¿A dónde nos llevará el fuego?

Así comienza la marcha: tumultuosa y turbia como un río crecido arrastrando la montaña. Y no hay Estado que soporte una avalancha que se prolongue por más de una noche. Menos este, tan frágil y dado a las soluciones fachas.

Opina - Política

2021-05-10

¿A dónde nos llevará el fuego?

Columnista:

Alejandro Urdaneta

 

La marcha es impredecible, incendiaria, adversa a los bancos y a la Policía. La marcha es como un río crecido arrastrando la montaña. Cuando una ha sido excluida del centro y por un momento lo ocupa, no cabe, se sale, lo rompe. Todas las cosas cotidianas cambian de tamaño, o tal vez se ajustan a sus verdaderas proporciones.

Los tombos que atacan en gavilla a los jóvenes impunemente en los barrios, hoy son un Umpa Lumpas vestidos de verde fosforescente, no hay tombería que pueda contener tanta rabia reunida. Por eso se escoden el número de placa y atacan como pandillas de paramilitares. Cuando la marcha los supera por completo, juegan sucio. También ese es su tamaño verdadero.

Las cadenas que custodian los bancos aparecen insuficientes, las vitrinas que separan a la gente que no tiene con qué comprar de las cosas que desea o necesita, quedan indefensas y se abren. No se trata de ataques personales contra los tenderos o pequeños comerciantes. Es algo más profundo, la rabia de no tener nunca se convierte en la osadía de tomarlo todo sin pedir permiso.

Entonces, unos salen por ahí a pedir cordura. Qué va. Lo que pasa es que no tienen hambre. Tal vez porque opinan llenos, no tienen afán. Podrían esperar toda la vida a que las cosas vayan cambiando tan lentamente que les llegue primero la parca. Pero una no quiere esperar. No puede porque tiene hambre. Porque cuando una no tiene futuro necesita que todo cambie inmediatamente.

Es cierto que quemar un bus no sirve para nada. Pero nadie quema un bus porque sirva para algo, sino porque tiene rabia y la rabia se desborda como la candela, cuando puede. Pedirle a una con hambre que se calme sin ofrecerle alimento, es otra vez jugar sucio. Porque la rabia queda.

Pues bien, así comienza la marcha: tumultuosa y turbia como un río crecido arrastrando la montaña. Y no hay Estado que soporte una avalancha que se prolongue por más de una noche. Menos este, tan frágil y dado a las soluciones fachas. Terror y violencia desproporcionada, Esmad y Vicky a lo que marque, balas y mentiras al aire y al cuerpo.

Esa ha sido la fórmula para apagar incendios por más de 200 años. Pero ya no les va a servir porque venimos aprendidas. Magas. Le arrebatamos la noche y la calle a los tombos y a los ganchos para convertirla en aula y palabra. Tejer con la rabia. Detener la marcha en la mitad de una avenida para hacer un carnaval y una escuela.

Esto quiere decir, pasar de quemar cajeros a desafiar el poder de los banqueros; y de incendiar buses a disputar la distribución del espacio y las distancias en las ciudades. Convertir la energía incendiaria de la marcha, en luz y calor organizado. Solo de este modo y no pidiéndole a una que apague la rabia, es como podremos enfrentar la envestida facha que se viene hasta el 22. Entonces seremos gobierno.

Se les acabó el tiempo.

 

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Alejandro Urdaneta
Politólogo Universidad Nacional. Actualmente docente de aula en Cajicá. Miembro del Sindicato de Maestros.