Aletargados, patriotas y desnudos

La joven responde al nombre de Aída Victoria Merlano. La agraciada se convirtió en una figura pública, en una diva, en una influencer, por arte de un birlibirloque mediático. Ya hay dos razones más para marchar, léalas a continuación.

Opina - Sociedad

2019-11-16

Aletargados, patriotas y desnudos

Autor: Germán Ayala Osorio

 

En la Colombia compleja, en el país del doble racero para medir todo, los medios masivos de comunicación, afectos al régimen de poder, terminan por imponer sus lógicas e intereses con la clara intención de desviar la atención o correr cortinas de humo para que una parte importante de sus audiencias extiendan en el tiempo el ya evidente aletargamiento en el que viven. Sólida somnolencia que impide la acción colectiva y, por esa vía, facilita las acciones del Gobierno de Duque, que busca criminalizar y deslegitimar la protesta social.

Para hacerlos permanecer en esa espantosa modorra colectiva, qué mejor que volver de interés general el cuerpo desnudo de una mujer. Para el caso al que haré referencia, no se trata de cualquier mujer: es la hija de la condenada y prófuga de la justicia, la excongresista Aída Merlano.

La joven responde al nombre de Aída Victoria Merlano. La agraciada se convirtió en una figura pública, en una diva, en una influencer, por arte de un birlibirloque mediático. Entonces, la hija de la delincuente brilló con la luz de los focos mediáticos y, de esa forma, el país de la doble moral, puso sus ojos en la muchacha, para que esta diera a conocer asuntos de su vida sexual, sus gustos y el tamaño preferido de los penes.

El asunto problemático no está en saber con cuántos hombres hizo el amor, sino en hacer público un asunto que debería de permanecer en el ámbito de lo privado. Como mujer adulta puede hacer con su vida y cuerpo lo que le venga en gana. El problema de fondo es que se vuelva un asunto público, gracias a unos periodistas que le hacen el juego a la sociedad del espectáculo y del entretenimiento.

Qué le hizo pensar a la naciente figura mediática que al grueso de la sociedad le interesa saber con “quién”, en “qué” circunstancias “tira”, se “revuelca” o “hace el amor”. Tan equivocada la joven, como la prensa que posó sus focos en sus “atributos” físicos.

Entonces, maravillados por las confesiones y las proporciones del confeccionado cuerpo, esas audiencias olvidaron los delitos cometidos por la progenitora de Victoria Merlano y el complejo contexto cultural y político en el que se movía la entonces congresista.

Un aporte más de los medios masivos y de los faranduleros periodistas a la frágil memoria de cientos de miles de colombianos. Sin duda alguna, un episodio más de esa perversa “sociedad del entretenimiento y del espectáculo” que poco entiende de asuntos públicos y poco le interesa desnudar las redes de corrupción de la clase política y empresarial que administra este platanal con bandera, que es Colombia para ellos.

Al poner los medios sus focos en la desnudez de Victoria Merlano, hicieron su aporte a la cosificación de lo femenino, de la mujer y, por supuesto, a la exaltación de un morbo colectivo desde el que se originan todas las acciones violentas contra las mujeres, en el contexto de una sociedad machista y misógina como la colombiana. Y aclaro, no es el desnudo en sí mismo lo que me disgusta, sino la exhibición pública con fines de explotación comercial y de adormecimiento social y político.

Cambiemos de tercio, pero sigamos con los mismos medios. Ahora y de cara a las movilizaciones sociales convocadas para el 21 de noviembre, emerge la figura de un personaje que se hace llamar El Patriota. Un burdo machito, con ínfulas de rufián de esquina, es ahora el personaje que atrae la atención de los mismos medios que ayer pusieron sus focos en el desguarnecido cuerpo de “Vicky” Merlano.

El personaje reapareció como líder del Colectivo Pacifista Anti Disturbios (CPAD), una suerte de grupo proto paramilitar, cuyos miembros están dispuestos a acompañar a la Policía de Medellín en las acciones de control y disuasión psicológica de aquellos “vándalos” que quieran afectar el ornato de la ciudad y los bienes públicos y privados de la capital de Antioquia.

Al parecer, el Colectivo cuenta con la anuencia de la Policía Metropolitana de Medellín, asunto de extrema gravedad, por cuanto la Fuerza Pública está reconociendo su incapacidad para vigilar que la ciudad no termine “vandalizada” por los capuchos que bien pueden estar asociados a las marchas mismas, pero también pueden actuar con el respaldo de agentes del Estado, con el propósito de deslegitimar la protesta social.

Si la Policía de Medellín termina aceptando la compañía del colectivo de alias El Patriota, podemos asistir al nacimiento de un grupo parainstitucional que puede terminar cumpliendo tareas de inteligencia, vigilancia y control de los marchantes, asunto que le corresponde de manera exclusiva a agentes estatales.

Los medios afectos al régimen de Duque le abren los micrófonos al machito cabrío que viste de camuflado, con el claro propósito de hacerle el juego a la estigmatización de la protesta, la inoculación de miedo y al aumento de la crispación social que ya ha generado el solo anuncio de la convocatoria multisectorial a la marcha del 21 de noviembre.

Creo que si logramos marchar el 21 de noviembre, en un atronador silencio, daremos una bofetada no solo a alias El Patriota, sino a los periodistas que de manera sistemática vienen haciendo la tarea de deslegitimar la protesta social.

Aquí, en particular, ya hay dos razones más para marchar: la primera, la cosificación de la mujer y de lo femenino. Y en esa medida, podemos protestar contra la prensa y la publicidad que insisten en exponer a las mujeres como “objetos de consumo”, como “mercancías” que se pueden comprar, tocar, probar, y en el peor de los casos, extraer, robar, secuestrar o alcanzar, como si se tratara de un trofeo. Y la segunda razón para salir a protestar tiene que ver con la presencia en medios de estos machos que son capaces de dar en la cara… Sin duda, una oda a la violencia física y cultural que nos mantiene atados a las circunstancias propias de una sociedad premoderna.

 

 

 

 

( 2 ) Comentarios

  1. Centrarse en el desnudo cuerpo de la hija para olvidar y aceptar la delitos de la madre de quién ésta hija es cómplice de su fuga y tal vez cómplice de sus delitos es la idiosincrasia del pueblo colombiano que prefiere «lamer la panela por encima del costal» .
    Sí, es indignante la banalidad colombiana..

  2. Comparto en un todo su articulo … con la difusion permanente de este tipo de lecturas, lograremos sacar de la ignorancia a muchos colombianos : ese es nuestro granito de arena

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.