Los adoctrinadores son otros

La universidades y los colegio deben estar en la sociedad para hacer cuestionar a los niños y jóvenes, de nada sirve repetir como loros el mismo discurso –amañado al antojo de unos cuantos.

Opina - Política

2019-03-12

Los adoctrinadores son otros

Abuso de algunos profesores justifica poner competencia a la educación pública, que estudiantes puedan ir a la privada y el Estado pague el cien por ciento por estudiante de familia de bajos ingresos. Educación sin adoctrinamiento, pagada por el Estado a los de menos ingresos, con competencia”. Declaraciones de Álvaro Uribe, acompañando la imagen de unos estudiantes que sostienen un cartel apoyando la Jurisdicción Especial para la Paz. 

La fotografía fue tomada, según la Revista Semana, en la Escuela Normal Superior Montes de María, localizada en San Juan Nepomuceno, Bolívar. Tiene una historia bien particular.

En los años noventa, la zona fue motivo de disputa entre los paramilitares, la guerrilla y el narcotráfico. En ella se cometieron varias masacres, doscientos mil desplazados y un número de asesinatos políticos que se acerca a los cuatro mil.

El 27 de julio de 1997 desaparecieron a Atilio Vásquez y el 7 de abril de 2001 a Pura Álvarez de Bustillo, dos rectores de esa institución.

Quizás esos maestros recibieron órdenes de presuntos jefes paramilitares, así como la recibió Deyanira Ballestas, en el Sur de Bolívar, en julio de 2018:

—Vea, señora, hágame un favor: coja sus cositas y se me va de la región —voz ronca.

—¿Yo qué mal he hecho? —¡adoctrinar, Deyanira, adoctrinar en un país radical que menciona, cada cierto tiempo, a dios en sus discursos políticos!– ¿El hecho de trabajar es malo? ¿El hecho de haber elevado un centro educativo es malo? Yo no le veo cuál es el problema.

—Qué pena con usted —comentó el tipo con voz ofuscada y agresiva, empuñando un arma en la mano— señora Deyanira Ballestas, se tiene que ir de esta región o la asesino; usted sabe que nosotros acá asesinamos al que se nos dé la gana. (Esa última frase significa que asesinan al que piensa distinto) ¿Me entendió?

Ahora hay contexto, porque opinar sin contexto es tiempo perdido. Voy a aceptarlo: mis maestros —los más de sesenta que han pasado por mi vida— me han “adoctrinado” de la peor manera: me enseñaron que los libros de Gabriel García Márquez, escritos por un castrochavista costeño endemoniado en un escritorio (eso sí: ganador del honorable Nobel de Literatura), no se queman, como lo hacía en Bucaramanga, cuando tenía veinte añitos, Alejandro Ordóñez Maldonado; sino que se cuidan como un valioso tesoro.

Mis maestros, ganando miserables salarios, soportan el genio de treinta, cuarenta y hasta cincuenta muchachitos; ahora tienen que soportar también el calificativo de adoctrinadores.

En palabras de ciertos dinosaurios prehistóricos: expresan discursos que alimentan cunas de guerrilleros; en palabras de la RAE: “Enseñar o educar a alguien en una doctrina, inculcándole determinadas ideas o creencias. Ejemplo: se dejó adoctrinar por los fanáticos del partido”. Falta incluirle el Centro Democrático.

Borrar la historia es tan fácil —nombrar como director del Centro de Memoria Histórica a Rubén Darío Acevedo y no a Diana Uribe— decirle a los estudiantes y profesores que se ubiquen del lado correcto de la historia, que se desmovilicen, que hay una educación privada mejor: porque es lo que se diga y ya.

La universidades y los colegios deben estar en la sociedad para hacer cuestionar a los niños y jóvenes, de nada sirve repetir como loros el discurso —amañado y a su antojo— mientras la historia de este país se sigue desangrando, olvidando y, posiblemente, repitiendo eternamente.

P.S: la JEP, para el Centro Democrático, es sinónimo de impunidad, es entregarle el país a la guerrilla. Ahora bien, sonríen felices cuando los militares de la Guardia Nacional Bolivariana pasan del lado fronterizo con Colombia, indultándolos de todos sus atropellos contra la población —porque dentro de la represión de una dictadura hay asesinos—, eso, para ellos, es lo correcto.

¿Cuál es el lado correcto de la historia?: dejarles conocer a los niños los falsos positivos de Soacha, pero también las niñas que violaban en la guerrilla.

Que ellos conozcan la historia completa, no a medias ni a pedazos: derecha e izquierda, en exceso, son malas: no representan, durante tanto tiempo, a toda la sociedad que está dentro del término democracia. Y adoc-trinadores (desde Twitter, más que todo) son otros… No los maestros.

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Norvey Echeverry Orozco
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad de Antioquia. Ama el periodismo tanto como a su vieja.