Caricatura de una muerte anunciada

No son simples errores: son estrategias para deslegitimar esta y tantas otras luchas. En este país se vienen poniendo lápidas en los pechos de los líderes indígenas y sociales, una vez más.

Opina - Sociedad

2019-03-28

Caricatura de una muerte anunciada

LA HISTORIA ES UNA CARICATURA

En países burlescos, como Colombia, la historia se repite cíclica e inexorable. A veces, la única manera de sobrevivir es mediante la ironía y la sátira propias de la caricatura. En esta columna recordamos caricaturas antiguas que siguen vigentes y que, como nuestro país, a veces dan más amarguras que sonrisas.

 

Se esperaría que, tras los acuerdos de paz, que deben cerrar ese vergonzoso capítulo de cinco décadas de violencia, hayamos aprendido muchas lecciones. Sin embargo, todo parece indicar que, por el contrario, cada vez nos embrutecemos más. El odio y el miedo aún nos dominan. Quizá se necesite una o dos generaciones para perdonar y olvidar. Por ahora, muchas de las heridas aún supuran.

En 1990, el ministro de gobierno Carlos Lemos Simmonds afirmó varias veces que la Unión Patriótica era el brazo político de la guerrilla de las FARC. Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial de la UP, rechazó esos señalamientos y acusó al ministro de ponerles una lápida en el pecho.

Tristemente y, en una macabra casualidad, una caricatura le dio la razón. El 22 de marzo, Ari publicaría en La Patria de Manizales esta caricatura en la que Jaramillo Ossa portaba en el pecho la anunciada lápida. Ese mismo día, el candidato fue asesinado en Bogotá.

Por estos días se cumplen 29 años de ese magnicidio, que aún hoy sigue impune. Tras el de Jaramillo Ossa vino una larga lista que, lamentablemente, aún no termina. Los muertos no solo han sido candidatos presidenciales, sino humildes líderes sociales que tenían algo en común: luchaban por algo de justicia en un país donde el asesinato es ley y los criminales permanecen en el poder.

Tres décadas después, seguimos igual. Los participantes de la Minga Indígena han sido acusados de guerrilleros y secuestradores, incluso, en reconocido acto de estulticia, líderes del uribismo han confundido bastones de mando con fusiles o han puesto fotos viejas para decir que los indígenas andan armados.

No son simples errores: son estrategias para deslegitimar esta y tantas otras luchas. Pero más allá de la guerra sucia, en este país que repite sus tragedias, es poner lápidas en los pechos de los líderes indígenas y sociales, una vez más.

Sabemos que hay algunos colombianos, fratricidas y apátridas, que gritan que plomo es lo que hay, plomo es lo que viene. Sabemos que hay algunos líderes de la ultraderecha que señalan, como en la foto de la Operación Orión, a quién deberían matar. Pero los colombianos que no queremos ver más muertes somos más.

El mejor homenaje que le podemos dar a Bernardo Jaramillo Ossa y a todos los mártires de este país es detener el derramamiento de sangre.

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Óscar Perdomo Gamboa
Profesor universitario y doctor en humanidades. Escritor de novelas como “Allá en la Guajira arriba”, “Hacia la Aurora” y “De cómo perdió sus vidas el gato”; así como los libros sobre caricatura “Afrografías, representaciones gráficas y caricaturescas de los afrocolombianos” y “Mil caricaturas afro en la historia de Colombia”.