Alejandro Gaviria, la ficha del régimen

La llegada del neoliberal Alejandro Gaviria es aplaudida a rabiar por la gran prensa colombiana, porque la orden de esos agentes del régimen de poder es posicionarlo como un intelectual y académico que viene a darle a la campaña un talante que, a juzgar de estos, deviene «polarizada y decadente». 

Opina - Política

2021-09-01

Alejandro Gaviria, la ficha del régimen

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

El ingreso de Alejandro Gaviria al escenario electoral tiene un particular significado político, al interior del establecimiento colombiano. Sin lugar a duda, dentro del régimen hay sectores de poder político, social y económico que ya no se aguantan más a Uribe como persona. De tiempo atrás la élite bogotana en particular ha expresado su molestia por el talante de este vulgar hacendado, llamado con acierto por Juan Manuel Santos como un «rufián de esquina». Que el hijo de Salgar funja como un gran elector le viene otorgando un poder incontrastable, situación a la que le quiere poner freno ese sector del establecimiento. Y para lograrlo, acaban de darle la bendición al carismático profesor y exministro de Salud del Gobierno de Santos, Alejandro Gaviria Uribe.

Así las cosas, las candidaturas de Sergio Fajardo y Óscar Iván Zuluaga se desinflan y pierden terreno. Convertidos en comodines de cara a la primera vuelta, estos dos precandidatos terminarán uniéndose a una gran coalición con la esperanza y el propósito mayor de evitar que Gustavo Francisco Petro Urrego llegue a la presidencia. De esa forma, toma más fuerza el TCP (Todos Contra Petro).

Los miembros de esa élite reconocen que la mala imagen de Fajardo y su flojo talante son circunstancias que jugarían a favor de Petro e incluso, del propio Zuluaga. Y como la idea que tienen es debilitar el liderazgo del exsenador y caballista, Álvaro Uribe Vélez, no pueden dejar que su designado y exministro de Hacienda se convierta en presidente de la República, con la ayuda de la Registraduría claro está, y por esa vía, que el mandamás antioqueño termine gobernando de nuevo al país.

El estallido social dejó muy preocupados a esos sectores de poder social, económico y político no solo por los niveles de violencia y la capacidad de organización desplegada por los disímiles actores que participaron de las movilizaciones y del paro nacional, sino por la creciente mala imagen que acumula eso que se conoce como el «uribismo» y el rechazo a la figura de Uribe. Quienes hoy apoyan a Gaviria, saben que ese desgaste del capataz antioqueño tiene asidero en los altos niveles de corrupción y en el riesgo que supone para ellos mismos dejar extender en el tiempo la capacidad de dominación que tiene el 1087985. Eso ya les asusta, pues este político traspasó todos los límites.

Por todo lo anterior, la llegada del neoliberal Alejandro Gaviria es aplaudida a rabiar por la gran prensa colombiana, porque la orden de esos agentes del régimen de poder es posicionarlo como un intelectual y académico que viene a darle a la campaña un talante que, a juzgar de estos, deviene «polarizada y decadente». 

La confianza depositada en Gaviria y el apoyo irrestricto constituye un acto político que debe terminar con el fin de la «era Uribe». Si bien le agradecen al expresidente Uribe el haberlos favorecido con su política económica, les preocupa la imagen que en el exterior se va consolidando del país, gracias al tóxico liderazgo de un político sub judice, señalado de ser coautor o cómplice de delitos graves, de acuerdo con las denuncias que contra este reposan en la Corte Suprema de Justicia, por las masacres del Aro y la Granja y por sus relaciones con estructuras paramilitares.

Con Gaviria, esa élite no solo quiere recuperar el control del país, sino tomar distancia del «rufián de esquina» y por ese camino, tratar de apaciguar los ánimos de los otros sectores de la sociedad civil que hace rato quieren alejarse del talante del propietario de El Ubérrimo. Ya una parte muy poderosa del régimen de poder eligió a Alejandro Gaviria, a quien le impondrán una agenda, cuyos puntos muy seguramente entrarán en conflicto con los 60 principios de su ideario. El propio exministro de Salud de Santos y exdirector de Planeación de Uribe Vélez sabe que esos principios hacen parte de una simple declaración que dejará de lado al momento de sentarse en el Solio de Bolívar.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.