un rosario de ataques con explosivos tan ingeniosos como macabros y terribles, que fueron desde techos bombas, hasta morteros o motos ubicadas cerca de la zona de paso de la comitiva presidencial.

Según reportes oficiales, entre 1988 y 2012 la guerrilla realizó al menos 854 ataques a poblaciones que dejaron 391 civiles muertos, además de la destrucción de instalaciones militares; muchas de ellas con vehículos cargados con explosivos, sumando 417 municipios, 208 atacados por primera vez, de acuerdo con el informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, publicado por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Si se comprueba que lo de Cúcuta fue un carro bomba o no, lo cierto es que en el eterno conflicto colombiano no parece finalizar o vislumbrar una salida pacífica pronto. Más bien, posible es creer que se puede acrecentar la amenaza de los carros bomba y despuntar más el miedo de que, como en la época del narco criminal Pablo Escobar o de las sanguinarias metodologías de las Farc, la muerte pueda estar parqueada en cualquier calle y esquina de Colombia.

 

( 2 ) Comentarios

  1. El articulo parecía interesante, pero al leer se queda MUY corto ya que los datos que aparecen, solo hablan de uno de los actores causantes de esa violencia, ya que entre 1988 y 2012 muchos de esos atentados con carros bombas, fueron realizado por Pablo Escobar y algunos también a la guerra entre carteles.
    Pero también hay un numero de esos carros bombas que después quedaron al descubiertos que fueron realizados por agentes del Estado, e incluso han sido catalogados como auto atentados.

    Muchas gracias

    Miguel Ariza

  2. ReplyWilmar Vera Zapata

    Señor Ariza, gracias por su comentario. Precisamente la idea era recordar el inicio y el desarrollo de esa terrible práctica. Por supuesto el espacio es muy pequeño para hacer un recorrido completo, por lo que se decidió los casos más relevantes y de recordación. Le deseo feliz día.

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Wilmar Vera Zapata
Periodista, magister en Historia y doctorando en Ciencias Humanas y Sociales. Es amante de la literatura y docente universitario.