Algunas divagaciones sobre la democracia colombiana

Hay que saber identificar a quien usa los artificios de la imagen sobre la profundidad de sus argumentos en los temas prioritarios de lo que gobernará o liderará.

Opina - Sociedad

2019-09-04

Algunas divagaciones sobre la democracia colombiana

Autor: Manuel Felipe Álvarez Galeano

 

Todos los males de la democracia  pueden curarse con más democracia.
Alfred Emanuel Smith

 

En el marco de las elecciones regionales en Colombia se ha visto cómo las tendencias están orientadas hacia la baraja del argumento ligero y la farándula del descrédito. Las castas ejercen —o lo pretenden, por supuesto— el dominio electoral; estos grupos constituyen la kaaba para quien quiere tener alguna participación activa en la política y, para concretar sus pretensiones, acuden a la sobadera de chaqueta, así como, muchas veces, por lo mismo, sacrifican sus ideas y principios a cambio de un bocadito de poder.

Lo anterior muestra que el concepto de la democracia se ve entorpecido por una micropartidocracia —el de oligarquía es, a esta luz, discutible— que recae en los colectivos que, tristemente, corren el riesgo de relegar lo mejor que deberían tener: el diálogo, y terminan sirviendo para el pueblo el rancio alimento del oportunismo.

Y no es que agruparse sea malo, la crítica es para que se permita el ejercicio de la discusión, mesas de opinión, tertulias, foros en que se admita el contraargumento, recibir dudas de la población a la que se piensa representar y no caer en la trampa del radicalismo; a lo mejor, otras corrientes tendrían también mucho por aportar a lo que se pretende.

Por ejemplo, desde muy sardino, he tenido clara mi orilla política; o, mejor, a la que no seguiría. Sin embargo, esto no me impide apoyar a alguien cuyo bagaje ha demostrado un reconocimiento claro de las necesidades de su pueblo, ha evidenciado familiaridad con los problemas emergentes y que sea, ante todo, un ser humano con facultades éticas.

Lo ideológico es secundario cuando hay un bien común que nos une. Yo creo que la práctica sana de la política también se puede comprender, en lo que a ideas concierne, como ríos de distinta corriente que no tienen que nacer en el mismo páramo para unirse en la desembocadura. En esto coinciden las acciones de paz serias en tiempos de elecciones, en que los líderes son principales responsables y actores; pero, infortunadamente, por el afán electorero, se olvidan de la importancia de este principio.

La idea tampoco es votar solamente por la persona que a uno le cae bien y que en ese factor se reduzca el criterio para dar algo tan políticamente sagrado como es —o debería serlo—  el voto. Muchos tenemos a ese amigo de juventud con el que uno se pegó las borracheras y que, cada tres o cuatro años, se peina bonito y engominado, se pone, por fin, su camisa mangalarga con la corbata y aparece en la foto lanzándose al concejo, con el partido que, quizá, es liderado por el padrino o exjefe de su papá o mamá —por solo poner un caso—.

Lo triste es que la simpatía, muchas veces, resulta suficiente para ejercer un cargo de tan alta dignidad democrática como es este. Hay que saber identificar a quien usa los artificios de la imagen sobre la profundidad de sus argumentos en los temas prioritarios de lo que gobernará o liderará.

Se suele juzgar al candidato por su cantidad de títulos y posgrados; ante esto, me permito decir que son muchos los políticos que han estudiado en universidades con nombres imposibles de pronunciar, y nos han defraudado. Así como también hay gobernantes que, definitivamente, la escasa o nula formación académica les cobra factura.

Ni lo uno, ni lo otro son garantía de éxito en la gestión de gobierno, así como es necesario que alguien sepa las necesidades de su comunidad o tener la formación académica para saber abordarlas… qué mejor si tiene de las dos.

Octavio Paz menciona que «una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos». y esto permite entender la democracia como una forma perenne de libertad, como el sublime acto de poder elegir o no elegir, sin ser juzgado por ello; no obstante, es necesario sufragar con responsabilidad y en consonancia con las demandas de la realidad, por encima del ego.

En virtud de lo anterior, en todo caso, yo sí prefiero una opción que permita la construcción crítica, la inclusión de todos los sectores que componen el Estado, en cada una de sus dimensiones y divisiones, y que, ante todo, se preocupe por los principios del buen vivir, con humildad y actitud de servicio. Yo sí votaría por Sancho Panza para gobernador de la isla Barataria.

 

 

Foto cortesía de: The New York Times

 

 

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Manuel Felipe Álvarez-Galeano
Filólogo hispanista, por la Universidad de Antioquia; máster en Literatura Española e Hispanoamerica, por la Universitat de Barcelona. Aprendiz de escritor, traductor, corrector y conferencista. Estudiante del doctorado en Estudios Sociales de América Latina, en la Universidad de Córdoba, Argentina. Docente de lengua y literatura, de lenguas clásicas y romances, y de estudios sociales. Ha publicado los libros El carnaval del olvido, en Málaga, España (2013); Recuerdos de María Celeste, en Medellín (2002), y la novela El lector de círculos, en Chiclayo, Perú (2015).