A mí también me pasó

Viendo las increíbles intervenciones feministas, un poco mágicas, que hubo en mi ciudad hace poco (ahora vivo en otro país), se me ha venido a la mente el recuerdo de Aurelio (nombre ficticio), un familiar lejano -por así decirlo- que me acosó a mí y a una prima.

Opina - Sexualidad

2019-12-15

A mí también me pasó

Columnista: Lorena Arana

 

Siempre estuve agradecida con él por haber sido tan inofensivo, pensaba yo, que siempre lo consideré un pendejo y ya. Era bastante pequeño y yo imaginaba que, en cualquier caso, puesto que soy alta, lo hubiera podido noquear.

Pero no se trata de eso, y apenas ahora lo entiendo. No tengo nada qué agradecerle. Cuando él se me insinuaba de esa manera asquerosa y pedofílica, siendo yo una puberta y él un cincuentón —además casado y con hijos— yo no veía la gravedad y no se lo conté a nadie. Pensaba que, como él se veía tan endeble, no había razón para alarmarse. Esa fue la creencia que alimenté casi toda mi vida. Igualmente, nunca me he sentido propiamente afectada por su comportamiento (o bueno, de manera consciente).

Agradezco que no haya pasado nada más allá, claro. Gracias a Dios, a las oraciones de mi madre. Pero, no a él.

Por ahí también un vecino más o menos de la misma edad que Aurelio, siendo yo ahí sí muy pequeña, una vez, valiéndose de la mentira de que quería comprar mi bicicleta, aprovechó la ocasión para entrar mi casa y quiso agarrarme. No sé cómo explicarlo, acercarme a él.

Lo bueno fue que yo noté que era extraño y me alejé. Tampoco le conté a nadie en muchísimos años porque me sentí a salvo inmediatamente. Repito: gracias a Dios y a las oraciones de mi madre, pero, no a él.

Sin embargo, ahora me pregunto:

¿Y si no hubiera sido así? ¿Por qué ahora suena absurdo que una niña esté al alcance de hombres como ellos? ¿Por qué parece loco que, en mi época, uno pudiera andar tranquilo por la unidad? ¿Y que un portero fuera el único requisito que uno necesitara para sentirse seguro? ¿Por qué suena irreal incluso que, en mi infancia, yo pudiera andar libremente en una casa en la que había una reunión familiar? ¿Por qué ahora casi es una fantasía esa libertad de ser niño?

Es que me acuerdo yo tan confiada. Ahora me impresiona de todo lo que me libré, a pesar de estas experiencias. Me parece verme sonriente, saludando a los papás de mis amigos por su nombre, sin miedo. Saludando a estos tipos, a pesar de lo que ya había pasado.

Hace poco vi al vecino afuera de un cine. Ya un poco mayor, claro. Yo no sentí nada, la verdad, nada de rencor. Al final, puede ser la suerte de que no haya habido contacto físico en aquella ocasión, lo que sí le pasa a muchos otros. Y no quiero ni imaginar lo que puede sentir alguien que sí haya sido abusado sexualmente, en la edad que sea.

Al vecino este, por mayor, un hombre le dio paso en la fila o algo así y yo pensé: ¿qué haría este señor si yo le contara la extraña experiencia que tuve aquella tarde, con él, él a mis 7 u 8 años, en la biblioteca de mi casa? ¿Le cedería el paso en la fila? ¿Lo miraría compasivo por su edad?

¿Quién va a sospechar, al ver un hombre de unos 70, 68 años en la fila de un cine? Podría ser el abuelo de cualquiera. Los depredadores están en todas partes. Solo que ahora lo sabemos. Mis padres lo desconocían, ¡cómo iban a sospechar algo así! Y sobre todo antes, que el único referente era Garavito.

El familiar que mencioné ya falleció y la verdad, me siento en paz con él. Con los dos, los perdono. Incluso, a Aurelio lo traté hasta con cordialidad siempre después de eso, que en este caso fue en dos ocasiones. Una con mi prima, hablándole obscenidades a unas niñas de más o menos 12 o 13 años. Y después, como a mis 16, insinuándome que viéramos pornografía.

Es que yo ni dimensionaba lo que significaba su aberrante comportamiento. Para mí solo era un viejo verde. Me parecía un tonto. Ni miedo me daba. Pero, nunca vi lo terrible que era estar tan cerca de una persona así.

Ahora pienso: ¿Cuántos vecinos más habría de la calaña del que aquí comento? ¿O a qué otra niñas acosó Aurelio? ¿A cuántas más tuvieron acceso?

Y lo triste es que, en este momento, suene absurda mi inocencia, al igual que la confianza de mis padres y quizá de mi hermano. Pero es que, como la idea de las chicas en el performance, ¿la culpa es de quién? ¿Por qué tienen que pasar estas cosas?

Y no soy la única, conozco otros casos. Ahora se ha visibilizado mucho más la situación. Pero, siempre ha estado el peligro. Tengo 31 años, ¿cuántas cosas habrán podido hacer esos tipos?

No hace mucho me enteré de que el vecino acosaba a otra niña por teléfono. Me lo contó su madre…

Imagínense y eran más de 100 casas.

 

 

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Lorena Arana
Comunicadora Social - Periodista, poetisa de oficio y de alma. Sobreviviente de la ansiedad y voluntaria en una fundación en la que la han mordido los perros por los que trabaja. Ahí sigue. Vacunada contra el tétano, premiada en algunos concursos. Ha escrito en periódicos, revistas, antologías y portales web. Pero, lo que más la emociona es haber lanzado su primer libro de poesía a los 30 años.